¿La caja abandonada?



... o la caja boba? Creo que en alguna parte leí este adjetivo para describir a ese aparato ineludible en nuestra vida diaria. Groucho Marx, el humorista americano, afirmaba que la encontraba tan educativa, que cuando era encendida frente a él, salía de la habitación a leer un libro.

La imagen que encabeza este escrito puede sugerir dos cosas, abandono e iluminación. La caja en el piso evoca olvido, extravío, situación que contrasta con una ventana luminosa que desde atrás parece anunciar verdades, sentimientos reales.

No pretendo instituirme en crítica absoluta del aparato que motiva estas reflexiones, más no puedo dejar de preguntarme ...¿Qué sucede con esta caja? Como invento no puede ser menospreciado. La televisión es el intento hecho realidad de transmitir imágenes a distancia y para algunos su historia se remonta al telescopio de Galileo Galilei. Ahora si me transporto a recuerdos de infancia, para mi padre el mencionado aparato era un obstáculo importante en la adecuada asimilación de saberes. Era imposible concebir acercarme  a su pantalla animada si no había culminado mis deberes escolares y líbreme Dios si tenía la peregrina idea de solazarme con alguna novela romántica de la época, más que las palabras, la mirada de reproche de mi progenitor lo decía todo. A pesar de ello, reconozco haber eludido el control parental en ese sentido y no vacilaba en encontrarme en la pantalla, con historias de amores imposibles, donde el atractivo de la figura masculina era el objeto de conversación entre mis amigas del colegio. En mi universo infantil era mágico lo que  este aparato  reproducía diariamente ante mis ojos.

El fallecido visionario Marshall McLuhan, padre de la expresión "aldea global" a finales de los años sesenta, en el siglo pasado, maravillado ante el inicio de la promisoria industria de la televisión satelital, referencia y protagonista de la transmisión a receptores de todo el mundo de la llegada del hombre a la luna, llegó a afirmar: 

"Today each of us lives several hundred years in a decade" (Hoy en día, cada uno de nosotros vive unos cuantos cientos de años en una década). McLuhan falleció en 1980 ¿se imaginan su reacción si hubiera visto la explosión de la interconectividad del mundo globalizado a través de la world wide web? ¿Cuál habría sido su reflexión entonces?




El Convidado de Piedra .-
¿Es justo definir a esta caja de esa manera? 
Mientras está apagado, el televisor es mudo testigo en nuestras habitaciones o en el salón de la casa. Un simple rectángulo negro sin vida. A partir de un click, muy probablemente originado al haber accionado otro dispositivo producto de la tecnología como es el control remoto, súbitamente  el espacio es inundado de imágenes y sonido, entonces podría decirse que para nosotros comienza el escape momentáneo o en algunos casos ...¿la manipulación?

¿Por qué este impulso de mostrar lógicamente a través del lenguaje impresiones particulares sobre este artilugio tan apreciado dentro de nuestros entornos de vida? No sé, será porque a pesar del mal uso, tanto de quienes consumen el contenido como de quienes lo producen, pueden existir iluminaciones similares a la de la  fotografía de la ventana que escolta a la vieja caja abandonada en la imagen de inicio. 

Un destello de ese tipo lo aprecié en días pasados con la recién estrenada serie: "Frozen Planet" del canal por suscripción Discovery, a tal punto que me hechizó lo que ví.  Sólo pude recordar algo ya dicho en una oportunidad, ante el prodigio de la naturaleza salvaje, el hombre  queda sin parlamento y eso sucedió, mientras escuchaba al narrador del seriado en cuestión, explicar con palabras el espectáculo maravilloso que se sucedía ante mi vista.  Figuras como el hielo imponente, blanquísimo,  los pinguinos, las ballenas, el océano, los osos polares, los lobos,  hasta una simple oruga que podía invertir catorce años de su existencia para mutar en su aspecto final, demostraban maravilla y belleza.  Si me pidieran describir en  una sola palabra lo que observé en la pantalla del televisor durante una hora, utilizaría el adjetivo majestuoso. 

En el acto más elemental de la supervivencia animal como es la caza, el acecho instintivo y hasta cruel, demostrado por ejemplo  en el trabajo en equipo de las ballenas asesinas (orcas) o los lobos, me dejó internamente una sensación de asombro que hasta pude considerar poético. Como poesía me pareció, observar el proceso de cortejo de los albatros o de los pinguinos, cuando el macho en el caso de éstos últimos es el llamado a construir el nido que atraerá a la hembra con quien compartirá el instinto irrefrenable de un momento mágico que les permitirá perpetuarse. Hermoso, sencillamente hermoso.

Según pude leer "Frozen Planet" es un seriado de siete horas. En  Europa ya se  anuncia el último capítulo,  para nosotros en América Latina la aventura apenas inicia. Vale la pena ser testigo de una televisión de piedra, y no lo digo desde la argumentación inicial, sino desde la rudeza de la vida natural en estas geografías congeladas. 

 Seguir a Frozen Planet por TV, al menos para mí, significó una reconciliación significativa con el receptor animado, no todo es tan malo me dije para mis  adentros, y es posible que existan muchos más programas parecidos dentro de la oferta  que podemos tener en un momento dado, lo que pasa es que deben competir para hacerse notar, con la avalancha de superficialidad y mediocridad que exhiben la generalidad de  producciones que gozan de alta popularidad en el medio televisivo.

Frozen Planet demuestra que la producción de programas de televisión puede ir más allá de los frívolos reality shows que exhiben miserias humanas o de aquellos programas que se regodean en la vida de los demás sin mayor beneficio que exponer incluso al escarnio público a figuras de la escena del entretenimiento o de la política. Ver este programa fue una brisa fresca aun desde su crudeza, desde lo imponente y extraordinario que es la supervivencia bajo las condiciones de un clima tan extremo.

Últimamente me han encontrado escritos que hacen referencia a pensamientos de Jung y Hesse. Dos personajes que a lo largo de su existencia estuvieron en la búsqueda constante de algo que trascienda a la vida tal como la conocemos, es ese yo interno que puede constituirse en refugio y a la vez respuesta a incertidumbres y zozobras.  La majestuosidad del paisaje desplegado ante mis ojos  en el documental mencionado, me invitó a que continúe recorriendo esos caminos, ahora, ese ya es otro cuento.






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