¿Por qué escribir?

La memoria desborda, los recuerdos pueden volar insistentemente o las experiencias cotidianas pueden ser disparadores de pensamientos que solicitan traducción en códigos conocidos.
Las ideas son huidizas y persisto en mi oficio de pesca, este espacio es la red para atraparlas.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Ahí viene otro...




Imagen: Chema Madoz



Sí, se acerca otro periodo más, otro espacio de doce meses, con sus días, sus horas, sus minutos y segundos. Esta mañana antes de levantarme, en la cama, en una suerte de duermevela pensaba en ello, que el tiempo linealmente avanza y avanza, que cada vuelta de hoja al calendario es una oportunidad más, un horizonte que se espera llenar con experiencias que fortifiquen, que lo hagan crecer a uno, tal como esos alimentos que dicen ser muy nutritivos para los niños.

Al voleo…


Las satisfacciones, son entusiasmo.
Los reveses, clarifican.
El amor, maravilla. 
El convivir, dialoga (tiene que hacerlo).
El miedo, impulsa.
La constancia, construye.
El odio, te hace más pequeño (lucho por unos zancos en ocasiones).
El resentimiento, atormenta (escucharlo gritar alrededor es un delirio).
La envidia, anula (te hace invisible).
La rabia, carcome (gestiono su acedía).
La amistad, compañía (te devela).
El cambio, una necesidad (imperiosa).

Una de las cosas que lamento del avance impenitente del tiempo es reconocer la pérdida progresiva de algo o de alguien.  Cada día que pasa cierra un capítulo, un fragmento de algo vivido que puede llevarse consigo afectos, referentes y querencias.

La música es importante en mi vida, este año fue implacable con algunos de mis referentes en ese campo. David Bowie, Glenn Frey, Keith Emerson, Pablo Manavello, Prince y para colmo, finalizando, en la recta final de sus días, este 2016 se lleva a Carrie Fisher y a George Michael.

La nostalgia se apodera de mí en este momento y solo quiero dejar en este espacio aquellas canciones que primero vinieron a la mente cuando supe de sus despedidas. Carrie Fisher sale del lote, porque no fue cantante, sin embargo el tributo que le dispensaron diversos artistas del dibujo me conmovió. Ver la primera película de la saga Stars Wars cuando era adolescente, significó un antes y después en mi apreciación de las propuestas fantásticas en cinematografía, es un recuerdo que está allí...imborrable.

Que tengamos el mejor 2017 posible y NO MÁS PRESOS POLÍTICOS EN VENEZUELA.









(George Michael en sus primeras apariciones en el dúo Wham no me impresionó demasiado, muy ligero para mis afinidades rockeras. Verlo en solitario unos años más tarde, en un vídeo como Father Figure o en Freedomm, fue toda una revelación. Solo pensé... ¡cómo podía la naturaleza haber conjugado en él tanta belleza masculina! demasiado perfecto para ser verdad, me decía a mi misma, y así fue, todo un desaliento cuando confesó su condición homosexual. Su talento y muchas piezas musicales que nos deja como legado, exponen a un artista en todo el sentido de la palabra, a pesar de sus disonancias públicas con el orden establecido.)

Buen y ligero viaje para ustedes, agradecida por el legado...

También agradecida con todos los que puedan haber pasado por este espacio durante este periodo 2016. Les abrazo con mis mejores deseos para el periodo que se avecina.

NO MÁS PRESOS POLÍTICOS EN VENEZUELA
NO MÁS PRESOS POLÍTICOS EN VENEZUELA

jueves, 29 de diciembre de 2016

¿Ir en sentido contrario? ¿En serio…?



En alguna parte me tildaron de reaccionaria, no creo que llegue a esos extremos tan radicales, sin embargo debo reconocer que respondo enérgicamente ante la injusticia y la mediocridad, así también lo hago ante la complacencia exagerada de algunos ante situaciones infames, igualmente respondo de forma crítica ante  la arrogancia del poder político y económico que no necesariamente viene exclusivamente del gobierno. El status quo puede ser un quebradero de cabeza que debo gestionar hábilmente, especialmente porque vivo en un país tropical que alardea demasiado de muchas cosas que no son ciertas y que de paso ni siquiera ha sopesado con profundidad. Lo que estamos padeciendo y de manera patética se ve en cada rostro que nos topamos en la calle, esta época decembrina ha sido el mejor termómetro para colocar de manera visible el ánimo generalizado de la ciudadanía. Vilas Matas sostiene en uno de sus libros que los latinos (incluyendo a los españoles) llevan muy arraigado aquello de tomárselo todo muy a la ligera, que las situaciones por lo general se gestionan como vengan y no es necesario reparar en éstas con muchos  ejercicios reflexivos. Es cierto, lo vivo cada día y eso me ha llevado a asomar una tímida conclusión…nací en el país equivocado, porque no entiendo tanta superficialidad para afrontar los grandes desafíos nacionales, porque la huída, el esquivar, o simplemente mirar hacia otro lado, son acciones que observo con recurrencia, pareciera que es un ejercicio extraordinario  ponerse a pensar y cavilar.

Escribir es una de las actividades que asumo en ese proceso de pensamiento y cavilación, es un ejercicio de liberación, además me ayuda a administrar y comprender este entorno tan difícil que se vive en Venezuela, porque ese ambiente tan hostil llega a inmiscuirse incluso en tu ecosistema inmediato y esto genera terribles situaciones de incomprensión en tus seres queridos. Creo que he tomado un camino peligroso e irreversible porque no lo puedo abandonar ¿razones? no doy nada por sentado cuando la afirmación que viene del otro lado solo pretende acomodar mi juicio, a una convocatoria que no necesariamente asume la responsabilidad personal de quien la demanda. Es muy fácil hacerte partícipe de una idea que pretende allanar el camino para resolver o atender una situación de conflicto y dejarte luego a la buena de dios cuando es necesario puntualizar en temas que causan mucha alergia. 

En esto de las alergias conozco muchas personas asépticas, pueden hablar mucho como pueden hablar muy poco, en general están en la segunda categoría, la reserva y el comedimiento pueden ser armas muy buenas para generar confianza y respeto, solo que a la larga se les notan las costuras porque al solicitárseles la intervención o la participación activa, casi de inmediato emprenden una huida muy sutil y hasta acomodaticia, desentendiéndose del asunto sin ensuciar la ropa con mancha opinática alguna, porque el miedo a la infección que altere esa apreciación generalizada de mantener la distancia que siempre establecen sobre temas que obligan a tomar parte de alguna postura, eso les causa un efecto inmediato de dispersión.  Es patético realmente…

¿Por qué todo lo anterior? Es que el título de este post va en contracorriente y no sé si a lo mejor yo no sea el mejor ejemplo de ello, porque en ocasiones he cedido ante las presiones ya que la estabilidad emocional no puede desestimarse nunca, ahora ¿hasta qué punto?  No todo se reduce a caminar dentro de un colectivo en específico sin expresar nuestro fuero interno en aras de mantener la necesaria cordura. Es posible que la respuesta esté en el paisaje resiliente, manejar la adversidad sin perder la esencia, solo que no todos estamos hechos del mismo material. Voy en sentido contrario a la generalidad cuando me deslindo de una opinión que es natural y se da por sentada porque es el lugar común de las cosas. Un colega de trabajo en una conversación casual mencionaba que cuando se es joven tener un pensamiento de izquierda era algo natural, yo me quedé pensando sobre el particular porque visto lo visto, realmente no sé qué es tener un pensamiento de izquierda, porque los entendidos hablan de muchas izquierdas y es allí donde puedo entrar en confusión pasmosa. Eso de que pueda haber una izquierda primitiva, una izquierda modernizadora, una izquierda marxista, otra izquierda que reivindica a Lenin solamente, otra izquierda latinoamericana afianzada en la revolución de los barbudos en Cuba, es un tema que de manera global puede crear situaciones no muy claras para aquellos que se dicen de izquierdas. Particularmente no me gustan las etiquetas y si de joven lo natural por ser latinoamericana era comulgar con la revolución de los Castro debo decir que no operó de esa manera en mi pensamiento político de la época, muy escaso por cierto, sí puedo afirmar  que más allá de influencias o referencias sobre el tema, fui muy observadora ante situaciones que me circundaban y que me llevaban a muchas interrogantes. 

En mi tiempo de adolescencia y juventud la world wide web era un pensamiento ilusorio, de ciencia ficción, es así que mis ansias de estar conectada con el mundo las saciaba con un radio de antigua tecnología de mi padre y desde allí podía escuchar por ejemplo a la radio alemana Deustche Welle, en esta radio había un servicio para el público hispano parlante y allí se anunciaban personas que deseaban igualmente estar en contacto con el mundo a través de la filatelia o un simple intercambio epistolar. 

Es así que periódicamente recibía listados de esta radio alemana donde aparecían jóvenes de todo el orbe interesados en mantener contacto con otros jóvenes solo para conversar acerca de cultura en general, música, deportes y otro tema que pudiera surgir. Esta aventura me costó que regularmente le pidiera a mi padre dinero para comprar hojas especiales para escribir cartas, también se añadía a la lista sobres de envío que hacían juego a las hojas, hasta en la onda de bolígrafos de colores me sumergí, era descomunal el volumen de correspondencia que recibía, tanto fue así que convencí también a mi padre para rentar un apartado de correos en una oficina postal  que se encontraba muy cerca de mi casa. Era toda una ilusión asistir allí y recoger todos aquellos fajos de papeles de diferente tamaño que contenían tanta vida, tanta experiencia cotidiana, tanto deseo por descubrir. Recuerdo a una señora de carácter muy adusto al atender a las personas que acudían a esta oficina postal, sin embargo, cuando me veía llegar se le iluminaba el rostro para anunciarme que tenía un montón de correspondencia por retirar. Era mágico ese momento, era mi facebook de la época.

Dentro de todos esos jóvenes que escribían, había un médico cubano, recibir sus cartas era toda una experiencia, era de la provincia de Ciego de Ávila y trabajaba como médico en Santiago. Me advertía entre líneas lo peligroso que era escribir más de la cuenta sobre temas espinosos relacionados a la política y que toda la correspondencia de manera selectiva era revisada.  Sus escritos y la denuncia implícita entre líneas de todas las limitaciones a las que se veía sometido como ciudadano en Cuba, traían como consecuencia inevitable contrastar su realidad con la mía. En una oportunidad me atreví a enviarle un cassette de música venezolana, nunca le llegó, el bulto fue tomado como sospechoso pude inferir, el amigo me respondió en términos de un extravío circunstancial, que no desaprovechara mi esfuerzo en enviar cosas que lamentablemente nunca llegarían a destino. Me enojé con todo ese sistema absurdo de limitaciones y sospechas infinitas.

Este amigo médico ansiaba salir de Cuba, se sentía ahogado, asfixiado por el sistema, por la imposición permanente, por la injusticia que palpaba cada día. En una de sus cartas me comentaba que debía irse a El Salvador, la revolución apoyaba lo que políticamente sucedía allí y él debía ser fiel a los principios revolucionarios acudiendo como parte del personal médico que estaría allí asentado, negarse era una condena inmediata. Fue duro para él tal periodo, a partir de allí nuestros intercambios por carta se espaciaron, el tiempo iba en su recorrido impenitente trayendo consigo nuevas experiencias en mi caso, la universidad, los nuevos amigos, la exigencia de los estudios, mudarme a otra ciudad, en fin, perdí un poco la regularidad de nuestras comunicaciones escritas. 

La memoria me falla en algunos detalles, solo supe que pudo salir de Cuba, desconozco cómo fue toda la logística, además se casó con una ciudadana argentina y hasta el último contacto por teléfono que tuve con él, allí vivía. Guardo como recuerdo una fotografía con su esposa y el escritor Ernesto Sábato. Me confesó que había tenido como alternativa venir a Venezuela, solo que el tufo revolucionario que despedía Hugo Chávez en su campaña a la presidencia, le advirtió que no era la mejor elección y estuvo en lo cierto. Ha sido muy triste para mí vivir en carne propia en estos tiempos lo que padeció este amigo cubano cuando iniciamos nuestras conversaciones por carta, miro hacia atrás en la distancia del tiempo y observo a esa jovencita que le parecía imposible desde su pequeño mundo que algo así pudiera suceder en su país. ¡Ilusa! Fidel Castro siempre tuvo en la mira a Venezuela como una aspiración de colonia ideológica en la región, que además le sirviera con todos nuestros recursos para que su proyecto político se mantuviera en el tiempo. 

Paralelamente al intercambio por correspondencia que tenía con este médico, en el bachillerato establecí una relación de amistad muy estrecha con una chica cuyos padres tenían una fuerte relación con Cuba. El padre o mejor dicho el padrastro había nacido en Cuba y la madre era española. La amistad estrecha permeó a ambas familias, a tal punto, que mis padres me permitieron ir a España con ellos luego de finalizado el bachillerato. El caso es que luego de la revolución cubana el padrastro de mi amiga llegó a Venezuela con sus padres, huyendo de todo lo que la mentada revolución prometía y se instalaron en una finca en Santa Teresa del Tuy, trabajaron muy duro y pudieron asentarse en esta tierra. En más de una oportunidad escuchaba la odisea para enviar cosas a Cuba a través de la madre de mi amiga quien viajaba libremente a la isla. Las cosas iban destinadas a la hija o la hermana que quedó allí y por supuesto a los sobrinos o nietos. Me sorprendía escuchar historias tan rebuscadas para llevar un simple pantalón blue jean, jabones, shampoo, crema dental. La música extranjera estaba prohibida, los Beatles estaban prohibidos, los Rolling Stones estaban prohibidos ¿cómo podía suceder eso si yo escuchaba en Venezuela lo que me diera la gana?  ¿cómo había cabida en un gobierno a tales prohibiciones, si en mi mundo todas esas cosas tan simples estaban a la mano? Era finales de la década de los setenta.

El abuelo muere en Venezuela después de algunos años y la abuela siguió al frente de sus tierras, haciéndose mayor, hasta que el hijo decide irse a España de manera definitiva a mediados de la década de los ochenta y a la abuela se le mete entre ceja y ceja volver a Cuba, no tenía nada que perder y mucho que ganar al reencontrarse con su hija, quería morir en su tierra. No fue fácil esa repatriación, nos contaba la mamá de mi amiga que para la revolución una persona mayor ya no era de interés y menos en las condiciones de salud que estaba, la reunión familiar después de tanto tiempo, no era algo a tomar en serio por parte de los funcionarios encargados de dar la autorización de ingreso. No se desanimaron, insistieron e insistieron, una y otra vez, hasta que alguna vía cedió, la abuela llegó finalmente a Cuba. Con este acontecimiento aproveché para enviar algunos obsequios a mi amigo médico. Concluí entonces que la tan mentada revolución no era tal como la pintaban y como la vendían sus protagonistas. Ese mar de felicidad me parecía que no era tal.

Recuerdo en este momento el último año de bachillerato, había que realizar un proyecto de investigación en la materia de biología, francamente no tenía la menor idea de qué tema podía desarrollar y es así que apelo a la experiencia de mi padre y éste a su vez establece contacto con un amigo colega, profesor universitario, que además fue compañero de estudios en la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela. El profesor estaba desarrollando una investigación con cultivos hidropónicos (cultivos sin tierra) y fue inmediata entonces su propuesta para que ahondáramos desde nuestra propia experiencia de estudiantes imberbes, lo que significaba sembrar vida a través de una semilla que germinaría en un medio compuesto por fibra de coco, aserrín, vermiculita y algunos otros compuestos que no recuerdo en este momento.

Bueno, la idea no es hablar de la hidroponía sino del efecto contracorriente, muy bien, volviendo del sitio donde estaba montado el experimento, algo así como un invernadero, el amigo profesor nos viene contando historias asociadas a su experiencia como docente universitario, dado que minutos antes nos tropezamos con algunos estudiantes en actitud algo desdeñosa dada la apariencia que demostraban, barba frondosa, pelo largo, ropas holgadas, en fin, a mi me parecieron de esos hippies que protestan por todo. Eran revolucionarios nos contó el profe, de esos camaradas apegados a la figura del Ché y a todo lo que la revolución cubana significaba. La emblemática imagen del barbudo argentino la ostentaban de manera clara en algunas de sus camisetas y también podía apreciarse en algunas paredes de la facultad.

El profesor luego de que visualizamos la escena donde claramente los estudiantes repartían panfletos para reivindicar su postura ideológica, el amigo profesor nos aleccionaba como un padre, advirtiéndonos acerca de lo triste que era observar niñas ingenuas como nosotras que ingresaban a la facultad e inmediatamente eran presa fácil de estos revolucionarios, las niñitas de poco mundo como nosotras en ese momento, eran la oportunidad perfecta para el adoctrinamiento y el seguir a ciegas una serie de principios políticos de acción para los fines perseguidos, que a ratos se apreciaban anárquicos. No sabía a ciencia cierta la distinción especial que nos caracterizaba, solo que luego entendí que el antecedente de provenir de un colegio de monjas pudiera establecer un vínculo inmediato entre inocencia e ingenuidad.

Me asustó realmente ver aquello desde lejos, chicas en actitud displicente, descuidadas, haciendo compañía a sus contrapartes masculinas en acciones que parecían no tener mucha relación con la razón principal de estar allí…estudiar. Y a la simple alusión de que algunas de ellas incluso habían desbaratado planes de vida al quedar embarazadas de alguno de esos especímenes, pues me colocó en  alerta expectante cuando ingresé formalmente a la universidad.  Entonces pudiera decir que este profesor amigo fungió de alguna manera con sus historias de estudiantes revolucionarias, en una de mis primeras influencias para no sucumbir fácilmente a ese virus izquierdoso al estar en contacto con él. Ingenuidad mía verdaderamente, porque alterar planes de vida no tienen que venir exclusivamente de posturas de izquierda, solo que la estética revolucionaria realmente me impactó de una forma no muy agradable.

Al entrar a la universidad el ¿ritual de bienvenida? me sumió en angustia permanente los primeros días, eso de que te aborden para invadir tu espacio personal e incluso violentarlo al sujetar tu cuerpo para ser vilmente pintarrajeada en la cara, no lo asumí con naturalidad. Escuché historias terroríficas de compañeros de estudios que pusieron en peligro sus vidas al subirse a los techos de los edificios de aulas para huir de la bandada de desadaptados que tijeras y máquinas de afeitar en mano, asumían como una “cuestión de honor” rapar las cabezas de los nuevos estudiantes de forma hasta brutal. Observé a muchos de mis amigos correr, huir de las mil y una manera posibles, incluso exponiendo su integridad física. Al final para no darle el gusto a los humilladores se rapaban voluntariamente y de esta forma no entraban en el juego de motivaciones sádicas  que estos individuos exponían sin ningún pudor. No he terminado de entender este ritual si es que todavía persiste en algunas instituciones universitarias. Es horrible, humillante…un vejamen en todo el sentido de la palabra.

Tristemente ese vejamen no pude eludirlo, en las propias puertas de la que sería mi futura escuela en la especialidad de la Ingeniería Industrial fui agredida por unos cuantos facinerosos que en su lenguaje corporal me paralizaron en una suerte  de círculo infernal del que no pude liberarme. Ya cuando estaban prestos para su fechoría y llegaron incluso al intento de pintarrajearme la cara con marcador de tinta indeleble, apareció como ángel salvador una profesora de la cátedra de Gerencia, muy apreciada por cierto y ya fallecida también, quién disolvió el intento de agravio regañando de manera muy fuerte a la estupidez colectiva y retándolos a que se retiraran de su vista; luego del desalojo me miró y me conminó a ir al baño para lavarme la cara. La humillación que sentí fue indescriptible, el llanto fue el único desahogo.

Hoy todavía al escribir esto recuerdo la cara de sádica satisfacción del individuo que haría la faena en mi cara y en ese tiempo solo intenté conocer qué hacía, dónde estudiaba, a quiénes frecuentaba, porque mi indignación era indescriptible. Pude indagar que era un “estudiante profesional” de la escuela de Ingeniería Eléctrica, tenía ya más de  cinco años estudiando la carrera, además pertenecía a la juventud comunista, pude verlo tiempo después igualmente en esa actitud panfletaria que asombró mi vista en el episodio que más arriba describí en la Facultad de Agronomía de la UCV. A ese chico lo odié mucho en ese momento, ahora no sé que siento, solo sé que fue otra razón para no sucumbir ante ideas políticas de cualquier tipo de izquierda. Nuevamente ingenua y con una parcial visión de la realidad, porque la maldad puede venir de cualquier lado, solo que en este caso vino precisamente de ese lado izquierdo y lo proscribí.

Lo anterior pudo constituirse en otra de mis influencias para rechazar esa postura que se llama revolucionaria, salvadora de todos los males del mundo, porque se ha erigido a través del tiempo con un discurso engañoso y con la arrogancia en el puño de tener la verdad absoluta para enfrentar la desigualdad y la injusticia, en una promesa permanente que solo alimenta ideales que no tienen respuesta a la realidad circundante, solo hay que mirar la historia para corroborar esto. Al final las utopías mueven el mundo, activan esa historia y agotan a los países en su afán de imponerse sobre otros. Puedo citar una reciente lectura de Ciorán quién expresa:

Creo que la utopía y los utopistas han tenido un aspecto positivo, en el siglo XIX, el de llamar la atención sobre la desigualdad de la sociedad y urgir a remediarla. No olvidemos que el socialismo es a fin de cuentas hijo de los utopistas. Pero se basan en una idea errónea, la de la perfectibilidad indefinida del hombre.

Venezuela está sumida en el horror de la izquierda más primitiva y además apoyada con las fuerzas militares más corruptas que pueda haberse conocido en nuestra historia contemporánea, una izquierda que solo conoce sus propias apetencias y desfigura los principios humanísticos que la alientan. Enarbolar con orgullo que un conductor de autobuses haya podido llegar a la presidencia, manipulando el mensaje hacia escenarios que solo promueven la mediocridad y la cultura utilitaria en detrimento del esfuerzo constante y la superación personal, no puede ser más que condenable y vergonzoso. Ver al que se dice presidente del país en una actitud que descoloca y desvirtúa nuestros problemas más apremiantes en un discurso chapucero, fuera de lugar, y solo buscando la alabanza de los acólitos y de los que buscan protagonismo circunstancial debido al poder que le otorga el puesto que ostenta y que no legitima, es una mancha que desde sus orígenes nos salpica a todos, porque independientemente si es venezolano o no, su representación, su figura, es parte de este país y ensombrece aunque no lo queramos y tratemos de mirar con distancia toda la situación, como si no es con cada uno de nosotros, los que nos oponemos a toda esta ignominia.

Venezuela un territorio difícil de comprender, una nación a la expectativa de tiempos mejores, una nación siempre aspirante a un porvenir más benevolente. La clave está en las cosas sencillas, edificar un discurso que reivindique la vida cotidiana, el convivir armonioso en nuestros entornos más cercanos, la importancia fundamental de las pequeñas cosas, de aquellas tareas que de manera mancomunada construyen sociedades más autónomas, donde el individuo es dueño de su destino y no sometido a artificios propios de sistemas que solo pretenden comprar las conciencias de los hombres para satisfacer ansias permanentes de dominación y poder.

Podemos hacerlo si nos decidimos, trabajo en ello en mi entorno de más cercana influencia, es una tarea que necesita perseverancia y constancia, no es fácil arar en estas condiciones y a pesar de toda esta sombra que oscurece nuestros días cada vez que alzamos la vista a nuestro horizonte, sin embargo, lo peor es quedarnos de brazos cruzados. Nuestra responsabilidad ciudadana estriba en hacer muy bien lo que sabemos hacer y para lo que nos preparamos. Recordar de manera muy sentida las pequeñas cosas.

¡Basta de épicas y héroes! El protagonista prinicipal de la independencia de nuestro país, que tanto es mentado una y otra vez hasta el cansancio y para colmo de males asumido en loca y absurda sugerencia como la reencarnación del líder máximo de todo este despropósito llamado revolución bolivariana, por el bien de nuestra psique colectiva, necesita descansar en paz de una vez por todas.  


domingo, 18 de diciembre de 2016

Mirar más allá de lo aparente...




Palabras dirigidas a la V Promoción de Ingenieros de Procesos Industriales de la Universidad Central de Venezuela10 de diciembre de 2016 – Núcleo Armando Mendoza

Me complace muchísimo estar aquí, en este momento, frente a ustedes, diversas circunstancias dijeron presente para que esto así fuera y lo agradezco infinitamente. Leí recientemente en algún sitio y discúlpenme al no ofrecer las coordenadas de ubicación de ese sitio porque no las recuerdo; es que mi memoria de idas y venidas tan pronto mis dedos teclean los símbolos, asaltan súbitamente a mis ideas. Vuelvo a lo que leí y es que ese sitio señalaba algo así como que no se debe trabajar solo en función de un reconocimiento o de una fama que puede ser muy efímera, más bien el asunto se trata de trabajar con mucha querencia y compromiso hacia aquello para lo que nos formamos o simplemente para lo que el devenir de las cosas nos llevó a asumir como razón de trabajo para sustentarnos, porque haciéndolo de esa manera el reconocimiento vendrá por sí solo, en esto, no es necesario premios rimbombantes, ni pregones escandalosos.

Amen mucho lo que son y lo que decidan hacer, amen
desde ya el trayecto profesional que se vislumbra.

¿Por qué mirar más allá de lo aparente?

Es una expresión que no es ajena para todos ustedes cuando me acompañaron en el curso Filosofía de la Ciencia, donde muchos podrían haberse preguntado en ese momento…¿un ingeniero en dimensiones filosóficas? Sí, así fue y así continúa siendo. El amor por el pensamiento ha sido un grato descubrimiento dentro de mis intereses académicos y reconociendo que es tan poco lo conocido sobre esto, que me sobrecoge de manera muy particular el hecho de que no me alcanzará la vida para conocer todo lo que quisiera conocer, por el simple hecho de que nuestra finitud y todo lo que ello implica, resulta en un dilema constante a la hora de la toma de decisiones en relación a los caminos del aprendizaje. Toda decisión implica la renuncia a algo, tal como lo dijera un buen amigo hace algunos años atrás.

Una anécdota reciente. Estando en la Feria del libro de la Universidad de Carabobo 2016, mi casa de estudios universitarios, me dirigí al stand de una editorial, muy nueva por cierto y que está apostando de una manera muy bella por el país, porque ofrece libros artesanales que rescatan la memoria histórica de esta tierra, en la figura de poetas, escritores y ensayistas de la segunda mitad del siglo XX, rescate para las nuevas generaciones como las que ustedes representan. Dentro de su propuesta destaca la publicación dedicada a parte de la obra periodística de una apreciada profesional de la comunicación social como lo fue Miyó Vestrini.

No voy a ahondar en la biografía de esta enigmática mujer, sus coordenadas pueden estar a un simple click en el buscador de sus computadores para el que tenga curiosidad, solo puedo decirles que fue un ser humano inteligente y sagaz al ejercer su profesión. En una oportunidad afirmó que el periodista está tan embebido en la construcción de la pregunta que no presta la debida atención a la respuesta, entonces… ¿Qué relación puede tener esto con la ingeniería? La hay, si utilizamos nuestro pensamiento divergente, despertar ese hemisferio derecho del cerebro que como perezoso al fin, es necesario advertirle de su inactividad, porque entre preguntas y respuestas mucho por contar y como bien saben, nuestra esencia como ingenieros apuesta en gran medida por el lado izquierdo de nuestro órgano pensante…

En fin, la anécdota es que al comprar el libro dedicado a esta brillante mujer, me encuentro al destapar el empaque porque venía forrado similar a un regalo, con un libro con tapas de cartón crudo sin portada  y al abrirlo observo que los títulos internos están entrecortados. Inmediatamente pensé que había un error y que había escogido por mala suerte un libro con errores de encuadernación y tipografía, escribí inmediatamente a la editorial explicando mi infortunio y mi sentido de pérdida económica. Recibí de vuelta una sentida y emotiva explicación de la propia responsable y cerebro pensante de la iniciativa editorial, quien en ejercicio de aquello que llamamos un efectivo servicio al cliente desde el punto de vista logístico, utilizó sus mejores palabras para describir el producto final que tenía entre manos. Faride, nombre de esta simpática joven porque tuve la oportunidad de conocerla, me respondió que no había perdido, que el libro era una obra de artesanía, con un cartón de especificaciones muy particulares, con hojas de impresión de altísima calidad y una estética destacable y que había sido diseñado de manera expresa para demostrar una pequeña obra de arte y hasta de colección basada en la temática del libro…al filo de la noche.

Luego de leída  explicación tan detallada, descubrí que mi ignorancia visual para apreciar aspectos tan simples y hasta hermosos dentro de lo que era la esencia del libro y la protagonista del mismo, me llevaron  a la conclusión que debía cambiar la mirada, apreciar el libro desde otra perspectiva. Faride ofreció devolverme el dinero si no estaba convencida y me invitaron a una entrevista personal para explicarme el proyecto editorial. Fui nuevamente, escuché, quedé encantada. En esta ocasión me brindé esa oportunidad ¿en cuántas no lo he hecho?

Aquí voy entonces con la ingeniería que es el objeto de este encuentro, estoy frente y es posible con el pensamiento a distancia, de 20 profesionales que ejercerán la Ingeniería de Procesos Industriales, 20 seres humanos que tanto dentro del país como fuera de sus fronteras apostarán por los comportamientos asociados a las respectivas competencias reflejadas en cada uno de los módulos que conforman el pensum de estudios de la carrera, nunca estará de más tenerlos en cuenta:  el saber, el saber estar, el saber hacer, el querer hacer y el poder hacer, vistos como habilidades que servirán para enfrentar el tan competido mundo laboral. Durante diez semestres ustedes trajinaron conocimiento no solo técnico-científico, sino ese conocimiento del lado humano que nunca debemos olvidar y que siempre destaco, el trabajo en equipo, el liderazgo para asumir nuestro propio destino, la convivencia enriquecedora para gestionar el ego, el empoderamiento personal para asumir desafíos. ¿Saben cuál es el perfil profesional que les caracteriza? Aquí se los recuerdo:

El Ingeniero de Procesos Industriales es un profesional con una sólida formación en aspectos disciplinares, metodológicos y socio-profesionales los cuales aplica al diseño, ejecución y evaluación de proyectos de ingeniería, vinculados a la producción y control de procesos industriales enmarcados en políticas de calidad, económicamente factibles y socialmente útiles.

Voy  más allá ¿qué es ser ingeniero? Indaguen en ese
perfil ontológico, no me voy a extender en este tema filosófico, solo les dejo sembrada la semilla para que en algún momento germine y les permita ir reflexionando en la esencia que los caracteriza y el quehacer que pueda definirles. No olviden el ingenio y la creatividad, apuesten siempre por ellos porque saldrán ganando sin ninguna duda. Venezuela necesita mucho de eso y también de los comportamientos asociados con el saber hacer, el querer hacer y el saber estar, menciono estos especialmente porque sé que vivimos tiempos tumultuosos que significan para ustedes mirar hacia otros destinos, de hecho ya algunos de ustedes como integrantes de esta promoción se encuentran fuera del país, retando a otras culturas, desafiando a lo desconocido. No emito juicios de valor ante esta realidad tan abrumadora que ensombrece el futuro de progreso y bienestar que todos deseamos, porque para algunos el país se volvió quimera, ave maltrecha, tierra estéril. Respeto la decisión personal tanto si es irse o quedarse, solo es importante reflexionar muy bien tanto para un escenario como para el otro.  Nuevamente… ¿mirar más allá de lo aparente? Vuelco mi mirada en el libro de cartón…Venezuela puede ser ese libro de cartón.

Comiencen la búsqueda de sus referentes personales, gente que les llene tanto a nivel personal como profesional, eso sí, cuidado con el fanatismo y el adoctrinamiento, que las  posturas de esos referentes en los diversos campos donde se desempeñen, les permitan volar con sus propios instrumentos. Quiero mencionar a algunos referentes en mi ejercicio profesional y quiero a través de este acto dejar constancia de su influencia, no puedo mencionarlos a todos, sería interminable sin embargo destaco a Juan Quintero, ingeniero venezolano, Iván Lansberg Henríquez, consultor gerencial venezolano y Joseph Brodsky, poeta ruso. El primero a través de su ejercicio profesional me ha demostrado desde que le conozco lo que significa poner en ejercicio el ingenio, lo que es diseñar, mejorar, perfeccionar, familiarizarse con la máquina como artefacto que le ha unido a sus inquietudes creadoras desde muy temprana edad. Las máquinas que toca y administra dentro de su ejercicio profesional o en la vida cotidiana, llevan algo de su alma. No busca reconocimiento, nunca lo ha hecho, solo es mi esposo y he sido testigo de su afán y fruición para atacar los problemas de ingeniería, desde el análisis concienzudo de los procesos que involucran el funcionamiento de los equipos que tiene bajo su responsabilidad. Su apoyo ha permitido que haya tenido la maravillosa oportunidad de pertenecer a este programa de formación para ingenieros y que hoy comparta con ustedes tan significativo momento. Se necesita entonces el trabajo en equipo en las relaciones de pareja, trabajen en ello con esa decisión hecha persona y que muy probablemente hoy les acompaña.

Iván Lansberg ha sido la luz en el camino de la dirección administrativa, en lo tocante a la gerencia personal, reflexionar en lo que él llama el Talento Vital Práctico, ese talento que debemos poner a disposición de nuestro entorno, porque dentro de la función social de la ingeniería está llevar muy en alto que la finalidad del ejercicio de nuestra profesión es mejorar la calidad de vida de ese entorno que nos demanda soluciones. Lansberg es la amplia cultura, es la conjunción inteligente y asertiva de la gerencia y la condición humana.

Brodsky me subyugó en una línea …oscuro como el interior de una aguja y me pregunté ¿cuánto cabe de la noche en el interior de esa aguja? De inmediato fui en su búsqueda, no de la noche, del hombre a través de sus libros, sus escritos, su poesía, su biografía. Mucho se sabe de un hombre a través de sus pensamientos escritos en hojas al viento. Brodsky también está a un click en sus computadores para los interesados, solo puedo decirles que su ensayo sobre el aburrimiento como discurso dirigido a estudiantes universitarios como ustedes no tiene nada de desperdicio, cada palabra le agrega valor al producto final...la idea. El aburrimiento derivado de la rutina signa nuestras vidas, no lo rechacemos, es necesario reconocerlo ¿qué se hace cuando se desea ser experto o ejercer la maestría en algo? Repetirlo una y otra vez es la consigna, la reiteración nos ofrece la experiencia, el dominio del arte, aunque también la penitencia. No le huyan a aburrirse entonces, solo aprendan a administrar tales situaciones y en los fulgores de lo nuevo, desplieguen todas sus alas para disfrutar el vuelo tanto por la distancia del viaje y el tiempo, ante un destino que obligará a una nueva rutina. ¿Paradójico? La vida está llena de ellas, solo estemos atentos y miremos…

Ha terminado una fase en sus vidas, transiciones de la existencia que les llevará a nuevos derroteros, a nuevos ciclos que irán cerrando, para abrir otros en un camino indetenible mientras hay vida.

Miremos  el libro de cartón de nuevo…

Miremos nuestra razón de ser, la querencia de nuestra niñez, de nuestra adolescencia, reflejada más tarde en este acontecimiento que hoy les lleva a estar aquí presentes en esta sala de estudios, en este Núcleo, en esta universidad, que recordarán desde otros escenarios de ahora en adelante.

Miremos siempre hacia el interior de nosotros mismos en la búsqueda del Talento Vital Práctico.

Miremos hacia la noche y busquemos la luz, porque después de la noche más oscura siempre estará el sol esperando por despuntar.

Miremos a Venezuela una y otra vez…

Me incluyo con ustedes porque el aprendizaje no termina nunca.

Agradecida siempre…

viernes, 21 de octubre de 2016

Llegar al fondo...

Imagen: Anónimo


Dadas las circunstancias actuales del país, no entiendo muy bien que es llegar al fondo como he escuchado de manera reiterada desde hace algunos años en la voz de gente que me rodea e incluso de algunos agentes políticos.  Desde que se instauró en Venezuela este proceso político denominado chavismo,  llegar al fondo es una escena inacabable para los ciudadanos de este país,  porque cada vez que recibimos un nuevo manotazo en la cara por parte del gobierno autocrático que se regodea en el poder con todos los operadores institucionales a su servicio, esa llegada  en cada oportunidad de la bofetada, pareciera que no es definitiva,  existen gradientes, niveles de indignación temporales que van aumentando en intensidad según el agravio que va sucediéndose de manera continuada. 

Nuestra situación es precaria, marginal, desesperanzadora, un grupo de funcionarios al servicio de la maldad y con una enorme humanidad vacía a la cabeza, han venido tirando por la borda el bienestar y el porvenir de todos los venezolanos de bien que a pesar de todo y de los momentos aciagos que nos imponen, permanecemos en esta tierra prodigiosa, unos en afán de resistencia, otros porque no les queda otra alternativa. Independientemente de la situación personal,  el arraigo a esta tierra no es variable a desestimar y muchos de los que apuestan y se mantienen, han venido erigiendo una especie de coraza imaginaria, que como manto de neopreno, detiene y desliza las gotas de  amargura que día tras día han venido caracterizando estos últimos meses en el país. 

Trabajo con jóvenes universitarios y cada día, en cada entrada al salón de clases para construir conocimiento, el desafío es permanente, porque aunado a la falta de condiciones básicas propicias para desarrollar la experiencia de enseñanza-aprendizaje en toda la dimensión que una experiencia como esta exige, está mi lucha interna para administrar la angustia y la ansiedad de la expresión que puede leerse en algunos rostros ante lo oscuro del porvenir si no apelan a la huida forzada de este territorio. Está claro que los grandes retos necesitan de templanza y un rigor disciplinario en el alcance de las metas propuestas, sin embargo ya  es una ópera bufa todo el tinglado de políticas de convivencia que imponen los funcionarios que ahora ostentan el poder. Por otro lado, algunos de estos estudiantes asumen el reto con la premisa aquella de los momentos de crisis y la génesis inherente de oportunidades, ahora es razonable reconocer igualmente que esta es una crisis política que distorsiona completamente el juego limpio que debe proponer cualquier iniciativa de emprendimiento personal ¿razones? el comercio informal, la delincuencia organizada propuesta por colectivos de choque financiados por el gobierno, así como un entorno económico caracterizado por una estanflación profunda hace mella en las aspiraciones de muchos. 

El sociólogo venezolano Ramón Piñango señalaba en una conocida red social, hace algunos días atrás, que un cóctel de fanatismo, ignorancia y corrupción como el que padecemos actualmente en Venezuela, crean inmensas desigualdades y es en esa desigualdad donde caben todas las injusticias posibles. Sobre este mismo tema, el premio Nobel de Economía en 2001 Joseph Stiglitz en su libro El precio de la desigualdad desde el mismo prólogo de la obra señala con ejemplos contundentes que la implementación de políticas económicas erróneas conducen en la mayoría de los casos a un aumento de la desigualdad y a un menor crecimiento del país que es sujeto al padecimiento de esas medidas equivocadas. ¿Qué hay en Venezuela?

En primer lugar un apartheid político y en segundo lugar un fanatismo sin parangón en la historia contemporánea del país, donde el que piensa distinto es poco menos que un paria que no merece estar en Venezuela, por lo tanto debe pagar con su dignidad pisoteada o en el peor de los casos con su integridad física, semejante atrevimiento. Esta última realidad me trae a la memoria la vida y obra  de la poetisa rusa Marina Tsvietáieva  quien se sintió abrumada al vivir tan de cerca todas las implicaciones de la revolución rusa que proscribió la monarquía del Zar.  Para Marina era asombroso constatar el clima de ira y el resentimiento que demostraba  la gente común ante la burguesía y la aristocracia de la época, una expresión en uno de sus diarios es lapidaria ante la dimensión de un proceso político como lo fue el movimiento bolchevique  Cuando para ti es fácil no ves que para el otro es difícil  y es así lamentablemente, lo vivimos a diario, lo padecemos constantemente en este país. No hay empatía, la intensa cotidianidad de estos días te empuja a una desconexión peligrosa de la realidad abrumadora del otro que está a tu lado. No hay chance para reflexionar, no hay espacio para la comprensión, no hay tiempo para detenerse en simpatías que pueden provocar situaciones comprometedoras que no pueden asumirse abiertamente, porque se pone en peligro la propia estabilidad. Terrible…cierto.

Marina Tsvietáieva a los 33 años

Valga la digresión con  Tsvietáieva porque su vida fue un rosario de situaciones adversas a partir de los 25 años, cuando su origen y la vida que demostraba a edades tempranas presagiaban un futuro de bienestar y comodidad. Ese proceso político llamado La Revolución Rusa marcó la vida de los habitantes de esa nación, en un encadenamiento de sucesos trágicos que en su esencia eran justificados por sus protagonistas en la medida que los ¿nobles ideales? de sus actos solo pretendían eliminar injusticias producto del orden político implementado por la monarquía zarista,  sin percatarse en su ceguera ideológica, que en su afán destructor de la realidad presente, crearon otras peores. En ese caos político de la época, Tsvietáieva perdió a una de sus hijas, Irina, quien murió de hambre en un orfanato al pensar ésta erróneamente que al dejarla allí tendría una oportunidad de subsistencia básica que ella no podía ofrecerle, debido a las penurias a las que estaba sometida por el simple hecho de ser considerada sospechosa por estar casada con un oficial del Ejército Blanco del Zar.

Uno lee referencias de una historia de vida como la anterior y uno pudiera decir…eso es llegar al fondo, sin dignidad, sin recursos, sin trabajo, sin familia, a expensas de la caridad pública ocasional,  para finalmente concluir… “esto ya no soy yo” y ahorcarse en un sitio lúgubre a donde fue prácticamente execrada. Vuelvo entonces a la interrogante ¿puede decirse que en Venezuela llegamos al fondo?  ¿Cómo afirmar que no? ¿Cómo afirmar que sí? No comulgo con absolutos, solo puedo decir que cada venezolano de bien en estos momentos sufre su presente comprometiendo de esta forma su futuro, con una inflación desbocada, parálisis del sector productivo a niveles críticos que impiden la generación de empleos formales,  escasez de alimentos más básicos, enfrentar un mercado negro de comercialización de productos donde una simple transacción por algún alimento clave puede ser tomada como delito comparable al tráfico de sustancias estupefacientes, la ausencia de medicinas elementales para atender  afecciones comunes como simples resfriados o desarreglos estomacales  y ni se diga del repunte de enfermedades que ya se creían superadas como la malaria, la difteria y hasta la tuberculosis. Las enfermedades crónicas y las que representan un paso seguro hacia la muerte si no son tratadas adecuadamente, ocasionan igualmente un hueco emocional y angustioso para quienes las padecen.

Capítulo aparte para todo este desmadre es la delincuencia desatada a todo nivel, tanto el cuello blanco como el más oscuro, oprimen nuestras existencias, colocando la experiencia de vida en un análisis constante de riesgos ante cualquier actividad a realizar ya sea de trabajo o lúdica. El prodigio de esta tierra se ha venido manchando con el tizne de una bota militar aderezada con el cóctel ideológico de los fanáticos, de los que no crean nada innovador, que no producen para fundamentar soberanía alimentaria y de infraestructura, y lo más horroroso, que no fomentan la convivencia entre todos los habitantes de Venezuela porque ven un enemigo a combatir, que debe ser aniquilado, cuando tienen que lidiar con compatriotas que no comulgan con el  proyecto autocrático que pretenden imponer a como dé lugar.  La democracia para ellos es un simple rótulo, una etiqueta, una moda en el lenguaje…nunca una convicción.

Los alienados política y socialmente no razonan de manera asertiva, ven en la comodidad de los cargos que ostentan, en los contratos que suscriben, en la adhesión incondicional a la injusticia ¿la estabilidad? que les permite ser cómplices de tanto oprobio, erigiéndose en militantes de una causa fundamentada en el odio que más temprano que tarde les pasará factura, allí está la historia para ofrecer testimonios contundentes cuando se pretende permanecer en el poder a toda costa a expensas del porvenir de una nación. 

Hoy trato de limpiar  mi casa luego del asalto que fui víctima el día de ayer, partiendo de la analogía que escuché en un conocido programa radial a tempranas horas de la mañana de hoy. Es así que tal como unos delincuentes furtivos entran a tu hogar y violentan tus derechos más básicos, anoche tres gobernadores de estado y la máxima rectora de la institución electoral del país, se inmiscuyeron en mis más caras aspiraciones de cambio al atropellar mi lar, meterme momentáneamente en un sitio oscuro mientras saqueaban todos mis deseos de que esta situación tan penosa dé paso a otros escenarios más auspiciosos. Hay un espacio de turbulencia temporal que debo asumir, salgo del cuarto oscuro luego del saqueo, miro los destrozos, recojo los pedazos y el excremento,  gestiono una forma de duelo para encontrar en mi fuero interno el temple necesario para continuar. 

No hay de otra… 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Don Rafael





¿Por qué el “Don”?

Surgió espontáneo. No pretendo sugerir distancias, ni diferencias que puedan entenderse dentro de un lenguaje peyorativo, todo lo contrario, el personaje aludido me sugirió humildad en todo sentido, muy alejado de tratamientos especiales. Le conocí hace unos pocos días atrás y la conversación breve, de un instante,  movió internamente mi ser pensante y he aquí algunas palabras.

Don puede sugerir respeto y esa fue la inspiración principal que me sugirió su figura. Una figura que ví desde lejos caminar pausadamente y con una chispa en los ojos. Finalmente lo ví entrar al recinto anunciando su presencia con voz queda y a la vez decidida. Saludaba a todos con una sonrisa, satisfecho de haber llegado, de encontrar el espacio acostumbrado, de dar rienda suelta a la imaginación.

En la conversación inmediata luego de su arribo, resentía de una noche de sueño alterada, un dolor de espalda se empecinó con su humanidad, dolor egoísta y ajeno a la realidad de que perturbaba el tiempo de recuperar energías para la faena del día siguiente. Un tiempo de sueño que ya se presenta corto dada su edad, porque Don Rafael tiene 83 años. Su humanidad asiste todos los sábados a un taller de creatividad, allí le conocí, en un espacio que le ofrece libertad plena a la imaginación y que dirige una mujer a la que me unen recuerdos y experiencias juveniles.

Don Rafael me miró, nos conocimos, seguidamente en actitud desprendida, llena de mucho orgullo, compartió los trabajos que ha venido desarrollando cada sábado y que guarda dentro de una carpeta de cartón azul oscuro. Allí miré moscas, abejorros, follaje y una mariposa. Don Rafael es biólogo, los libros que le acompañaban ese día demuestran mucha experiencia. Además de dibujo me habló de sueños y el más inmediato es incursionar con pasión con la técnica del óleo, supongo que ya estará estableciendo directrices para ello. Manifiesta que sus hijos, arquitectos ambos, demuestran habilidades extraordinarias para el arte del dibujo, no tenía por qué dudarlo dado el título profesional.  Con picardía señala ante el desconocimiento de su propio arte y el descubrimiento de un nuevo mundo que pretende vivir a plenitud, que ya entiende por qué ellos poseen esas hermosas competencias. ¿Tienen a quién salir? Es la interrogante obvia ante la anécdota compartida.

La mujer amiga de mi juventud abrió las puertas de su taller, no solamente descubriendo paredes de colores, herramientas, utensilios, maderas, piedras, mesones expectantes y jardines abiertos a la experiencia creativa, sino también el sentir y experiencia de vida de sus estudiantes. ¿Las beneficiarias?  dos amigas foráneas muy cercanas que se atrevieron a desafiar sus hábitos y entorno cercano, que solo pretendían mirar otra forma de hacer las cosas en un país que pareciera rendirse ante la barbarie. No es así, Venezuela resiste en muchos rostros, en el trabajo apasionado de mucha gente que siente que su labor diaria más que una profesión es una manera de vida, es una rebelión ante la imposición de lo oscuro, es resistir ante lo que pretende instituirse como indiferencia ante lo mal hecho, es enfrentar con las armas de la creatividad, el yugo de la indolencia.

Gracias Don Rafael, gracias a la mujer anfitriona, gracias a la mujer compañera… 


domingo, 17 de julio de 2016

‘Nos pasamos la vida buscando aquello que ya hemos encontrado’. TEM

Imagen: Fundación Tomás Eloy Martínez


Tomás Eloy Martínez TEM, periodista argentino, excelso escritor, de esas personalidades que no deberían dejar el mundo tan pronto aun cuando la edad biológica finalmente se imponga, aunque es necesario destacar que en su caso fue una “insolente enfermedad” la que impulsó de manera cruel su definitivo adiós. Sonará a comentario que denota una injusta exclusividad ¡y qué le voy hacer! Así lo siento…siempre será muy pronto el alzar vuelo con destino impreciso e indeterminado en estos casos, de gente tan gente con una esencia humana indiscutible. Tengo que expresarlo así porque existe en este mundo loco de por estos días, demasiado ser malvado que vocifera, que grita estridente, que atormenta con su accionar y personas como TEM atenúan esa distorsión acústica cuando uno se refugia en el mundo de sus ideas.

Recuerdo en este momento que tengo por allí guardada en un archivo Word, la emotiva carta póstuma que dedica a Susana Rotker, su esposa, cuando ésta fallece debido a un lamentable accidente de tránsito (fue atropellada estando él a su lado). También guardo por allí un escrito muy sentido de la periodista e igualmente escritora venezolana, Mirtha Rivero, quién en uno de sus artículos publicados en Prodavinci, le rinde un hermoso homenaje a TEM cuando compara uno de sus libros "Lugar común la muerte" con la experiencia de Aureliano Buendía al descubrir el hielo (desde ese momento ando en su búsqueda, en la del libro, infructuosa por cierto, hasta los momentos).

Ese libro para Mirtha es algo así como la anunciación ante un hecho que es sublime, extraordinario, fuera de serie. Para mí, TEM no había pasado más que como simple referencia, al ser uno de los directores del Diario de Caracas cuando vivió en Venezuela huyendo de la ignominiosa dictadura argentina a mediados de la década de los setenta del siglo XX.

Leer estos testimonios y una que otra alusión de terceros cambió totalmente mi interés hacia el ser humano que fue y su obra.

Hoy tengo tres libros que le nombran, dos novelas "La mano del amo" y "El vuelo de la Reina", el otro es "Ciertas maneras de no hacer nada", este último recopila textos que delatan la mirada del escritor hacia nuestro país, como un reconocimiento genuino de la Editorial La Hoja del Norte al aporte que este ser humano le brindó al periodismo venezolano.
Tantos libros, tan poco tiempo, acabo de darme cuenta que ya había comenzado la lectura de esos textos, solo que cada libro reclama su tiempo particular y es posible que no sean solamente estos tres.

Un buen día el de hoy entonces para recordar a Tomás Eloy Martínez, acompaño este escrito con el enlace entrañable a un artículo publicado por la fundación que lleva su nombre, una buena oportunidad para conocer del personaje para quienes sea totalmente ajeno e igualmente está a disposición a continuación en letra resaltada dentro de este artículo, el sentido escrito de Mirtha Rivero.


Tomás Eloy y el hielo (Mirtha Rivero)


domingo, 1 de mayo de 2016

Suite Francesa

Imagen: Irène Némirovsky

Antecedentes.-


Gracias al escritor Mario Vargas Llosa conozco del pasar literario de Irène Nemiróvsky en este mundo, la referencia leída quedó en latencia en mi memoria y agradezco a quién todo lo puede, el privilegio de recordar y atesorar recuerdos que luego de forma maravillosa se develan en el presente a través del estímulo a algunos de mis sentidos. En este caso fue una imagen y el título de su contenido, el gatillo que disparó reminicencias y consecuentes acciones.

El asunto fue más o menos así, en una conocida red social que recopila imágenes de todo tipo, uno de mis contactos, dedicado a la promoción y venta de libros de segunda mano (en muy buen estado) coloca dentro de la oferta del día la imagen de una publicación que inmediatamente llamó mi atención desde el título y el nombre de la autora. No sabía precisar bien al momento de recorrer la imagen, qué atraía mi interés, tomando en cuenta que no era un nombre familiar y mucho menos el título de la novela. Seguí ese impulso interno que en ocasiones me asalta y sin dudarlo dos veces, contacté al administrador de la página para apartar el ejemplar en cuestión a través de la transferencia en línea correspondiente, ya que tomando en cuenta que siendo víspera de semana santa, debería esperar al menos unos cuantos días para recibirlo, dado el paro laboral impuesto en Venezuela por esos días.

Como ya indiqué, no dudé ni un momento en realizar la compra, sin embargo me seguí preguntando el por qué de esa súbita acción, ¿qué tenía ese libro de especial para llevarme a adquirirlo sin mayores titubeos? y es cuando así, de repente y sin más justificación que un leve pensamiento, vino a la mente Don Mario. Sentí un ¡eureka! contenido, me levanté de la cama y corrí a la computadora, le dí mil gracias a ese maravilloso mundo de la web y con las palabras claves pude develar todo el misterio de mi impulso.

En agosto del año 2010, exactamente un domingo 22, una de mis columnas de obligada lectura dentro de la edición dominical del diario venezolano El Nacional, era precisamente la de Vargas Llosa, ésta en particular, titulada “Bajo el oprobio” (1) recuerdo haberla leído y releído con especial fruición, no sé, la historia de vida de una escritora rusa que exponía allí el autor, llamó poderosamente la atención de mi ser lector porque en ese momento solo pensaba, que dada la disminución en la oferta de libros que ya demostraba el país para esa fecha, impediría que pudiera tener en mis manos un ejemplar de lo que allí se referenciaba. La biografía sintética de Némirovsky expuesta en los párrafos del artículo, movieron fibras internas, tanto así, que se alojaron de alguna manera en mi cerebro, quedando en un estado de latencia como ya referí con anterioridad, que permitieron que a la luz de la imagen vista en el presente, toda la memoria de ese hecho pudiera demostrarse de alguna manera. 

Pasaron seis años entonces para satisfacer una inquietud sobre el libro en cuestión. 


La novela.-


No cuento con herramientas adecuadas para la crítica literaria desde mi formación académica, y lo digo de esta forma, dada la importancia que le doy a la lectura hecha luego de conocer algo de la vida de la autora y el sentir existencial que caracteriza a la obra, sin embargo, para cualquier escritor me parece que siempre será importante conocer el impacto que tiene en las mentes de sus lectores las figuraciones de vida que trabaja desde símbolos propios dentro del lenguaje utilizado. Leo desde la distancia de los hechos planteados por esta novela y me encuentro con tantas analogías en el presente, que parezco estar inmersa de una manera muy contemporánea,  en los hechos narrados en esa primera mitad trágica del siglo XX para el continente europeo. Es una suerte de pareceres y posturas en las reflexiones propias de los personajes a medida que avanza la trama, que encuentro anuncios permanentes de una repetición de formas y significados en el presente que rodea a mi país.

Para Guillermo Sucre (2), conocido y experimentado crítico literario,  una obra como acto creador es signo y símbolo ¿qué quiere decir esto? Dentro del lenguaje que expresa a lo que se lee, existe una intención muy personal del autor de develar una realidad que le inspira y que en algunos casos le sobrecoge igualmente.  La palabra como vehículo demostrador, exhibe un mensaje que el lector descubre a medida que avanza en la lectura, el punto es de qué manera los hechos narrados presentan coherencia, pertinencia y revelación.

Leer es una forma de apropiarse del mundo y en este caso debo reconocer que a medida que transcurría el pasar de páginas de esta suite, tuve la sensación inequívoca de compartir con Irène la cruda realidad de sus personajes, el cataclismo del entorno, la exposición de las más íntimas miserias ante el drama humano de la segregación, la intolerancia y la soberbia. Suite Francesa es una obra inconclusa y revela la angustia de la escritora de no disponer el tiempo suficiente para acabarla tal como efectivamente sucedió. Irène es meticulosa al planificar la historia, define sus personajes, los desnuda en capítulos numerados de lectura para luego progresivamente vincularlos en una suerte de hechos que le van dando forma y presencia a las situaciones allí planteadas. ¿Qué significó la invasión alemana a Francia durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial?

La pregunta anterior pudiera tener respuesta en los libros de historia que exhaustivamente narran cronología de hechos, ahora, y traigo a mi mente en este momento lo expresado por el prologuista Luis Mateo Diez de esa obra universal como lo es Madame Bovary, quién en una de las tantas ediciones que pueden existir de esta novela de Flaubert, expresaba que conocer la realidad de un hecho histórico puede revelarse a través del discurso del historiador, que en su esencia solo pretende exponer la realidad del hecho en su totalidad ahora, ¿es suficiente? ¿cómo sienten los personajes? ¿qué les anima más allá de las convenciones sociales de la época,  el rigor que impone la ideología política del momento o la barrera de los prejuicios morales? Emma Bovary es claro ejemplo de cómo una mujer enfrentó la época que le tocó vivir y el destino personal construido a partir de una serie de decisiones que solo pretendían darle vida a su existencia, una vida que se volvió pesada, conflictiva, en la trampa de la ilusión forzada, todo esto por supuesto pasa factura y debe sucumbir a  una determinación fatalista. Fue su realidad histórica.

Valga la digresión literaria para explicar que en el caso de Irène, los personajes construidos en su historia son un pedacito de ella, supongo que para cualquier escritor debe ser así, es posible que mi indicación sea pueril desde esa perspectiva, solo que en el caso de la escritora rusa (nunca pudo obtener la nacionalidad francesa para su desgracia) tiene una connotación dramática porque es el reflejo de la realidad que le circunda en el tiempo histórico que le tocó vivir. La familia adinerada, el matrimonio de clase media con un hijo único en la guerra, el soltero de solvencia económica apegado a sus pertenencias, el escritor que protege el manuscrito literario de recién factura y el estilo de vida que le otorga la intelectualidad, la chica de campo que alberga al soldado herido, la madre amargada y furiosa ante el invasor alemán que irrumpe en su espacio doméstico, la mujer, simplemente la mujer que abraza la posibilidad amorosa desde la inconveniencia de estar en bandos contrarios, en fin, un caleidoscopio de emociones, pensamientos, acciones, situaciones y circunstancias que son hilvanadas y entrelazadas de manera magistral.

Como la novela en este caso es un artefacto inconcluso, queda a imaginación del lector rellenar espacios de vida en suspenso para algunos de los personajes, concluir futuras realidades a la luz de los acontecimientos conocidos, unir retazos de existencias partiendo de algunas anotaciones escritas por la propia escritora como una manera de trazar una hoja de ruta para la historia. Es en estas anotaciones colocadas al final de los dos grandes bloques que componen la novela (Tempestad en junio y Dolce) donde el lector puede experimentar el desasosiego de la autora:

Cuidado con el peligro:  olvidar las modificaciones de los caracteres. Evidentemente, el tiempo transcurrido es corto.  Las tres primeras partes , en cualquier caso, solo cubrirán un espacio de tres años. En cuanto a las dos últimas , es un secreto que solo Dios conoce y por el que yo pagaría lo que fuera. Pero, debido a la intensidad, a la gravedad de las experiencias, es necesario que las personas a las que les ocurran esas cosas sufran cambios (…)

En Suite Francesa, Irène se lamenta de sus pocos conocimientos en el tema académico de la música, asemeja este trabajo tan ambicioso a una especie de sinfonía con los movimientos propios que le otorgan la fuerza necesaria a los acontecimientos que desarrolla en la historia, duda, arremete a instantes con la determinación de ciertos episodios, sin embargo está conciente de su limitación:

Si supiera más de música, supongo que eso podría ayudarme. A falta de la música, lo que en cine llaman ritmo. En definitiva, preocupación por la variedad, de un lado, y por la armonía, del otro…

Como lectora ha sido toda una experiencia esta novela, que pudiera calificar de sentida, emotiva, plena de ritmos en imágenes que lograban yuxtaponerse a este presente que vivo. Algunos pasajes de la historia  iban al son de lo que ha significado la intolerancia contemporánea dentro del territorio que habito, es precisamente ese “drama de la intolerancia” como cita explícita que ofrece una elocuente apertura a las páginas que están por venir. Considero oportuno indicar también que ese drama a través del tiempo se amolda, muta, evoluciona, se multiplica, avanza rastrero entre las piernas de las masas subyugadas, tal como un inocente gatito que les recorre con su pelaje, llevándolas a un paroxismo que significará su anulación progresiva, por supuesto, el que disiente estará inevitablemente segregado y el que no cabe en el molde diseñado en la rigidez del pensamiento totalitario y excluyente  está condenado a la fatalidad, a la desaparición, a la reducción total en cenizas. 

En cualquier tiempo el drama de la intolerancia cuando se fija en las mentes de los vulnerables, develará su siniestra cara, asomando afilados dientes, apropiándose de lo más preciado del individuo…su dignidad.  Concluyo con la autora:

2 de junio de 1942 - ¡Empezar a preocuparme de la forma que tendrá esta novela una vez terminada! Considerar que todavía no he acabado la 2da parte, ¿que veo la 3ra? pero que la 4ta y la 5ta están en el limbo, ¡y qué limbo! Están realmente en las rodillas de los dioses, porque dependen de lo que pase. Y los dioses pueden divertirse poniendo cien años de intervalo o mil años, como está de moda decir: y yo estaré lejos. Pero los dioses no me harán eso. También cuento bastante con la profecía de Nostradamus.
 1944 ¡Oh! ¡God!


Imagen: Manuscrito de la obra Suite francesa

(2)Diario El Nacional. Papel Literario. La crítica como pasión y aventura. Domingo 2 de junio de 2013. P.5