¿Por qué escribir?

La memoria desborda, los recuerdos pueden volar insistentemente o las experiencias cotidianas pueden ser disparadores de pensamientos que solicitan traducción en códigos conocidos.
Las ideas son huidizas y persisto en mi oficio de pesca, este espacio es la red para atraparlas.

viernes, 21 de octubre de 2016

Llegar al fondo...

Imagen: Anónimo


Dadas las circunstancias actuales del país, no entiendo muy bien que es llegar al fondo como he escuchado de manera reiterada desde hace algunos años en la voz de gente que me rodea e incluso de algunos agentes políticos.  Desde que se instauró en Venezuela este proceso político denominado chavismo,  llegar al fondo es una escena inacabable para los ciudadanos de este país,  porque cada vez que recibimos un nuevo manotazo en la cara por parte del gobierno autocrático que se regodea en el poder con todos los operadores institucionales a su servicio, esa llegada  en cada oportunidad de la bofetada, pareciera que no es definitiva,  existen gradientes, niveles de indignación temporales que van aumentando en intensidad según el agravio que va sucediéndose de manera continuada. 

Nuestra situación es precaria, marginal, desesperanzadora, un grupo de funcionarios al servicio de la maldad y con una enorme humanidad vacía a la cabeza, han venido tirando por la borda el bienestar y el porvenir de todos los venezolanos de bien que a pesar de todo y de los momentos aciagos que nos imponen, permanecemos en esta tierra prodigiosa, unos en afán de resistencia, otros porque no les queda otra alternativa. Independientemente de la situación personal,  el arraigo a esta tierra no es variable a desestimar y muchos de los que apuestan y se mantienen, han venido erigiendo una especie de coraza imaginaria, que como manto de neopreno, detiene y desliza las gotas de  amargura que día tras día han venido caracterizando estos últimos meses en el país. 

Trabajo con jóvenes universitarios y cada día, en cada entrada al salón de clases para construir conocimiento, el desafío es permanente, porque aunado a la falta de condiciones básicas propicias para desarrollar la experiencia de enseñanza-aprendizaje en toda la dimensión que una experiencia como esta exige, está mi lucha interna para administrar la angustia y la ansiedad de la expresión que puede leerse en algunos rostros ante lo oscuro del porvenir si no apelan a la huida forzada de este territorio. Está claro que los grandes retos necesitan de templanza y un rigor disciplinario en el alcance de las metas propuestas, sin embargo ya  es una ópera bufa todo el tinglado de políticas de convivencia que imponen los funcionarios que ahora ostentan el poder. Por otro lado, algunos de estos estudiantes asumen el reto con la premisa aquella de los momentos de crisis y la génesis inherente de oportunidades, ahora es razonable reconocer igualmente que esta es una crisis política que distorsiona completamente el juego limpio que debe proponer cualquier iniciativa de emprendimiento personal ¿razones? el comercio informal, la delincuencia organizada propuesta por colectivos de choque financiados por el gobierno, así como un entorno económico caracterizado por una estanflación profunda hace mella en las aspiraciones de muchos. 

El sociólogo venezolano Ramón Piñango señalaba en una conocida red social, hace algunos días atrás, que un cóctel de fanatismo, ignorancia y corrupción como el que padecemos actualmente en Venezuela, crean inmensas desigualdades y es en esa desigualdad donde caben todas las injusticias posibles. Sobre este mismo tema, el premio Nobel de Economía en 2001 Joseph Stiglitz en su libro El precio de la desigualdad desde el mismo prólogo de la obra señala con ejemplos contundentes que la implementación de políticas económicas erróneas conducen en la mayoría de los casos a un aumento de la desigualdad y a un menor crecimiento del país que es sujeto al padecimiento de esas medidas equivocadas. ¿Qué hay en Venezuela?

En primer lugar un apartheid político y en segundo lugar un fanatismo sin parangón en la historia contemporánea del país, donde el que piensa distinto es poco menos que un paria que no merece estar en Venezuela, por lo tanto debe pagar con su dignidad pisoteada o en el peor de los casos con su integridad física, semejante atrevimiento. Esta última realidad me trae a la memoria la vida y obra  de la poetisa rusa Marina Tsvietáieva  quien se sintió abrumada al vivir tan de cerca todas las implicaciones de la revolución rusa que proscribió la monarquía del Zar.  Para Marina era asombroso constatar el clima de ira y el resentimiento que demostraba  la gente común ante la burguesía y la aristocracia de la época, una expresión en uno de sus diarios es lapidaria ante la dimensión de un proceso político como lo fue el movimiento bolchevique  Cuando para ti es fácil no ves que para el otro es difícil  y es así lamentablemente, lo vivimos a diario, lo padecemos constantemente en este país. No hay empatía, la intensa cotidianidad de estos días te empuja a una desconexión peligrosa de la realidad abrumadora del otro que está a tu lado. No hay chance para reflexionar, no hay espacio para la comprensión, no hay tiempo para detenerse en simpatías que pueden provocar situaciones comprometedoras que no pueden asumirse abiertamente, porque se pone en peligro la propia estabilidad. Terrible…cierto.

Marina Tsvietáieva a los 33 años

Valga la digresión con  Tsvietáieva porque su vida fue un rosario de situaciones adversas a partir de los 25 años, cuando su origen y la vida que demostraba a edades tempranas presagiaban un futuro de bienestar y comodidad. Ese proceso político llamado La Revolución Rusa marcó la vida de los habitantes de esa nación, en un encadenamiento de sucesos trágicos que en su esencia eran justificados por sus protagonistas en la medida que los ¿nobles ideales? de sus actos solo pretendían eliminar injusticias producto del orden político implementado por la monarquía zarista,  sin percatarse en su ceguera ideológica, que en su afán destructor de la realidad presente, crearon otras peores. En ese caos político de la época, Tsvietáieva perdió a una de sus hijas, Irina, quien murió de hambre en un orfanato al pensar ésta erróneamente que al dejarla allí tendría una oportunidad de subsistencia básica que ella no podía ofrecerle, debido a las penurias a las que estaba sometida por el simple hecho de ser considerada sospechosa por estar casada con un oficial del Ejército Blanco del Zar.

Uno lee referencias de una historia de vida como la anterior y uno pudiera decir…eso es llegar al fondo, sin dignidad, sin recursos, sin trabajo, sin familia, a expensas de la caridad pública ocasional,  para finalmente concluir… “esto ya no soy yo” y ahorcarse en un sitio lúgubre a donde fue prácticamente execrada. Vuelvo entonces a la interrogante ¿puede decirse que en Venezuela llegamos al fondo?  ¿Cómo afirmar que no? ¿Cómo afirmar que sí? No comulgo con absolutos, solo puedo decir que cada venezolano de bien en estos momentos sufre su presente comprometiendo de esta forma su futuro, con una inflación desbocada, parálisis del sector productivo a niveles críticos que impiden la generación de empleos formales,  escasez de alimentos más básicos, enfrentar un mercado negro de comercialización de productos donde una simple transacción por algún alimento clave puede ser tomada como delito comparable al tráfico de sustancias estupefacientes, la ausencia de medicinas elementales para atender  afecciones comunes como simples resfriados o desarreglos estomacales  y ni se diga del repunte de enfermedades que ya se creían superadas como la malaria, la difteria y hasta la tuberculosis. Las enfermedades crónicas y las que representan un paso seguro hacia la muerte si no son tratadas adecuadamente, ocasionan igualmente un hueco emocional y angustioso para quienes las padecen.

Capítulo aparte para todo este desmadre es la delincuencia desatada a todo nivel, tanto el cuello blanco como el más oscuro, oprimen nuestras existencias, colocando la experiencia de vida en un análisis constante de riesgos ante cualquier actividad a realizar ya sea de trabajo o lúdica. El prodigio de esta tierra se ha venido manchando con el tizne de una bota militar aderezada con el cóctel ideológico de los fanáticos, de los que no crean nada innovador, que no producen para fundamentar soberanía alimentaria y de infraestructura, y lo más horroroso, que no fomentan la convivencia entre todos los habitantes de Venezuela porque ven un enemigo a combatir, que debe ser aniquilado, cuando tienen que lidiar con compatriotas que no comulgan con el  proyecto autocrático que pretenden imponer a como dé lugar.  La democracia para ellos es un simple rótulo, una etiqueta, una moda en el lenguaje…nunca una convicción.

Los alienados política y socialmente no razonan de manera asertiva, ven en la comodidad de los cargos que ostentan, en los contratos que suscriben, en la adhesión incondicional a la injusticia ¿la estabilidad? que les permite ser cómplices de tanto oprobio, erigiéndose en militantes de una causa fundamentada en el odio que más temprano que tarde les pasará factura, allí está la historia para ofrecer testimonios contundentes cuando se pretende permanecer en el poder a toda costa a expensas del porvenir de una nación. 

Hoy trato de limpiar  mi casa luego del asalto que fui víctima el día de ayer, partiendo de la analogía que escuché en un conocido programa radial a tempranas horas de la mañana de hoy. Es así que tal como unos delincuentes furtivos entran a tu hogar y violentan tus derechos más básicos, anoche tres gobernadores de estado y la máxima rectora de la institución electoral del país, se inmiscuyeron en mis más caras aspiraciones de cambio al atropellar mi lar, meterme momentáneamente en un sitio oscuro mientras saqueaban todos mis deseos de que esta situación tan penosa dé paso a otros escenarios más auspiciosos. Hay un espacio de turbulencia temporal que debo asumir, salgo del cuarto oscuro luego del saqueo, miro los destrozos, recojo los pedazos y el excremento,  gestiono una forma de duelo para encontrar en mi fuero interno el temple necesario para continuar. 

No hay de otra… 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Don Rafael





¿Por qué el “Don”?

Surgió espontáneo. No pretendo sugerir distancias, ni diferencias que puedan entenderse dentro de un lenguaje peyorativo, todo lo contrario, el personaje aludido me sugirió humildad en todo sentido, muy alejado de tratamientos especiales. Le conocí hace unos pocos días atrás y la conversación breve, de un instante,  movió internamente mi ser pensante y he aquí algunas palabras.

Don puede sugerir respeto y esa fue la inspiración principal que me sugirió su figura. Una figura que ví desde lejos caminar pausadamente y con una chispa en los ojos. Finalmente lo ví entrar al recinto anunciando su presencia con voz queda y a la vez decidida. Saludaba a todos con una sonrisa, satisfecho de haber llegado, de encontrar el espacio acostumbrado, de dar rienda suelta a la imaginación.

En la conversación inmediata luego de su arribo, resentía de una noche de sueño alterada, un dolor de espalda se empecinó con su humanidad, dolor egoísta y ajeno a la realidad de que perturbaba el tiempo de recuperar energías para la faena del día siguiente. Un tiempo de sueño que ya se presenta corto dada su edad, porque Don Rafael tiene 83 años. Su humanidad asiste todos los sábados a un taller de creatividad, allí le conocí, en un espacio que le ofrece libertad plena a la imaginación y que dirige una mujer a la que me unen recuerdos y experiencias juveniles.

Don Rafael me miró, nos conocimos, seguidamente en actitud desprendida, llena de mucho orgullo, compartió los trabajos que ha venido desarrollando cada sábado y que guarda dentro de una carpeta de cartón azul oscuro. Allí miré moscas, abejorros, follaje y una mariposa. Don Rafael es biólogo, los libros que le acompañaban ese día demuestran mucha experiencia. Además de dibujo me habló de sueños y el más inmediato es incursionar con pasión con la técnica del óleo, supongo que ya estará estableciendo directrices para ello. Manifiesta que sus hijos, arquitectos ambos, demuestran habilidades extraordinarias para el arte del dibujo, no tenía por qué dudarlo dado el título profesional.  Con picardía señala ante el desconocimiento de su propio arte y el descubrimiento de un nuevo mundo que pretende vivir a plenitud, que ya entiende por qué ellos poseen esas hermosas competencias. ¿Tienen a quién salir? Es la interrogante obvia ante la anécdota compartida.

La mujer amiga de mi juventud abrió las puertas de su taller, no solamente descubriendo paredes de colores, herramientas, utensilios, maderas, piedras, mesones expectantes y jardines abiertos a la experiencia creativa, sino también el sentir y experiencia de vida de sus estudiantes. ¿Las beneficiarias?  dos amigas foráneas muy cercanas que se atrevieron a desafiar sus hábitos y entorno cercano, que solo pretendían mirar otra forma de hacer las cosas en un país que pareciera rendirse ante la barbarie. No es así, Venezuela resiste en muchos rostros, en el trabajo apasionado de mucha gente que siente que su labor diaria más que una profesión es una manera de vida, es una rebelión ante la imposición de lo oscuro, es resistir ante lo que pretende instituirse como indiferencia ante lo mal hecho, es enfrentar con las armas de la creatividad, el yugo de la indolencia.

Gracias Don Rafael, gracias a la mujer anfitriona, gracias a la mujer compañera… 


domingo, 17 de julio de 2016

‘Nos pasamos la vida buscando aquello que ya hemos encontrado’. TEM

Imagen: Fundación Tomás Eloy Martínez


Tomás Eloy Martínez TEM, periodista argentino, excelso escritor, de esas personalidades que no deberían dejar el mundo tan pronto aun cuando la edad biológica finalmente se imponga, aunque es necesario destacar que en su caso fue una “insolente enfermedad” la que impulsó de manera cruel su definitivo adiós. Sonará a comentario que denota una injusta exclusividad ¡y qué le voy hacer! Así lo siento…siempre será muy pronto el alzar vuelo con destino impreciso e indeterminado en estos casos, de gente tan gente con una esencia humana indiscutible. Tengo que expresarlo así porque existe en este mundo loco de por estos días, demasiado ser malvado que vocifera, que grita estridente, que atormenta con su accionar y personas como TEM atenúan esa distorsión acústica cuando uno se refugia en el mundo de sus ideas.

Recuerdo en este momento que tengo por allí guardada en un archivo Word, la emotiva carta póstuma que dedica a Susana Rotker, su esposa, cuando ésta fallece debido a un lamentable accidente de tránsito (fue atropellada estando él a su lado). También guardo por allí un escrito muy sentido de la periodista e igualmente escritora venezolana, Mirtha Rivero, quién en uno de sus artículos publicados en Prodavinci, le rinde un hermoso homenaje a TEM cuando compara uno de sus libros "Lugar común la muerte" con la experiencia de Aureliano Buendía al descubrir el hielo (desde ese momento ando en su búsqueda, en la del libro, infructuosa por cierto, hasta los momentos).

Ese libro para Mirtha es algo así como la anunciación ante un hecho que es sublime, extraordinario, fuera de serie. Para mí, TEM no había pasado más que como simple referencia, al ser uno de los directores del Diario de Caracas cuando vivió en Venezuela huyendo de la ignominiosa dictadura argentina a mediados de la década de los setenta del siglo XX.

Leer estos testimonios y una que otra alusión de terceros cambió totalmente mi interés hacia el ser humano que fue y su obra.

Hoy tengo tres libros que le nombran, dos novelas "La mano del amo" y "El vuelo de la Reina", el otro es "Ciertas maneras de no hacer nada", este último recopila textos que delatan la mirada del escritor hacia nuestro país, como un reconocimiento genuino de la Editorial La Hoja del Norte al aporte que este ser humano le brindó al periodismo venezolano.
Tantos libros, tan poco tiempo, acabo de darme cuenta que ya había comenzado la lectura de esos textos, solo que cada libro reclama su tiempo particular y es posible que no sean solamente estos tres.

Un buen día el de hoy entonces para recordar a Tomás Eloy Martínez, acompaño este escrito con el enlace entrañable a un artículo publicado por la fundación que lleva su nombre, una buena oportunidad para conocer del personaje para quienes sea totalmente ajeno e igualmente está a disposición a continuación en letra resaltada dentro de este artículo, el sentido escrito de Mirtha Rivero.


Tomás Eloy y el hielo (Mirtha Rivero)


domingo, 1 de mayo de 2016

Suite Francesa

Imagen: Irène Némirovsky

Antecedentes.-


Gracias al escritor Mario Vargas Llosa conozco del pasar literario de Irène Nemiróvsky en este mundo, la referencia leída quedó en latencia en mi memoria y agradezco a quién todo lo puede, el privilegio de recordar y atesorar recuerdos que luego de forma maravillosa se develan en el presente a través del estímulo a algunos de mis sentidos. En este caso fue una imagen y el título de su contenido, el gatillo que disparó reminicencias y consecuentes acciones.

El asunto fue más o menos así, en una conocida red social que recopila imágenes de todo tipo, uno de mis contactos, dedicado a la promoción y venta de libros de segunda mano (en muy buen estado) coloca dentro de la oferta del día la imagen de una publicación que inmediatamente llamó mi atención desde el título y el nombre de la autora. No sabía precisar bien al momento de recorrer la imagen, qué atraía mi interés, tomando en cuenta que no era un nombre familiar y mucho menos el título de la novela. Seguí ese impulso interno que en ocasiones me asalta y sin dudarlo dos veces, contacté al administrador de la página para apartar el ejemplar en cuestión a través de la transferencia en línea correspondiente, ya que tomando en cuenta que siendo víspera de semana santa, debería esperar al menos unos cuantos días para recibirlo, dado el paro laboral impuesto en Venezuela por esos días.

Como ya indiqué, no dudé ni un momento en realizar la compra, sin embargo me seguí preguntando el por qué de esa súbita acción, ¿qué tenía ese libro de especial para llevarme a adquirirlo sin mayores titubeos? y es cuando así, de repente y sin más justificación que un leve pensamiento, vino a la mente Don Mario. Sentí un ¡eureka! contenido, me levanté de la cama y corrí a la computadora, le dí mil gracias a ese maravilloso mundo de la web y con las palabras claves pude develar todo el misterio de mi impulso.

En agosto del año 2010, exactamente un domingo 22, una de mis columnas de obligada lectura dentro de la edición dominical del diario venezolano El Nacional, era precisamente la de Vargas Llosa, ésta en particular, titulada “Bajo el oprobio” (1) recuerdo haberla leído y releído con especial fruición, no sé, la historia de vida de una escritora rusa que exponía allí el autor, llamó poderosamente la atención de mi ser lector porque en ese momento solo pensaba, que dada la disminución en la oferta de libros que ya demostraba el país para esa fecha, impediría que pudiera tener en mis manos un ejemplar de lo que allí se referenciaba. La biografía sintética de Némirovsky expuesta en los párrafos del artículo, movieron fibras internas, tanto así, que se alojaron de alguna manera en mi cerebro, quedando en un estado de latencia como ya referí con anterioridad, que permitieron que a la luz de la imagen vista en el presente, toda la memoria de ese hecho pudiera demostrarse de alguna manera. 

Pasaron seis años entonces para satisfacer una inquietud sobre el libro en cuestión. 


La novela.-


No cuento con herramientas adecuadas para la crítica literaria desde mi formación académica, y lo digo de esta forma, dada la importancia que le doy a la lectura hecha luego de conocer algo de la vida de la autora y el sentir existencial que caracteriza a la obra, sin embargo, para cualquier escritor me parece que siempre será importante conocer el impacto que tiene en las mentes de sus lectores las figuraciones de vida que trabaja desde símbolos propios dentro del lenguaje utilizado. Leo desde la distancia de los hechos planteados por esta novela y me encuentro con tantas analogías en el presente, que parezco estar inmersa de una manera muy contemporánea,  en los hechos narrados en esa primera mitad trágica del siglo XX para el continente europeo. Es una suerte de pareceres y posturas en las reflexiones propias de los personajes a medida que avanza la trama, que encuentro anuncios permanentes de una repetición de formas y significados en el presente que rodea a mi país.

Para Guillermo Sucre (2), conocido y experimentado crítico literario,  una obra como acto creador es signo y símbolo ¿qué quiere decir esto? Dentro del lenguaje que expresa a lo que se lee, existe una intención muy personal del autor de develar una realidad que le inspira y que en algunos casos le sobrecoge igualmente.  La palabra como vehículo demostrador, exhibe un mensaje que el lector descubre a medida que avanza en la lectura, el punto es de qué manera los hechos narrados presentan coherencia, pertinencia y revelación.

Leer es una forma de apropiarse del mundo y en este caso debo reconocer que a medida que transcurría el pasar de páginas de esta suite, tuve la sensación inequívoca de compartir con Irène la cruda realidad de sus personajes, el cataclismo del entorno, la exposición de las más íntimas miserias ante el drama humano de la segregación, la intolerancia y la soberbia. Suite Francesa es una obra inconclusa y revela la angustia de la escritora de no disponer el tiempo suficiente para acabarla tal como efectivamente sucedió. Irène es meticulosa al planificar la historia, define sus personajes, los desnuda en capítulos numerados de lectura para luego progresivamente vincularlos en una suerte de hechos que le van dando forma y presencia a las situaciones allí planteadas. ¿Qué significó la invasión alemana a Francia durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial?

La pregunta anterior pudiera tener respuesta en los libros de historia que exhaustivamente narran cronología de hechos, ahora, y traigo a mi mente en este momento lo expresado por el prologuista Luis Mateo Diez de esa obra universal como lo es Madame Bovary, quién en una de las tantas ediciones que pueden existir de esta novela de Flaubert, expresaba que conocer la realidad de un hecho histórico puede revelarse a través del discurso del historiador, que en su esencia solo pretende exponer la realidad del hecho en su totalidad ahora, ¿es suficiente? ¿cómo sienten los personajes? ¿qué les anima más allá de las convenciones sociales de la época,  el rigor que impone la ideología política del momento o la barrera de los prejuicios morales? Emma Bovary es claro ejemplo de cómo una mujer enfrentó la época que le tocó vivir y el destino personal construido a partir de una serie de decisiones que solo pretendían darle vida a su existencia, una vida que se volvió pesada, conflictiva, en la trampa de la ilusión forzada, todo esto por supuesto pasa factura y debe sucumbir a  una determinación fatalista. Fue su realidad histórica.

Valga la digresión literaria para explicar que en el caso de Irène, los personajes construidos en su historia son un pedacito de ella, supongo que para cualquier escritor debe ser así, es posible que mi indicación sea pueril desde esa perspectiva, solo que en el caso de la escritora rusa (nunca pudo obtener la nacionalidad francesa para su desgracia) tiene una connotación dramática porque es el reflejo de la realidad que le circunda en el tiempo histórico que le tocó vivir. La familia adinerada, el matrimonio de clase media con un hijo único en la guerra, el soltero de solvencia económica apegado a sus pertenencias, el escritor que protege el manuscrito literario de recién factura y el estilo de vida que le otorga la intelectualidad, la chica de campo que alberga al soldado herido, la madre amargada y furiosa ante el invasor alemán que irrumpe en su espacio doméstico, la mujer, simplemente la mujer que abraza la posibilidad amorosa desde la inconveniencia de estar en bandos contrarios, en fin, un caleidoscopio de emociones, pensamientos, acciones, situaciones y circunstancias que son hilvanadas y entrelazadas de manera magistral.

Como la novela en este caso es un artefacto inconcluso, queda a imaginación del lector rellenar espacios de vida en suspenso para algunos de los personajes, concluir futuras realidades a la luz de los acontecimientos conocidos, unir retazos de existencias partiendo de algunas anotaciones escritas por la propia escritora como una manera de trazar una hoja de ruta para la historia. Es en estas anotaciones colocadas al final de los dos grandes bloques que componen la novela (Tempestad en junio y Dolce) donde el lector puede experimentar el desasosiego de la autora:

Cuidado con el peligro:  olvidar las modificaciones de los caracteres. Evidentemente, el tiempo transcurrido es corto.  Las tres primeras partes , en cualquier caso, solo cubrirán un espacio de tres años. En cuanto a las dos últimas , es un secreto que solo Dios conoce y por el que yo pagaría lo que fuera. Pero, debido a la intensidad, a la gravedad de las experiencias, es necesario que las personas a las que les ocurran esas cosas sufran cambios (…)

En Suite Francesa, Irène se lamenta de sus pocos conocimientos en el tema académico de la música, asemeja este trabajo tan ambicioso a una especie de sinfonía con los movimientos propios que le otorgan la fuerza necesaria a los acontecimientos que desarrolla en la historia, duda, arremete a instantes con la determinación de ciertos episodios, sin embargo está conciente de su limitación:

Si supiera más de música, supongo que eso podría ayudarme. A falta de la música, lo que en cine llaman ritmo. En definitiva, preocupación por la variedad, de un lado, y por la armonía, del otro…

Como lectora ha sido toda una experiencia esta novela, que pudiera calificar de sentida, emotiva, plena de ritmos en imágenes que lograban yuxtaponerse a este presente que vivo. Algunos pasajes de la historia  iban al son de lo que ha significado la intolerancia contemporánea dentro del territorio que habito, es precisamente ese “drama de la intolerancia” como cita explícita que ofrece una elocuente apertura a las páginas que están por venir. Considero oportuno indicar también que ese drama a través del tiempo se amolda, muta, evoluciona, se multiplica, avanza rastrero entre las piernas de las masas subyugadas, tal como un inocente gatito que les recorre con su pelaje, llevándolas a un paroxismo que significará su anulación progresiva, por supuesto, el que disiente estará inevitablemente segregado y el que no cabe en el molde diseñado en la rigidez del pensamiento totalitario y excluyente  está condenado a la fatalidad, a la desaparición, a la reducción total en cenizas. 

En cualquier tiempo el drama de la intolerancia cuando se fija en las mentes de los vulnerables, develará su siniestra cara, asomando afilados dientes, apropiándose de lo más preciado del individuo…su dignidad.  Concluyo con la autora:

2 de junio de 1942 - ¡Empezar a preocuparme de la forma que tendrá esta novela una vez terminada! Considerar que todavía no he acabado la 2da parte, ¿que veo la 3ra? pero que la 4ta y la 5ta están en el limbo, ¡y qué limbo! Están realmente en las rodillas de los dioses, porque dependen de lo que pase. Y los dioses pueden divertirse poniendo cien años de intervalo o mil años, como está de moda decir: y yo estaré lejos. Pero los dioses no me harán eso. También cuento bastante con la profecía de Nostradamus.
 1944 ¡Oh! ¡God!


Imagen: Manuscrito de la obra Suite francesa

(2)Diario El Nacional. Papel Literario. La crítica como pasión y aventura. Domingo 2 de junio de 2013. P.5

martes, 22 de marzo de 2016

La lectura que seremos...

Imagen: "Survivor" Tommy Ingberg

Parafraseo con el título señalado en este post, al escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, en su emotivo libro “El olvido que seremos”. El ejercicio no tiene más ánimo que responder a una interrogante que me ha venido rondando desde hace algunas semanas luego de leer testimonios biográficos e historiográficos de nuestro país en otros contextos de tiempo y espacio. Esa interrogante que me ronda se refiere a cómo seremos leídos en el tiempo donde nuestra presencia sea una borradura (otro préstamo literario) y hasta un posible olvido dentro de este brumoso tiempo que ha marcado una anacrónica revolución. Cuando en otros países este sistema de ideas ya había sido sentenciado, aquí en Venezuela una izquierda añosa, pasada de moda y con unas ínfulas de poder muy grandes se aliaron en el hombre de armas por allá en la década de los noventa del siglo pasado, para insuflarle vigor a un antecedente que ya era común dentro de los cuarteles, subvertir el orden constitucional para sabotear el ejercicio de poder de los civiles. Con todo eso en mente, todo lo demás es historia presente. 

Por lo demás, no todos seremos recordados, luego de que las generaciones por venir vayan transitando caminos impenitentes, la mayoría por ley natural nos convertiremos en desconocidos personajes, indefinidos, porque el libro de vida de generación en generación va perdiendo su nitidez en el tiempo.

Existe un dicho lapidario que reza, “la historia la cuentan los vencedores” y uno al escucharla o leerla, queda con un dejo de resignación impuesta, que desubica la necesidad de escuchar voces que desde ese aparente fracaso quedan silenciadas en el túnel del tiempo. Otra interrogante que agrego a este escrito es esta ¿qué pasó con las voces ciudadanas, civiles, dentro de la sociedad colonial, que pudieron rechazar, por ejemplo, el proceso bélico independentista que propuso Simón Bolívar en su época? ¿por qué los libros de historia no refieren nada de estos testimonios? ¿no existieron? ¿no hubo tiempo y disposición para albergar dudas sobre esta temeraria empresa? ¿las condiciones históricas y sociales de los acontecimientos de la época no pudieron albergar aprensiones en relación a que la única salida para esta separación de la monarquía española tenía que ser el conflicto bélico? 

Ana Teresa Torres en su libro “La Herencia de la Tribu” en el capítulo de inicio, parte de un ejercicio reflexivo propuesto por el político y abogado venezolano ya fallecido, Ramón Escovar Salom, que a la luz de lo ya acontecido puede parecer inútil, no creo que sea así y la misma autora lo reconoce, sin embargo no deja de ser un ejercicio de imaginación interesante…

   ¿Qué hubiera sucedido si la idea del ilustrado conde de Aranda, ministro de Carlos III y Carlos IV, de crear una suerte de commonwealth con las naciones americanas hubiese tenido éxito? 

Lo imagino y me extasío en un escenario donde toma parte el diálogo entre las partes involucradas,  donde una de ellas (la sociedad colonial) expone su inconformidad al no ser reconocida en el Estado Español, que solicitan formalmente una enmienda a la Constitución de Cádiz de 1812 donde todos los nacidos en América, incluidas las personas provenientes de África estuvieran equiparados en derechos con los peninsulares. Este ejercicio hacia atrás en el tiempo ofrece otra perspectiva, tal como lo refiere Torres en su libro, tomando como base la opinión de Escovar Salom, donde a juicio de éste último el conflicto bélico para dirimir esta inconformidad habría pasado a segundo plano, abriendo otro escenario futuro alejado de éste, donde una separación gradual y pacífica de estas Repúblicas que desean ser independientes del poder monárquico español estaría perfectamente en el tapete diplomático. ¿Ingenuidad, exabrupto engañoso? El ejercicio que se propone a estas alturas de los tiempos y después de tanta historia corrida, no tiene más intención que destacar la posibilidad de desligar esa ecuación maliciosa que vincula por estos predios a toda Independencia con la guerra y que como bien expresa Torres está “soldada en nuestro imaginario”.

Volviendo entonces a la idea planteada más arriba acerca de si existieron voces que desde el anonimato pudieron no estar de acuerdo con la separación de nuestro país de la monarquía española, puede que esté equivocada en ese sentido en cuanto a que sí existen esos testimonios,  sin embargo solo puedo traer al presente lo referido en algún escrito cuya autoría no recuerdo con claridad, que señalaba a la hermana del Libertador María Antonia Bolívar Palacios, como uno de esos personajes contrarios a las pretensiones separatistas de su hermano.

Entonces vuelvo a la interrogante curiosa ¿cómo nos leerán en el futuro? ¿cómo interpretará la historia este estropajo de país en un momento histórico presente tan trágico para los destinos de la nación?  ¿cómo los vencidos de las elecciones presidenciales del año 1998 podemos esgrimir argumentos y testimonios férreos que resistan el devenir del tiempo, donde la escritura o la voz almacenada, contribuyan a elevar nuestro desagravio, cuando alertamos lo más que se pudo a todos aquellos connacionales que sintieron  la oportunidad de cambio en la figura de un militar y para más golpista? Este espacio y muchos otros son testimonio de ello, así como los ríos de tinta que circulan a través de libros, artículos y ensayos.

El punto es que no tengo claro en este momento, cómo a través del tiempo superaremos como nación, esta cultura de la soberbia y la arrogancia a través de una bota militar que asoma en las mentes de muchos, que concluyen que la solución de todos nuestros males está en el conflicto armado, el arrebato a la fuerza de la institucionalidad, el desprecio a las prácticas que establece la constitución para el equilibrio de poderes, la imposición de verdades absolutas, la negación del consenso y la conciliación. 

Siento que ese periodo que se tiñe de dorado para muchos, me refiero al periodo posterior a la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, donde el modelo político se caracterizaba por la democracia representativa, no lo fue tal, todos y cada uno de los políticos que gobernaron al país en sus respectivos ejercicios presidenciales, estuvieron amenazados por la conjura militar, incluso uno de ellos figuró en un plan siniestro de asesinato al estilo Anwar El Sadat, el presidente egipcio asesinado a principios de la la década de los ochenta durante un desfile militar (por si acaso, no me refiero a Rómulo Betancourt), en ocasión de la celebración de esas fechas patrias que tanto gustan ensalzar por estos lados. 

Es así que el revanchismo de algunos en el sector civil y la renuencia del verde oliva a ser dirigidos por civiles, ha conformado un caldo pernicioso de ambiciones, traiciones y trampas. La puñalada trapera siempre estuvo a la orden del día en los cuarteles, en algunos casos ya era ejercicio común dentro de las prácticas que se cumplían dentro de la institución de formación militar. Con el dinero de todos los venezolanos se sufragaron en esos cuarenta años de bipartidismo político, rebeliones, adoctrinamientos ideológicos  en Cuba, Irak y Libia, además del continuado menoscabo al erario público al momento de adquirir armamento o equipos miltares para las distintas fuerzas, donde la transparencia por lo general en esos asuntos no fue la moneda corriente. Práctica última que se arrastra desde comienzos del siglo XX.

Todo lo expuesto en el párrafo anterior no ha hecho más que reafirmar la animadversión que desde muy pequeña, siento hacia la fuerza militar. Entiendo que no puedo generalizar, tengo gente querida que se formó allí y que no comulga con estos criterios de ambición de poder, sin embargo debo reconocer que son muy pocos, de lo contrario la inestabilidad de los cuarteles y la ebullición constante de los conjuradores a lo largo de nuestra historia ¿republicana? no habrían encontrado campo fértil para sus lamentables argucias y desvíos golpistas. 

 A criterio de la abogada y escritora venezolana Thays Peñalver, autora del libro “La Conspiración de los 12 golpes”, un estudio científico basado en documentos y material videográfico de los hechos que desembocaron en la ascensión al poder de Hugo Chávez Frías, los militares venezolanos en su gran mayoría son “políticos armados”, unos políticos camuflados por la conjura y la ambición de poder, que abrigaron la instrucción militar como el medio para de una manera rápida ascender dentro del estatus social tal como ocurrió en la época de los héroes patrios, con el añadido de hacerse del control del estado por la fuerza, subvirtiendo el orden establecido e imponiendo desde la corriente ideológica que los domina, el cobro de una factura que data de la época independentista, una gesta libertaria que siempre estará inconclusa y por hacerse, porque Simón Bolívar es la figura comodín que justifica revanchas, rencores y resentimientos, al reconocerlo siempre como el héroe traicionado por unos hijos torpes que nunca estarán a la altura de sus hazañas.

Puedo concluir de forma muy particular que esto es un lastre muy grande para cualquier país,  una carga que necesita ser reconocida en su justa dimensión para administrarla desde la acción del desahogo, el dejar ir, el disminuir, el tirar por la borda tanto delirio desbordado que ha ido mutando en peligrosos cultos a la personalidad. Un peso que ha sido impuesto por una historiografía que pretende obligarnos a una filiación de carácter y compromiso  para ser reconocidos en este país. “Todos somos hijos de Bolívar” gritan desaforadamente algunos y algo dentro de mí se quiebra cuando escucho semejante arenga. Me niego rotundamente a esta filiación, sé cuáles son mis raíces y las referencias a los héroes de batallas en campo abierto en tiempos inmemoriales, no forman parte de mis coordenadas de vida aunque sí puedan ser eso,  mis referencias, nada más.

Leo la historia de mi país y la alusión principal es un héroe bélico y sus acompañantes, no puede existir testimonio de ritmo vital en la patria si éste no es engendrado por la sangre derramada de los próceres independentistas o por el ideario político del Libertador. El ciudadano de a pie, el que transita el territorio nacional desnudo de proezas épicas es observador ajeno y sumiso ante el poderío de estos hombres extraordinarios, es por ello que sigo preguntándome ¿lo superaremos algún día? Cada plaza importante de las ciudades de mi país niegan esa posibilidad, el signo monetario lleva el nombre del guerrero nacional, una moneda que ahora se arrastra ante el atropello continuado de un gobierno irresponsable y errático. Los monumentos de importancia, la infraestructura que edifica a las ciudades en algunos casos lleva igualmente el nombre de este padre de todos. ¿Es lógico concebir un país así?

Me resisto a ello, insisto en la civilidad, en el aporte del ciudadano común que debe enfrentar el desafío histórico de construir una historia alejada de batallas e incursiones guerreristas, esa perenne batalla donde la acción principal es imponerse al otro a través de la fuerza de las armas, solo analicen las consignas de los medios públicos de información, secuestrados por la barbarie del proyecto político bolivariano, para confirmar esto. 

Creo en la palabra justa, creo en el mensaje que promueve a la creación, creo en la idea que lacera muros inflexibles, creo en el intercambio productivo de posturas y pareceres, creo en el conocimiento, creo en el esfuerzo concentrado para desplegar potencialidades y fortalezas para resolver nuestros grandes problemas nacionales desde la convocatoria a los más preparados para ello. Creo en el individuo como hacedor de su destino.

Venezuela ha engendrado a innumerables “héroes civiles” que no son propiamente héroes, porque al héroe le acompaña una condición sobrenatural que contradice a la humildad del hombre que no aspira a tales pretensiones. Entonces ¿cómo le llamamos? ¿es necesario etiquetarlo? Es posible que no, solo destacar a ese civil, a ese ciudadano consciente de su responsabilidad personal, de su compromiso existencial hacia una causa ajena de rigores impuestos a una celebración del ego, un venezolano, solo eso, que sin la necesidad de esgrimir un arma para intimidar, puede conquistar espacios de trabajo profesional, sin pretensiones de adoctrinar ni sojuzgar. El legado de estos venezolanos es indiferente a los poderosos que nos gobiernan en este momento, solo idolatran a ídolos vacuos que pretenden pasar a la historia como “los vencedores”.

Quiero ser leída de otra manera, no deseo entrar en esa masa informe que peyorativamente llaman “pueblo”, donde los derechos son condicionados a las pretensiones de un proyecto hegemónico que solo desea satisfacer apetencias revanchistas, que amparados en una ideología pasada de moda, oprimen las esperanzas de millones de venezolanos con acciones y verbo que ya avergonzarían a la tan desgastada figura del Libertador. La delincuencia desatada e inmisericorde, esa que pone en peligro la integridad de cuerpo y alma, tiene algunas de sus raíces en toda esta alegoría permanente al atropello y a la violencia.

Mi rechazo es a esos revolucionarios históricos que han venido torciendo con el apoyo de sectores importantes de las fuerzas armadas nacionales, el curso sosegado de una nación hacia el progreso y la modernidad, con el desgastado pretexto de ser los propietarios de una verdad independentista que solo les impulsa a tomar el poder para luego detentarlo desde el autoritarismo y la ferocidad. Sus discursos son elocuentes, sus acciones les delatan. El proyecto revolucionario que nos asfixia ascendió al poder a través de un proceso democrático donde la independencia de poderes establecía los controles correspondientes. Esto duró poco, los revolucionarios han venido cambiando  las reglas del juego a conveniencia y blindándose para repeler lo que pudiera gestarse en su contra, ya que la idea no es servir al país sino  ahogarlo, pasarle por encima, conculcar al espíritu de la democracia.

Tenemos en este momento el gobierno del oprobio, contribuyo con mi escritura a dejar este testimonio, porque a pesar de que existe una mayoría que rechaza el status quo imperante, la anomia que envuelve el tejido social de la nación,  ha impedido que una fuerza imparable de voces clamando por toda esta injusticia, arrastre las ínfulas de los sátrapas.

Desde esta trinchera insistiré una y otra vez en mi rotundo rechazo a lo que pretende instituirse como la voluntad de toda una nación que siente como el futuro le es cercado por ese oprobio.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Disposición


Imagen: Strenght - Tommy Ingber


Estar dispuesto es observación y atención, que llevadas de la mano por una acción que se encamina a un compromiso con algo o con alguien, trae como frutos un resultado que se anhela de manera muy sentida. Tener disposición es estar prestos al movimiento no solo de traslados físicos sino también a la renovación de esquemas mentales o de paradigmas ya suficientemente consumidos. No es tarea fácil, porque puede tentar la procrastinación como hábito incesante o el descuido flagrante al no prestar la mirada detenida y suficiente ante los detalles que se presentan ante nuestros sentidos, detalles que fungen como señal de alerta que previenen ante desviaciones importantes en el camino trazado.

Finaliza en unos días un nuevo periodo de doce meses, verdad pueril dictada por el calendario de turno, porque en su avance, el tiempo continúa impenitente y en mi sentir particular, va raudo, veloz, despeinando certezas y tambaleando precisiones. No es el mismo espacio de tiempo el que morirá en unos días, ni se comparará en lo absoluto con el que vendrá, aun cuando los segundos, los minutos, las horas, los días, y los meses se llamen igual. Está claro que se repite un ciclo de nombres más no de experiencias y allí está el gran desafío. Como bien lo expresa Linier, el próximo año será en resumidas cuentas el equivalente a 365 oportunidades, todas allí dispuestas a ser tomadas, acariciadas, vividas y hasta amadas. La decisión es nuestra.

Hago toda esta introducción con el fin último de familiarizarme con la idea de que cada vez que llego a un escrito de este tenor en el blog, estoy reafirmando de alguna manera mi existencia, que  transito un camino particular donde mi ser interior se atiborra de vivencias con cada acompañamiento, con cada saludo, con cada palabra leída y escuchada tanto desde el afecto como de la tropelía, con cada manifestación de aprecio y cariño ante encuentros fortuitos o planificados, con cada expresión de mi ser profesional, con cada expresión de mi ser personal.

Dentro de la reafirmación ya mencionada debo reconocer que este 2015 fue generoso en dos aspectos mencionados más arriba, lo personal y lo profesional. En este ciclo de doce meses enfrenté etapas que ameritaron mucha disposición de  carácter y perseverancia, así como momentos que ante la incertidumbre y la duda, al final comprendí que el apoyo y la compañía sólida, nutritiva y desinteresada, son activos que no necesitan exhibir grandes presentes materiales o importantes cifras en una cuenta bancaria. Ya lo dijo  Antoine de Exupery en ese relato maravilloso de su autoría llamado El Principito… “sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos..."

Escribir puede ser algo esencial y aun cuando la palabra escrita no es en principio invisible al ojo a menos que embargue la ceguera, su interpretación interna, lo que ocasiona y mueve hacia el fondo del ser lector, es propio y personal, por lo tanto no tan evidente. Hoy quiero con este escrito hacer honor a todos esos notables artistas de la palabra que me acompañaron durante este periodo de doce meses, porque por esta misma fecha del año anterior me disponía a vivir un periodo de tiempo a plenitud, donde la pérdida de la inocencia ante ciertos asuntos fuera inevitable, donde enfrentar todo el hecho real con sus consecuencias sería el norte, me parece que en ese objetivo avancé y mucho, dí pasos de gigante, enormes y a pesar de los “peros” consabidos y que no me gustan, debo utilizarlo para señalar que todavía resta mucho más ante el camino que es incertidumbre. ¿Qué depara el 2016? Oportunidades sí, muchas oportunidades llenas de desafíos e importantes retos.

Agrego también que continúa el ejercicio de “perder la inocencia”, de no temer ante el fracaso, de no sentir vergüenza ante el desnudo de mis ideas, que no persiguen más que afirmar mi postura y posición en el mundo, de una forma honesta, clara, sin atropellos y con altas dosis de humildad…apuesto por ello, que no lo olvide, que siempre esté presente en cada encuentro o espacio donde deba propiciarse un debate sano y enriquecedor. Esto último se ha olvidado de un modo lastimoso en tiempos tempestuosos, el panorama que se cierne sobre el país político obliga a recuperar el provechoso debate de las ideas.

El 2016 obligará a todos los ciudadanos de bien de este país a encontrarse consigo mismos, a reafirmar y confirmar lo que una mayoría manifestó como voluntad para regir los destinos de uno de los poderes que rige a la nación. No es mi intención en este escrito hablar explícitamente de política, sin embargo es inevitable una tangencial referencia porque lo que viene por delante ameritará sacar lo mejor del temple que nos compone para así avanzar de manera decidida en la construcción de algo que sea mejor, mucho mejor, a lo que hemos estado viviendo en estos últimos años. Sobre este particular bastante por reflexionar, las lecturas de estos últimos meses han servido de luces, pequeñas linternas que han puesto claridad en algunas inquietudes que me asaltan y hasta acongojan. 

Es así que conocerme un poco más es retribuir mayor comprensión al mundo, la lectura es factor primordial en este conocimiento, por lo tanto el más grande ¡viva! a los libros y a los correspondientes autores que estuvieron acompañándome de manera abierta durante este 2015. Por cierto, en un libro que leo en este momento y que abordé con muchas preguntas luego de leída su sinopsis, me inquietaba sobre manera la palabra insistente que nos aborda perseverante en nuestros pensamientos y en los labios … “crisis nacional”, destaco por ahora dos ideas que es posible amplíe en un próximo escrito luego de finalizada la lectura (1):

“…ofrecer un diagnóstico más orgánico sobre nuestro estado de crisis nacional, quisiera también llamar la atención sobre la radical profundidad de nuestro conflicto moral, y sobre la iniquidad que nos conduce como sociedad a una agonía insoportable, interminable.”

“Pero no sobrevivirá la democracia si no se encamina hacia su objetivo esencial: la constitución y el fortalecimiento de un espíritu republicano. Como no sobrevivirá la república sin un nuevo contrato de ciudadanía, en el marco del cual la identidad ciudadana dependa de una libre aceptación de las normativas que regulan el esfuerzo creativo en el espacio y en la historia de todos, en detrimento de un pacto obsoleto de ciudadanía que privilegia aún las figuras aparentes de la emancipación educativa y de la pertenencia patriotera…”

La pregunta sigue rondando…¿estamos dispuestos a asumir de una vez por todas el apelativo de ciudadanos? Ahora más que nunca en Venezuela esta inquietud toma relevancia, no será de un día para otro, no importa, lo importante es tomar conciencia en ello, 112 individuos nos ofrecen otra perspectiva en este objetivo, para el próximo periodo. Espero que comprendan el momento histórico de su elección y que demuestren en consecuencia todo lo que se espera de ellos...firmeza, determinación, diálogo y el olvido necesario a agendas ocultas.

Feliz 2016 a todos los que visitan este espacio o a cualquier lector desprevenido que haya aterrizado en estas páginas. Aprecio infinito…




(1) Pérez Oramas, Luis. La República Baldía. Crónica de una falacia revolucionaria (1995-2014). La Hoja del Norte. Caracas. 2015.
Pág. 15 – pág. 19


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Mirar a las víctimas...




No sé, es así, llevo semanas con ideas raudas en la cabeza, eso no es extraño en mi caso a decir verdad, el punto está que tratando de atraparlas o como una manera de fijarlas dentro de mi ser pensante, recurro a una libreta de anotaciones o a un papel cualquiera que tenga a la mano, para dejarlas allí hasta que un repaso me permita nuevamente reconstruir argumentos coherentes o al menos que tengan un significado.

Extrañamente no he podido hacerlo, las ideas pasan, me miran, se sonríen, dan vueltas, se exponen, algunas son francamente hermosas, con las palabras en su justa expresión, otras son grandilocuentes, ampulosas o en contrapartida, son tímidas, humildes, hasta recelosas, sin embargo, las dejo ir y me someto al designio de un retorno imprevisto o de un reencuentro oportuno a alguna circunstancia.

Hoy es un día de esos donde busco reencuentros, coincidencias y siento que es un esfuerzo importante el que me embarga. En estas últimas semanas he leído mucho, sin descanso, como en una suerte de escape, como una distracción, como una forma de viajar al interior de mi ser acompañada de distintos autores y ha sido fantástico, aunque debo reconocer que no dispongo de todo el tiempo deseado, no importa, suscribo de alguna manera esa afirmación de que leer es una forma de habitar el mundo y en ese mundo trato de reconciliar mis temores con mis voluntades, mis debilidades con mis fortalezas, mis prejuicios con la espontaneidad. No es fácil, no es expedito, el fardo que llevo a cuestas…cuenta. Mi equipaje, mi mochila, mi maleta personal, está allí, conmigo, siempre dispuesta a develar ropajes magníficos como algunos harapos, hilachas de tela.

¿Por qué “mirar a las víctimas”?


Dentro de tantos artículos y reseñas que he leído en las últimas semanas es difícil no sentirse atrapado por la realidad política de mi país, Venezuela. Este territorio que nunca he comprendido y que acepto como el lugar que lo desconocido decidió que fuera mi origen, es una tierra de marcados contrastes. No digo nada nuevo. No solo es la geografía del territorio que lo compone sino lo que ha sido la construcción de una identidad como individuos desde que fuimos reconocidos por el conquistador extranjero. Nuestro ritmo vital, nuestra cultura es un abanico que nos airea y nos recrea, pero, ese feo “pero” se atraviesa y no encuentro como administrarlo de forma adecuada.

En uno de mis escritos anteriores comentaba que todo este proceso político, social y económico que experimentamos y que padecemos además en este momento, se entromete de una forma vulgar y grosera en nuestras vidas, a diario, de forma constante, sin atenuantes y sin contemplación. Esto nos ha roto, nos ha fracturado por dentro y esos pedazos no han hecho más que lacerar nuestras expectativas, nuestra vista hacia el paisaje externo. Todo es aprensivo, todo es atemorizante y no es una simple percepción. Cualquier persona que tengo a mi lado en un sitio público es un potencial victimario. Esto, lamentablemente ha develado nuestra parte más fea como ciudadanos. No entendemos realmente qué es un ciudadano y así nos va. ¿Realmente somos víctimas? ¿Qué es una víctima? El diccionario explica esto como una persona que es destinada al sacrificio o alguien que sufre las consecuencias de las acciones de un entorno adverso. 

Por otro lado, no quiero explicar a los victimarios, no quiero darles el mínimo chance de pasearse por mis letras, no los nombro, los proscribo desde esta página y es aquí donde puedo darme el lujo de que no tengan nombre sino una generalidad, funcionarios grises por ejemplo, opresores de la peor calaña pudiera ser otro, andantes desgraciados, vociferadores de la maldad…puedo seguir, no quiero, no es el interés de esta nota más allá de un pequeño desahogo. En algún sitio alcancé a leer “malditos bolivarianos” y me sobrecogí. El punto está que detentar el poder y el abuso consecuente del mismo es una monstruosidad y solo puedo mirarme en ese espejo de ignominia porque existe la posibilidad que reniegue de algo que me conforma…me atemoriza eso.

Nuevamente voy a las víctimas…traducidas en la ignorancia, la vulnerabilidad, la dependencia, la indefensión, la impunidad. Hoy mientras esperaba a alguien las observé todas juntas, en una cola humillante para comprar alimentos, en una cola para comprar un pasaje de autobús. Los rostros a tan temprana hora de la mañana solo reflejan resignación, cansancio, obstinación. ¿Estarán conscientes esos rostros de la manipulación del poder, de la falacia que acompaña el verbo de los poderosos, del insulto al intelecto que representa fijar nuestras aspiraciones como nación en el legado lacerante de los gritos de un finado? ¿Estarán conscientes? No lo tengo claro…el manoseo a nuestras debilidades ciudadanas ha sido francamente deplorable.

Miremos a las víctimas solicita el escritor, observemos los colores de los paraguas que se alzan en las colas interminables, sostenidos por manos que buscan habitar un espacio transaccional de comercio que humilla, miremos al oportunista que trafica con las miserias ajenas, busquemos la mirada del enfermo que deambula en la búsqueda del fármaco más caro del mundo…el que no se consigue. Veamos lo que refleja el rostro del joven sea estudiante, trabajador, empleado, rezagado, que no vislumbra un futuro espacioso dentro de este generoso territorio. Mirar, mirar…ver al anciano compungido cuando al mirarse en el espejo en la mañana no puede creer cómo los días transcurrieron tan rápido y que  el resumen de éstos solo sea angustia y desasosiego ante un futuro que ya no les pertenece y que se vislumbra sombrío.

Miremos, miremos de verdad a esos niños que en cualquier semáforo blanden botellas llenas de jabón para limpiar su inocencia, veamos al indigente, al desfavorecido, al venido a menos por circunstancias especiales. Todos tienen un espacio para sentirse pisoteados, porque eso es lo que fabrica el poder abusivo …víctimas…peligroso, hay que revertir esto, hay que reducir al monstruo que representa un estado pecaminoso y vulgar.

Podemos comenzar en unos días, desde dentro y hacia fuera. 

¿Estamos dispuestos?... 



viernes, 20 de noviembre de 2015

El golpe

                                                                                                                           Imagen: Distorsión
                                                                                                                                        Andre Kertesz

I

Siento el golpe y me quiebro
todo es instantáneo, súbito
corro presurosa, alguien se adelanta
quiere ayudar igualmente
el apoyo es nervioso, grita
todo es gestualidad.
¿Qué puedo hacer?
Arropa el silencio

II

Empieza el día en la cocina
llega una sombra
pregunta, indaga, suena incoherente
no lo noto, error monumental
solo el golpe
la puerta resuella
el piso como dura realidad

III

Lo miro y todo en su vista es abismo
el espasmo es la respuesta
el grito se ahoga en mi interior
busco escapar y no es posible salir
¿cómo huir?...imposible,
atrapada en el abismo
espero la luz, el sosiego.

IV

Con cada golpe
algo se rompe, se fractura
la inquieta vigilia estremece
envía guiños, desafía señales
conjuga ansiedades