Degustar ...


"La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar.
No es la mirada misma. "
Susan Sontag


Degustar, invita a saborear lentamente, permitir que el sentido del gusto cate diferentes sabores. Un poco más allá podría definirse como un deleite, una sensación de placer ante un estimulo gustativo, o también es un darse todo el tiempo necesario para apreciar intensamente algo que se percibe desde los sentidos.


Esta pudiera ser la descripción a utilizar para describir mi experiencia al leer el libro de Susan Sontag “Al mismo tiempo (Ensayos y Conferencias)”, no podía ser de otra manera, al menos desde mi perspectiva particular. El libro inicia con una introducción de sus editores y con un prólogo de su hijo, quién de manera muy sentida trata de resumir lo que el libro persigue como obra póstuma. 

Ahora …¿cómo llegué a Susan Sontag? La fotografía fue la clave.


Sontag fue pareja sentimental de Anne Leibovitz, fotógrafa profesional estadounidense, muy referenciada en su campo de trabajo quién, para más señas, fue una de las últimas personas que compartió instantes de vida con John Lennon antes de ser abaleado al llegar a su sitio de residencia en New York. Leibovitz fue la responsable de las imágenes que recrearían el álbum retorno al espectro musical de este famoso ex Beatle, llamado “Double Fantasy”. Es así que leyendo sobre Anne, llegué a Susan. 



A pesar de que Sontag no está entre nosotros, una obra como el libro mencionado no puede más que degustarse y bien vale la pena hacerlo si el objetivo final es reflexionar sobre cada uno de los temas propuestos por la escritora. Cada capítulo aborda una historia diferente, una experiencia de vida distinta o reflexiona de manera muy crítica sobre sucesos que tuvieron un fuerte impacto en el status quo estadounidense como fueron los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y el vergonzoso episodio de Abu Ghraib. 


Este escrito pretende convertirse en el inicio de una apreciación a distancia de lo que señalan las palabras de Sontag, estableciendo algunas conexiones al entorno donde me desenvuelvo. Al tratarse de un libro de ensayos y conferencias, el contenido es diverso en cuanto a temáticas se refiere y la diversidad de voces que originan el impulso de escribir destacan a una profesional de la escritura apasionada en indagar y explorar situaciones particulares, vidas fuera de lo común y hasta circunstancias políticas que marcaron un hito dentro de este movimiento actual que nos arropa, denominado globalización. 

Para Sontag, un escritor es alguien que observa el mundo y le “presta atención”, es decir, en principio es un narrador de hechos, convirtiendo a la palabra en el medio adecuado que materializa la memoria histórica de un instante o de un espacio de tiempo que puede ser colectivo o individual. No es de extrañar entonces su dupla con Anne Leibovitz, de hecho era una de las más fervientes críticas del trabajo de esta última para el momento que se conocieron.



Sobre la admiración 








“Al pensar en mi madre ahora, más de un año después de su muerte, con 
frecuencia me descubro repasando aquella asombrosa frase de Auden en su gran poema de conmemoración a Yeats: palabras que compendían la escasa mortalidad que a veces pueden dispensar las realizaciones artísticas y que, al mismo tiempo, son un extraordinario eufemismo de la extinción. Una vez muerto Yeats, escribe Auden, “se convirtió en sus admiradores” 

Seres queridos, admiradores, detractores, obras, trabajo: además de los recuerdos pronto distorsionados o al menos editados, además de las posesiones pronto dispersas o distribuidas, además de las bibliotecas, los archivos, las grabaciones de voz, de vídeo y las fotografías, eso es sin duda lo máximo siempre que puede perdurar de una vida, no importa que se haya vivido bien o con compasión, no importan sus realizaciones ” 

David Rieff 

Cuando era muy joven, sentí apego especial por algunas figuras del espectáculo, la música, el deporte y hasta de la política. Conservo algunos recuerdos fantásticos de revistas, publicaciones, discos y hasta letras de canciones de esos personajes tan queridos, así como escritos dedicados a una figura política que no llegó a trascender. En fin, no quiero desviarme del tema que ocupa este aparte, lo que deseo expresar es que admirar, en mi ahora particular, significa mirar con estima y aprecio, además que el término puede llevar implícito asombro y hasta sorpresa, el punto es no llegar a la idolatría que pude sentir en mis años más mozos. 

Admirar es concluir positivamente acerca de algo o de alguien que genera extraordinarios sentimientos positivos y afines dentro del ser. Para amar, admiro en su justa medida, en la medida que mis sentimientos no nublan mi individualidad y reconozco quién soy, por cierto ¿quién soy? Sigo meditando en ello. Volviendo al ejercicio de admirar, quiero verlo desde lo mencionado al principio del párrafo, así quiero describir el concepto si me atrevo a decir en estos momentos que admiro a alguien. Situación distinta si se trata de un algo que solo generará sorpresa y regocijo, como una obra de arte o un libro. Digo esto porque estando en la sala de espera de un consultorio profesional, la persona que me atendería, desde la puerta entreabierta, al observar el libro de Sontag que llevaba entre manos, comentó que era una buena elección y la describió como una gran mujer. 


Pensé…una gran mujer, para llegar a esa conclusión es necesario tener suficientes referencias, hechos, testimonios, experiencias de vida de la persona objeto de esa afirmación, yo no las tengo, es así que admirar a alguien desde mi edad actual, compromete, y prefiero expresarme en términos de apego o de afinidad de intereses. ¿Equivocada? Es posible, más no encuentro otro argumento desde la reflexión que el hijo de Sontag expone en el párrafo introductorio que encabeza esta sección que desarrollo. 

Al leer sobre las referencias bibliográficas de esta escritora uno puede concluir que fue una mujer de profundas convicciones, amante de la libertad y la justicia, que no soportaba la doble moral y que desde su ética muy particular no sentía compromisos con nadie que le impidieran ejercer un pensamiento crítico en toda su dimensión. 

Los seres humanos somos imperfectos y por sobre todas las cosas distintos unos a otros, aunque existan cantos de sirena que pretendan escondernos en falsas identidades. Es precisamente en esa diversidad, donde puedo apreciar aspectos de la personalidad que me subyugan de un personaje afín a mis intereses, más sin embargo éste como ser imperfecto debo reconocer que se puede equivocar y que mi admiración no puede interferir con una apreciación crítica de sus actos. De allí que con Sontag, al leerla, encontré muchas afinidades y sentí a medida que repasaba su narrativa que me hubiera gustado leer más de sus reflexiones sobre situaciones contemporáneas, como por ejemplo, ¿podría haber escrito sobre Venezuela? ¿estaría conforme con lo hasta ahora demostrado por Obama en su administración? ¿qué habría escrito sobre la muerte de Osama Bin Laden? No tendré respuestas, me tocará en todo caso ahondar un poco más en su trabajo reflexivo para hacerme una idea al respecto y desarrollar algunas inferencias, espero tener la oportunidad para hacerlo. 

En uno de sus discursos, por ejemplo, para recibir un premio otorgado por la Asociación de Libreros Alemanes y ante la presencia de personalidades de este gobierno ligados a la cultura y la educación, le extrañó que el embajador norteamericano no estuviera presente, a lo que acto seguido no tuvo reparos en justificar tal ausencia como una respuesta a su críticas y opiniones contrarias ya sea en entrevistas de radio, artículos de revistas y periódicos sobre la radicalización de la política exterior de Estados Unidos, su país, desde los sucesos del 11 S. 

Críticas que aludían directamente al Sr. Bush y a la inconveniencia, a su parecer, de tales políticas, ya que iban cargadas de elevados tonos de intolerancia que generalizaban y peor aún respaldaban la violencia hacia cualquier actitud sospechosa de ciudadanos cuyo gentilicio estuviese ligado a los países vinculados con los actos terroristas. El odio a través de la historia, cuando es inoculado de manera tan irresponsable, es difícil de controlar y se esparce rápidamente como fuego en un pastizal reseco. 

Agradezco a Sontag las semanas de lectura que invertí con su libro, particularmente entro en el grupo de lectores que se inician en su trabajo y que esperan conocer un poco más de él. Me conformo en este momento con el gusto que significó leerla a través de la obra a la que hago referencia y que comulgo con muchas de sus ideas cuando es necesario enfrentar el autoritarismo y la intolerancia. 

Como bien expresé en un párrafo anterior, espero contar con el tiempo suficiente para sumergirme en otros trabajos y publicaciones de esta escritora, a lo mejor y solo desde esa perspectiva pueda anunciar también, tal como lo hizo el personaje que me recibiría en su consulta profesional, que Sontag fue una gran mujer.


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