Sin fines de lucro




Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, es el título del último libro de la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, escrito según palabras de la propia autora como un manifiesto que pretende alertar a las naciones del mundo acerca de las prácticas y contenidos que demuestran los programas curriculares de las carreras más solicitadas por los estudiantes y cómo éstos (los programas) han ido despreciando, por decirlo de alguna manera, la importancia de la variable humanística dentro de los mismos. La tesis de Nussbaum parte del principio que si la democracia debe basarse en respeto e interés por el otro ¿qué tanto están aportando en ese sentido los pensum de estudio que sólo ofrecen la visión de generar mayor renta para quiénes en un futuro tendrán la importante misión de llevar las riendas de sus países?

Partiendo de la pregunta anterior, debo reconocer que sorprende el interés general  por vivir en democracia como un lema sin sustento argumentativo individual. Pregunte a cualquier estudiante universitario su definición particular de democracia y observará mejor el panorama del que parte Nussbaum. Vivir en democracia es una aspiración genuina, ahora, ¿quién lo dice?  ¿por qué lo dice? Aun en aquellos casos donde no se domina muy bien el concepto y solo se repite lo que se escucha, o que exista algo de subestimación en una adecuada comprensión y apropiación del término, al menos se intenta defender este estado como un elemento de valor para la convivencia. Sobre esto, también me sorprende la actitud de personas que dicen defender el sistema democrático, más sin embargo, consienten las posturas totalitarias de algunos dirigentes e incluso justifican relaciones peligrosas con gobiernos que desde ninguna perspectiva, son garantía ni estandarte de estar en el poder mediante procesos enmarcados dentro de este paradigma.

En este espacio he señalado que vivir en democracia no lo determina solamente el ir cada cierto tiempo a un proceso eleccionario para elegir gobernantes, gobernantes que se constituirán en interlocutores de todos los venezolanos en la arena política nacional e internacional.  La democracia y su ejercicio trasciende ese derecho,  entenderlo es fundamental y pareciera que no existe el interés suficiente por parte de los gobernantes en ejercicio,  para que la gente realmente asimile y digiera lo que es relacionarse con un estado verdaderamente democrático.

El profesor Octavio Acosta en un artículo muy bien desarrollado acerca de los antecedentes entre una “Democracia Revolucionaria vs Democracia Burguesa”, prefirió no profundizar sobre las diferencias de fondo de ambos principios, en parte porque el objetivo de su escrito estaba orientado a establecer de manera contundente cómo el periodo previo a la revolución bolivariana funcionaba bajo una ética muy sui géneris, donde el estamento legal impedía que otras corrientes políticas más radicales como los movimientos de izquierda, accedieran al poder. A pesar de que esta afirmación ha sido rebatida con los hechos históricos que todos conocemos, es indudable que a mi manera de ver las cosas se torna imperioso saber qué es democracia,  no dominar suficientemente el concepto, coloca a la gente del país en cuestión, en una postura de total  indefensión de sus principios.

De manera general la democracia es el gobierno de las mayorías, la gente  dentro de un marco eleccionario escoge sus candidatos, y resultarán electos aquéllos que reciban cuantitativamente el número mayor de sufragios. Hasta allí todo parece bien, el problema surge en el contexto de ese proceso eleccionario y sus antecedentes. Dentro de ese contexto mencionado se sitúa el ejercicio mismo del poder y surgen las siguientes interrogantes, ¿existe libertad de expresión en los medios de información que trabajan para este fin? ¿el poder moral, judicial, ejecutivo y legislativo actúan de forma autónoma para servir de freno ante la codicia y el abuso? ¿existe respeto hacia las minorías por parte del poder constituido? ¿hay alternabilidad en el poder? ¿las reglas del juego electoral son lo suficientemente confiables como para no dudar de los resultados? Si la respuesta a todas y cada una de estas interrogantes no están orientadas a un Sí contundente, ese país está en problemas y serios desde el orden democrático.


Educando para la democracia desde las humanidades


“Siempre he pensado que limitar los periodos presidenciales es una manera de proteger a los pueblos de los delirios de poder de quien está en la mejor posición para almacenar y abusar de esa peligrosa sustancia”
Federico Vegas
“Una historia que contar”
(25-03-2013)- Prodavinci

Nunca he creído en revoluciones de grupos organizados que como una gran masa pregonan tener la verdad en la mano. No se puede tener la verdad en la mano porque los absolutos no existen, a pesar de que esta afirmación pueda emanar un dejo dogmático y entrar en una contradicción a mis propias convicciones. Convivo con ello y trato de gestionarlo de manera adecuada, el punto es que la soberbia y la arrogancia de los que dicen poseer una verdad que abrirá todos los caminos a la luz esclarecedora que servirá de guía a todos los habitantes de  una nación, nos está condenando a todo lo contrario, al oscurantismo y al apartheid ¿razón? …simple, el odio y el resentimiento es la fuente de estímulo  y con este tipo de motivación tan negativa, los resultados no pueden ser alentadores, porque excluyen a todo individuo que disienta de sus principios de acción. Este tipo de revoluciones desde referencias históricas, solo han servido para potenciar y distorsionar aún más lo que en principio deseaban combatir y que les permitió la toma del poder.

Las revoluciones desde mi perspectiva particular, en principio son internas, el individuo debo estar muy claro consigo mismo para saber hacia dónde se dirige, de lo contrario será presa de chantajes y manipulaciones tanto materiales como emocionales. Nadie puede dar lo que no tiene en materia de ciudadanía y en ese sentido en nuestro país estamos en un déficit muy serio. Aquí se juega hasta con nuestro intelecto y ya el poder absoluto que nos gobierna en la actualidad, ha adoptado como política de gobierno la patraña, la mentira y el enredo en asuntos de envergadura.

Toda esta situación compleja en la que se encuentra el país desde el punto de vista, político y económico, entiendo que no se resolverá en el corto plazo, pero al menos se necesita un equilibrio en las fuerzas actuantes, de lo contrario la inestabilidad política será la moneda de mayor circulación y difícilmente viviremos en paz.

¿Qué significa educar para la democracia?



“Se están produciendo cambios drásticos en aquello que las sociedades democráticas enseñan a sus jóvenes, pero se trata de cambios que aún no se sometieron a un análisis profundo. Sedientos de dinero, los estados nacionales y sus sistemas de educación están descartando sin advertirlo ciertas aptitudes que son necesarias para mantener viva a la democracia. Si esta tendencia se prolonga, las naciones de todo el mundo en breve producirán generaciones enteras de máquinas utilitarias, en lugar de ciudadanos cabales con la capacidad de pensar por sí mismos, poseer una mirada crítica sobre las tradiciones y comprender la importancia de los logros y los sufrimientos ajenos. El futuro de la democracia a escala mundial pende de un hilo”
Martha Nussbaum
Sin fines de lucro.
Por qué la democracia necesita de las humanidades.  Pág. 20





En este momento el país se debate entre dos visiones diferentes y antagónicas con miras a las elecciones del próximo 14 de abril. ¿Cómo se resumen estas propuestas? El candidato de gobierno no es él, a todo pulmón anuncia que es otra persona e invita igualmente a que sus seguidores repitan la misma renuncia a su ser y le den cobijo a otro ente, desde esa postura es difícil debatir seriamente y esto no es más que la evidencia de que no se esperan mayores cambios a lo que observamos como estrategia de gobierno. Esta situación realmente es ambigua y le resta legitimidad al postulante, el candidato oficialista nunca podrá ser otra persona, declinar ser quién es, es anularse a sí mismo, como individuo único e irrepetible. Estas estrategias de suplantación de personalidad realmente me cuesta digerirlas como propuesta de campaña electoral, a pesar de la opinión de algunos politólogos que la ven como normal y “natural”. En fin, ya me gustaría de estar vivo, conocer la opinión bien argumentada de Heidegger sobre este punto. ¿ Fernando Mires podrá ser una alternativa?



Por otro lado, el candidato de la oposición, entre muchas cosas, propone educación, educación y más educación, aquí me detengo entonces …¿qué clase de educación?



Educación para el progreso a lo mejor es la respuesta, muy bien, pero ¿cómo se come eso? a mi gusto suena muy general. Es necesaria, imperativa una educación para la democracia, para una democracia genuina, donde la gente esté consciente de sus derechos y no olvide sus deberes. Una educación que permita reconocer los elementos fundamentales que caracterizan a un sistema democrático, donde los habitantes del país ejerzan la ciudadanía en toda la acepción del término porque lo conocen y lo reconocen. 

Desde lo descrito con anterioridad, vuelvo a Nussbaum con una propuesta concreta en ese sentido, cuando resalta la importancia del componente humanístico dentro de la formación de los estudiantes, componente que a su juicio se ha menospreciado de manera progresiva en pro de una formación más práctica, sustentada en contenidos que están estrechamente vinculados a la generación de renta. El conocimiento aplicado cuyas bases son las ciencias básicas (química, física y biología) marcha a pasos agigantados y en esa carrera veloz, sus protagonistas están dejando atrás asuntos éticos y limbos legales (véase clonación y fertilización asistida, la sofisticación cada vez más acentuada de las armas de guerra, entre otros).

Los pensum de estudios actuales desafían su vigencia ante una oferta académica que no se renueva a la misma velocidad. Los ajustes y cambios no necesariamente cuentan con la plataforma adecuada para la inserción de los nuevos contenidos y en este juego de toma de decisiones, por lo general, el espacio que ocupan las materias de corte humanístico ven reducidas sus posibilidades en cada revisión. 

Es imposible abarcar todos los avances que se producen en tiempo real en áreas como la informática y la cibernética, la mente del ser humano es inquieta, esta inquietud es provechosa si es correctamente administrada por sus ejecutores y es aquí donde una forma de pensamiento más crítico es fundamental. El individuo necesariamente debe reflexionar y analizar las consecuencias de sus propias acciones, conjurando así el efecto manipulador que puede provenir del exterior en la figura de posturas ideológicas o principios de mando formales que exigen obediencia y sumisión. Y este conjuro igualmente necesita preparación y formación.

Para Nussbaum existen “capacidades” que no pueden descuidarse para solo prestar atención a la idea de rentabilidad que produce la ciencia y la tecnología como medios únicos para mantener el progreso de las naciones. Las naciones prosperan de la mano de su gente, visto el panorama desde una perspectiva integral ¿qué quiere decir esto? que es contradictorio vivir en un país de mucha riqueza, con indicadores económicos envidiables, si los habitantes de esa misma nación no conviven en un ambiente de paz consigo mismos y con el otro, donde además las reglas del juego político no sean transparentes ni justas. A la larga el ambiente de inestabilidad prevalecerá y esa misma riqueza de la que se ostenta se convertirá en el verdugo que impedirá un avance sustentable en el tiempo, porque no habrá nunca confianza ni comprensión entre los habitantes de esa nación.

Retomo las ideas de Nussbaum, cuando menciona la importancia de utilizar ciertas “capacidades” en el objetivo de formar para la democracia. Las mismas se refieren a todas aquellas disciplinas vinculadas a las artes y las humanidades, de manera muy específica, esta pensadora defiende el ejercicio de la mayéutica como una forma de darle vida al pensamiento individual y crítico, e iniciar el camino de esa autonomía tan necesaria que permita valorar de manera muy concienzuda el entorno que rodea al individuo, escapando de la uniformidad y la pasividad que en este sentido imponen sistemas políticos que se basan en ideologías, que desde el adoctrinamiento basado en el colectivismo, anulan el derecho al libre albedrío.

La mayéutica es el ejercicio socrático de la pregunta, pero no de la pregunta como simple pregunta, sino de la interrogación que proviene de un análisis reflexivo de una situación determinada y que busca afanosamente alternativas de solución a la inquietud que le genera esa circunstancia. Cuando se promueve en los estudiantes el hábito de la inconformidad, a través de la solicitud expresa del docente de plantear opiniones sobre un tema particular, se enriquece el espacio de tiempo dedicado al conocimiento y se anula la pasividad de un receptor que se siente ajeno en primera instancia a un saber determinado. Los resultados en este sentido tienen un incalculable valor en beneficio de esa apropiación que se persigue, cuando el sujeto en formación es llamado a participar activamente dentro de su proceso formativo. Estoy clara que la perspectiva de la formación por competencias apunta en ese objetivo, que el estudiante sea protagonista de su propia formación, más sin embargo la inquietud que planteo acá no es solamente de estrategias sino de contenidos.

Ahora,¿sólo porque existan contenidos humanísticos en los programas académicos se puede estar seguro y satisfecho de un camino que blinde hacia los principios democráticos y los sostenga? No necesariamente, y Nussbaum es muy específica en ello, cuando menciona elementos como el cultivo de la empatía (colocarse en el lugar del otro) y la “capacidad de trascender las lealtades nacionales” (convertirse en ciudadanos del mundo). Entonces, lo importante es reconocer que a través de disciplinas como la filosofía o la ética se promueve un tipo de pensamiento menos sumiso y mucho más reflexivo que el obtenido a través de un extraordinario pensamiento matemático, económico o político. Es más desde las artes, estimular a los estudiantes a que participen en estrategias evaluativas basadas en dramatizaciones de hechos que les obliguen a valorar sus propios paradigmas, pueden ser un camino para trabajar la tolerancia por ejemplo, o reducir el desconocimiento de la existencia de otras realidades como es profesar una religión diferente, pensar políticamente distinto o tener una preferencia sexual ajena a la propia.

Entonces para resumir y darle forma concreta a mi planteamiento, me pregunto de nuevo ¿formación para la sostenibilidad de un estado democrático? ¿es posible? Sí, pero requiere el compromiso de todos aquellos llamados a regir los destinos de sus naciones y se basa en tres aspectos fundamentales dentro de lo propuesto por Nussbaum en su libro:

1) Pensamiento crítico

2) Imaginación para identificarnos con el sentir del otro       (empatía)

3) Ser “ciudadanos del mundo”

El trabajo es complejo y requiere de suficientes consensos, Nussbaum propone estrategias para desarrollar esas “capacidades” en cada uno de los puntos mencionados y lo dejo como base para escritos sucesivos. Independientemente de ello, es imperativo trabajar para que el poder sea alcanzado por gobiernos identificados con estos elementos, ya que de esta forma es más factible construir una plataforma de bases sólidas, que sirva de escudo para impedir el aliento de todas aquellas iniciativas que nacen desde la demagogia y el populismo.




“Si no insistimos en la importancia fundamental de las artes y las humanidades, éstas desaparecerán, porque no sirven para ganar dinero. Sólo sirven para algo mucho más valioso: para formar un mundo en el que valga la pena vivir, con personas capaces de ver a los otros seres humanos como entidades en sí mismas, merecedoras de respeto y empatía, que tienen sus propios pensamientos y sentimientos, y también con naciones capaces de superar el miedo y la desconfianza en pro de un debate signado por la razón y la compasión”
Martha Nussbaum
Sin fines de lucro.
                                                         Por qué la democracia necesita de las humanidades.  Pág. 189

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