La Trilogía del Mal y cómo se diluye el discurso ...


«La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente»
Rosa Luxemburgo

Escribir en ocasiones puede ser un grato descubrimiento, un entenderse que inicia en el propio individuo que escribe y que necesita encontrar asidero en los símbolos, ante los eventos que le rodean.
Colocar símbolos en el papel o en la pantalla,  ayudan de una forma muy particular  a descifrar el yo interno, ese yo interno que se empeña en encontrar respuestas a interrogantes que surgen por el ejercicio reflexivo al evaluar situaciones que no pueden tomarse a la ligera.

¿Por qué este amor? ¿Por qué el fanatismo? ¿Por qué esta desazón? ¿Por qué este percance? ¿Por qué esta desesperanza momentánea? ¿Por qué esta violencia? …¿Por qué el territorio?

La introducción anterior era necesaria y deseo vincularla con una serie de acontecimientos, que de tan cotidianos nos están colocando en una posición ciudadana verdaderamente comprometida, en especial a toda aquella porción importante del país que no comulga con la línea de gobierno que propone el poder central. 



La Trilogía del Mal (1) y todas sus implicaciones en el verbo del poder no es más que el ejemplo más ilustrativo de un empeño enfermizo y obsesivo de no aprender de la historia, esa historia que pretende regresar en las mentes de individuos que se empeñan en fracturar, dividir, escindir  y separar la identidad más humana de toda una nación, socavando el espíritu y la dignidad. El odio como bien explicaba Umberto Eco en una oportunidad, atrae multitudes, estimula una actitud efervescente ante el discurso airado, libera los demonios internos que aniquilan a otros seres humanos tanto física como espiritualmente. El amor y la compasión, por el contrario pareciera que se reducen a emociones que se proyectan de forma menos multitudinaria ¿razones? No las puedo descifrar con propiedad, pero las consecuencias de esa ira irracional y desmedida, las vivimos día tras día en todos y cada uno de los escenarios donde nos toma la cotidianidad.

La Trilogía del Mal es un alerta, es una advertencia, es una reflexión trascendente a no sucumbir ante la intolerancia, aunque nos tienten con discursos disuasivos o sugerentes, solo esconden, cuando se les analiza en profundidad, un carácter opresivo y malintencionado. 

La Trilogía del Mal es una suerte de estrategia propagandística que pretende de una forma muy cómoda eludir las responsabilidades y deberes que es necesario que el poder asuma con todas las consecuencias inherentes. Insistir en esta nomenclatura es viajar en el tiempo, es ubicarnos en épocas duras de represión en la Europa de primera mitad del siglo XX, es revivir el verbo hitleriano, es colocar sobre el tapete estrategias similares a las utilizadas por Goebbels durante la época más cruda del nazismo alemán.


Rosa Luxemburgo (2), activista política,  supo, padeció y murió víctima de este tipo de propaganda. Sólo atinó, en los días previos a su ejecución pública, escribir, escribir y escribir. Luxemburgo fue una mujer de izquierda, afín a las teorías marxistas, con profundas convicciones de una revolución que trabajara con el pueblo y para el pueblo, no a sus espaldas. Desde el cuarto donde se refugiaba con dos compañeros más, intuía su próximo final, dado que desde semanas previas a su detención, las calles de Berlín estaban llenas de carteles donde invitaban a matarla como a dos de sus compañeros de lucha, ya que eran la personificación del mal, su vida y accionar político eran sinónimo, para el poder actuante, de que el pueblo alemán de principios del siglo XX no encontrara trabajo, que no  tuviera pan, que no tuviera paz.  Y el pueblo alemán se lo creyó, porque ese soldado que la ajustició, en ese momento, representó a muchos de ese pueblo germano …

Que no nos confundan las ideologías, ya sean de izquierda o derecha, cuando sus motivaciones son totalitarias, radicales y fundamentalistas, no darán un lugar concertado al disenso, es por ello que es necesario aprovechar aquéllos espacios donde pueda elevarse una voz de sindéresis ante tanta irracionalidad. El momento electoral es uno de ellos y esperemos que el carácter ventajista que le otorga el poder al próximo 8 de diciembre, se diluya en la voz de los que claman por un país más humano, menos violento, más concertado en sus decisiones.

La Trilogía del Mal está en otro lado …




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