Veneno


Fight - Tommy Ingberg

El veneno se apoderó de todos y dejamos que surtiera efecto. Un efecto que lejos de ser fatal y definitivo, se apodera de nuestro yo interno de forma paulatina y sistémica, demostrando síntomas que pueden permanecer de manera indefinida si el sujeto portador no se rebela ante el ataque de la sustancia tóxica. La ignorancia, las posiciones radicales, el fundamentalismo existencial, el egoísmo que marcan las ideologías, potencian día tras día la sensación de malestar de toda una sociedad que por momentos se desentiende y se deja llevar.

Cada día, con cada noticia, con cada decreto, con cada anuncio, con cada comentario del grupúsculo nefasto, que se apropió de los predios gubernamentales desde el más sórdido de los legados, proscribe ilusiones, sepulta aspiraciones legítimas, condena el diálogo entre conciudadanos, construye peajes de injusticia ante las acciones de quiénes gritan libertad ante tanta ignominia. 

La desesperanza conspira contra todos aquéllos que pretenden construir ante tanta ruina y destrucción. El pesar inunda nuestros espacios y a duras penas mantenemos el equilibrio necesario que permita continuar la vida. Las tragedias que se observan alrededor son traumáticas, demasiado dolorosas, a tal punto que nublan el buen juicio de los que pretenden constituirse en héroes vengadores o redentores de causas perdidas. Ya lo dije, el poder se regodea una y otra vez, se burla de la inteligencia y de la racionalidad,  en un ataque prolongado que ya suma quince años, reparte patadas de odio a todos aquéllos que osan desafiar sus designios.

¿Realmente todo esto que sucede evidencia una tendencia irreversible? Así lo leí en alguna parte, “un modelo político-cultural de guerra” que declara enemigo a todo aquél que no comulga dentro de los paradigmas dominantes o de lo que se piensa es el deber ser, la acción natural, la respuesta expedita ante una situación de conflicto determinada. La emocionalidad malsana, esa que nos hunde en el pantano de la palabra dura, la palabra vergonzosa, la que humilla hondamente, campea por doquier. No hay quién la detenga, solo es lanzar al aire nuestros argumentos y esperar el ataque inmisericorde de todos los que se asumen mejores y más recorridos de todo trance. Ellos los que sienten que son los nuevos crucificados de la causas que no son entendidas, porque quiénes les rodean no terminan de comprender  la  dimensión  de ese territorio de heroicidad que es propio, único y al cual es necesario deberse eternamente. 

“Pensemos que ese modelo político-cultural que declara enemigo a todo con el que no estoy de acuerdo, no es exclusivo de los que se encuentran ejerciendo el gobierno en este momento. El odio se expande del que piensa diferente y apoya al gobierno, al que piensa diferente pero apoya a otro dentro de la oposición, que no es al que yo apoyo. El odio se expande en la medida que crece y se internaliza la práctica del maniqueísmo, de dividirnos en buenos y malos.” (1)

Los demonios que se desataron hace más de diez años son alimentados día tras día con nuestra propia intolerancia hacia el otro, ese es el juego de los poderosos, enriquecer sus arcas personales a costa de los recursos económicos de una nación que tiene todos los elementos necesarios para ofrecer bienestar a sus habitantes, pero que no ha sabido hacerse de buenos administradores. Esa es nuestra condena, los protagonistas del poder son elegidos por una mayoría que no sabe diferenciar entre la sana coexistencia y el odio, entre la tolerancia y la revancha, entre la creación y la destrucción, entre la innovación y el anquilosamiento.

Gente fresca, tesoro representado en su juventud, también cayeron en la trampa de este letal veneno. Representan causas justas, desean espacios para el libre albedrío, quieren respeto a la construcción de un futuro digno dentro del país, más sin embargo en algunos casos no reconocen suficientemente las responsabilidades que desde sus actos como individuos le deben en primer lugar a su familia y a su entorno. La honestidad del ser comienza en sí mismo. La congruencia entre pensamiento y acción se demuestra cuando al evaluar el resultado de esas acciones, el respeto y la consideración resuenan ante los logros obtenidos como producto de éstas. Cuidado con las glorias falsas, no existen crucificados que es necesario redimir, no son más que el otro por el simple hecho de hablar más duro y fuerte. Gente nueva, aprovechen el ímpetu de los años mozos, no lo malbaraten a la espera de lisonjas y aclamaciones de multitudes, todos somos pasajeros de este tren de la vida que no perdona a ninguno en el destino final ¿entonces? No desvíen el rumbo, aprópiense de antídotos contra el poder enfermizo y sus nocivos efectos.

Todos necesitamos ser vacunados contra el veneno del resentimiento y la revancha …¿cuándo comenzaremos la inmunización?

“Teniendo claro de qué se trata y de qué no, tenemos que preguntarnos si en efecto y hasta qué punto, la lógica de guerra nos tiene invadidos, si vamos a avalar a quiénes emulan lo que adversan con sus acciones, si esa es nuestra única posible respuesta.

La lógica mediante la que se lucha y por la que se toma del poder se sustenta en el mismo modelo ético-político con el que se ejerce el poder cuando se tiene. Pensemos si eso es lo que queremos para Venezuela.” (1)

(1) Olga Ramos. 
    Blog Opinión Pura y Dura.
   Artículo: Tendencia Irreversible
  Ubicación:http://opinionpuraydura.wordpress.com/2014/04/20/tendencia-irreversible/



Comentarios

Entradas populares de este blog

Tener la sangre dulce

Puentes como liebres

Vividora