Hablando de libros


(primera aproximación)

Así surgió el personal reto de leer sin demora, para lograr una quimérica comprensión superior apuntalada en un simple sofisma: si en cada una de las obras se ocultaba (o se revelaba) lo esencial de una vida, leerlas era una forma de apropiarse de todas las vidas, de experimentar todos los sentimientos, de pernoctar en todos los lugares. Una manera idílica de sustituir la inmediatez de las propias vivencias a cambio de una abarcante realidad ilusoria.

Los platos del diablo.
Eduardo Liendo. Pp.18
Biblioteca Alfaguara
¿Qué es un libro?

Se me ocurre que es un compendio de páginas, convenientemente organizadas y encuadernadas, donde cada una de esas páginas contiene un código de símbolos apropiado, que de manera general denominamos lenguaje. Las ideas plasmadas en el papel o en la pantalla, si en este último caso nos referimos a un ebook, reflejan el mundo del autor que las crea, considero que esto de alguna forma establece una comunicación íntima, solitaria, con el lector. Leer entonces se convierte en una comunicación entre dos seres humanos, tal como lo afirma Paul Auster.

Parto de la reflexión anterior y de la que me proporciona la cita que encabeza este post proveniente de una de las obras del escritor venezolano Eduardo Liendo, para elaborar una lista de 10 libros, que de acuerdo a lo pautado, hayan sido relevantes para mí, mencionar relevancia o importancia puede tener un carácter muy subjetivo tomando en cuenta el momento particular. Solo sé que en este preciso instante me voy de viaje y es posible que el espíritu de la tarea asignada no encuadre muy bien con esta travesía. De cualquier forma la asignación no la considero fácil, porque sin ánimos de caer en actitudes de minusvalía, no creo que en esta oportunidad pueda estructurar un listado que enuncie obras que puedan considerarse clásicos o de mucho renombre dentro de la literatura universal, pero sí estará llena de experiencias particulares cuando tuve esos ejemplares en mis manos. De allí partiré para su elaboración, porque disfruté a mi manera el vuelo de la memoria.

1) El Silabario. Debo comenzar por el principio porque recuerdo tener un afecto especial por saber desde muy pequeña. No empecé el kínder (así se denominaba en mi época lo que ahora se denomina preescolar) hasta los cinco años. ¿Razones de mi retraso? Mi madre decidió que esperara a mi hermano, menor que yo 12 meses y que no lo aceptaban en la escuela hasta los cuatro. No viene al cuento la justificación de tal espera, solo mencionar que durante ese año antes de ingresar al sistema educativo, con la ayuda de mi madre, ese libro, El Silabario, significó mi entrada al mundo de las letras, las sílabas y las palabras. Allí comenzó todo, recuerdo también que a los cinco leía muy bien y era un acontecimiento para una tía materna, que demostrara al grupo familiar que se reunía los domingos en casa de la abuela, mi habilidad para leer el periódico respetando signos de puntuación y con las pausas correspondientes entre párrafos. Volviendo al colegio, al final, hubo el intento de pasarme directo del kínder al primer grado sin pasar por preparatorio, por ese dominio que demostraba en la lectura, pero las monjas se opusieron porque no tenía bonita letra por otro lado, mi hermano al no asistir regularmente a clases (era muy dormilón) tuvo que repetir el kínder.

2) Los libros Arco Iris. Me encantaba el olor y las páginas de estos libros. Sus párrafos, sus dibujos, el colorido, el diseño interno del contenido. Dos niños con un periquito en la portada y el cambio de color de la tapa dura dependiendo del grado que estabas cursando en la etapa de la primaria. Vienen a mi mente en este momento, todas las maestras que me acompañaron en esta etapa y el aporte personal que brindaron a lo que soy en la actualidad. Una época donde la autoridad en ocasiones era malentendida y se revestía de temor, aún así están en mayor proporción los recuerdos gratos que los que no lo fueron tanto.

3) Enciclopedia Salvat -El Nacimiento de un Niño.  Existe una anécdota que considero simpática con respecto a este libro. En sexto grado a las religiosas del colegio se les ocurrió la brillante idea de ofrecernos un documental acerca de cómo venían los niños al mundo. Nos llevaron a todas las niñas a un salón oscuro para observar mejor la proyección del material en cuestión, donde el psicólogo de la institución estaría a cargo de llevar la batuta de la información allí expuesta. Reminiscencias de ese momento, me recuerdan con enormes expectativas ante lo que allí se explicaría, a tal punto que una vez finalizada la presentación insistí mucho en participar con una pregunta.

 La maestra, religiosa por demás, se acercó y curiosa quiso saber cuál era mi inquietud, la indiqué y solo me contestó que era mejor que la hiciera directamente al psicólogo una vez que éste terminara su exposición formal respondiendo a otras niñas. Así lo hice, me acerqué cuando el profesional de la psique estaba recogiendo sus bártulos y le lancé mi pregunta… ¿Cómo hacen los espermatozoides para entrar en el canal vaginal y realizar todo el recorrido que fue explicado recién? No sé si hice la pregunta en esos términos tan depurados, mi memoria no llega a tanto, pero sí era la esencia de mi interrogante. Lo cierto es que la respuesta obtenida no me satisfizo para nada, al llegar a casa acudí a mi madre, finalmente a mi padre y aún cuando trataron de ser lo más explícitos considerando mi edad, lo más sensato para este último era que lo averiguara por mí misma y de allí el libro que enuncio al principio y que significó todo un acontecimiento para mí. En mi caso, confieso que era un poco ingenua,  si comparo la ignorancia en el tema a esa edad y la información que tempranamente manejan los niños de la actualidad.

4) Casas Muertas. Este libro de Miguel Otero Silva lo leí en mi etapa de bachillerato, además de Doña Bárbara y Cien años de soledad. Recuerdo especialmente estas Casas Muertas, porque la tragedia de amor de los protagonistas me atrapó y el episodio donde Sebastián reconoce más íntimamente el cuerpo de Carmen Rosa, fue vuelo para la imaginación de la adolescente que era para ese momento.

5) Desde el Jardín. Esta novela de Jerzy Kosinski la tenía mi padre en la biblioteca entro otros libros porque es un excelente lector. Creo recordar que él acababa de finalizar esta lectura, es así que después de almorzar, un día cualquiera, decidí llevarla a mi cuarto interesada por el título. La historia me atrapó a tal punto que no pude dejar de pasar una página tras otra hasta finalizarla esa misma tarde, por supuesto era una novela corta. Eso de que el mundo se rindiera ante un personaje que solo ofrecía explicaciones desde su labor como jardinero, escalando posiciones hasta políticas, me permitió concluir que el autor ofrecía una crítica a la superficialidad de una sociedad  conformista. Paseando por este recuerdo y queriendo indagar en la actualidad sobre este autor de origen polaco, me encuentro con que existe una historia oscura de plagio en una de sus obras concluyendo esto con su suicidio en el año 1991.

6) Todas las enciclopedias y libros técnicos de la biblioteca de mi padre. Sí, lo sé, es una pequeña trampa y no puedo más que asumirla con toda la responsabilidad del caso. Mi padre desde muy joven siempre consideró que una casa debía contar con buena información de consulta y nos ofreció a todos sus hijos esta oportunidad, adquiriendo en la medida de sus posibilidades enciclopedias de renombre, la Colliers, Salvat, de Venezuela, entre otras que en este momento se me escapan. Recordemos que para esa época, internet no era ni siquiera una suposición y tener buenos libros de consulta para realizar los trabajos de investigación propuestos, era importante, para él era especialmente importante. Cuando realizaba mis tareas escolares nunca me sentía sola, en medio de la biblioteca que mi padre tenía en su cuarto de estudio. 

Recuerdo que ya estando en la universidad, específicamente en el primer semestre, el profesor de Química nos solicitó un informe sobre el átomo. Estudiaba en Valencia y todos los fines de semana viajaba a Maracay, aproveché entonces ese sábado y domingo para consultar en los libros que disponía sobre el tema en la biblioteca ya mencionada y preparé con mucho cuidado el mentado informe. ¿Qué pasó? Al llegar el domingo por la noche a casa de mi abuela, sitio donde me encontraba residenciada, me encuentro con que había dejado el trabajo en casa…¡¡horror!! Afortunadamente había cargado conmigo los dos libros en los que había basado mi investigación, así que nada, me tocó pasar la tarde noche y parte de la madrugada reconstruyendo un nuevo Informe, ya que debía entregarlo al día siguiente a las 7 de la mañana. El profesor no fue a clases ese día y no pude más que sonreír ante el trasnocho del día anterior.

7) Motivando para el trabajo. Al escribir el título de este libro, recordé un artículo que publicó la periodista Mirtha Rivero en el portal Prodavinci llamado Tomás Eloy y el hielo. Allí Rivero explica que la obra del escritor argentino intitulada Lugar común la muerte, representó para ella el equivalente al hecho de descubrir el hielo por parte de Aureliano Buendía en la obra de García Márquez, Cien años de soledad. Realizando una analogía con este hecho, debo reconocer que mi memoria no me lleva a una selección tan literaria desde el punto de vista estético, a pesar de ello debo reconocer que el trabajo mencionado al inicio, del profesor de la Universidad de los Andes, Oswaldo Romero García, significó particularmente de forma profesional y humana,  ese hielo… que en mi caso más que asombrar, transforma y enriquece. Leer este libro ha sido referente para mi desempeño como profesional, lo considero un clásico como material base para la disciplina denominada Desarrollo Organizacional. Lo compré a principios de la década de los noventa motivada por los nutritivos encuentros que sostenía con un profesor del área gerencial, en una de las materias del postgrado que realizaba para la época, a tal punto que logré incluso contactar al autor, conversar con él por teléfono y obtener el resto de las publicaciones que tenía hasta ese momento acerca del liderazgo, el lenguaje y las motivaciones sociales. Hace unos meses pensé que había extraviado el libro y quise llorar, afortunadamente creo que jugaba a las escondidas y cuando ya me resignaba a su pérdida …apareció. Lo atesoro.

8) El componente humanístico en la carrera de Ingeniería. Soy ingeniero, específicamente Industrial, enamorada de la palabra, pero ingeniero. ¿Razones del pero? Me formé en una época donde prepararse como ingeniero significaba no conocer mucho del aspecto humanístico. Reviso los programas de estudios actuales para las distintas especialidades de la ingeniería y encuentro que esto ha cambiado. Me parece positivo, incluso he tenido la bonita experiencia de dictar un curso de Filosofía de la Ciencia dentro del programa de formación para ingenieros donde trabajo en la actualidad. Esta inquietud surgió a raíz de cursar un Diplomado de Transformación Educativa basada en el pensamiento complejo, donde me introdujeron en una serie de conocimientos que desconocía y que tenían que ver con pensadores de la edad Antigua, el Renacimiento y la Ilustración. Me di cuenta de un mundo inexplorado y comencé a sumergirme en él. El libro que menciono en este apartado, cuyo autor es el profesor de la Universidad de Carabobo, Octavio Acosta Martínez, con quién compartí como estudiante el Curso Inferencia Estadística durante mi etapa de pregrado, fue un agradable descubrimiento durante una de mis visitas a la Feria del libro de la universidad donde me formé, precisamente la Universidad de Carabobo. Sus argumentos me llevaron a sostener con mayor ahínco mi labor docente con una visión más holística, donde promuevo en el aula de clases una visión crítica y también humanística de los contenidos que debo impartir, relacionados con temas del programa, así sean técnicos. 

En una de mis visitas posteriores a la feria tuve la oportunidad de encontrarme al Prof. Octavio precisamente en el stand de la UC, conversamos brevemente y ese fue el inicio de un contacto muy nutritivo que mantenemos hasta ahora a través del correo electrónico y del perfil de una conocida red social. El Prof. Octavio es ingeniero pero con un bagaje cultural amplio, producto de estudios posteriores que ha realizado precisamente en el área de la educación, las ciencias sociales, la literatura y las artes en general.

9) Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. Martha Nussbaum es la autora de este maravilloso libro, esclarecedor por demás, muy relacionado con las ideas que plantea el profesor Octavio en la propuesta anterior. Este libro lo leí con un interés inmenso ya que amplió aún más la importancia de continuar en este camino de profundizar en los contenidos humanísticos (incluyendo la literatura), aún cuando mi formación sea más bien técnica. Insistir sobre esto con mis estudiantes ha sido un propósito con significado y tener el apoyo de las ideas de estos pensadores ha sido importante. En una oportunidad escribí sobre esta obra, aquí dejo el enlace  … (Sin fines de lucro)

10) La loca de la casa. Disfruté mucho la lectura de este libro de Rosa Montero ¿alguna razón particular para ello? Pues sí, recuerdo que tenía una necesidad imperiosa de escribir y no encontraba hilvanar ideas que de una forma satisfactoria se plasmaran en la pantalla del computador. Miré a un lado y en la mesa de noche tenía este libro pendiente para su lectura. Lo tomé llevada por el título, ya que me sugirió divagación, delirios y puestas en acción fuera del mundo conocido. Me equivoqué en mi apreciación inicial y esta obra es una suerte de llamado de atención a nuestro hemisferio cerebral derecho a través de historias peculiares ¿autobiográficas?  de la autora. Concluí al finalizar esta lectura y que repetí tiempo después, que la creatividad es importante para acometer cualquier actividad así sea la más seria de este mundo. Dejo el enlace de mis reflexiones en relación a este episodio en particular.

Se me acabaron los números, voy a apelar al comodín que utilizan aquellos que confeccionan listas de canciones y colocan otras piezas  en apartados especiales, apelaré a ello para mencionar un libro de cuentos de la Universidad de los Andes que me obsequió de niña un tío materno, profesor de historia de la institución. Era un libro que recuerdo de un color rojo naranja con vetas amarillas, en una especie de arte psicodélico. Destaco en esta obra un cuento relacionado con un niño llamado Jesús y la actividad de ir a comprar papas,  diligencia solicitada por la madre. También tienen una consideración especial los cuentos de Oscar Wilde para adolescentes y los de Hans Christian Andersen. Finalmente (aunque es posible que vuelvan otros a la memoria) Las mil y una noches, libro obsequiado por una tía paterna y que leí de manera progresiva. Era un libro azul, con letras doradas, tapa dura. No sé si estará en mi casa de soltera todavía, aunque sí recuerdo admirar a Sherezade por su capacidad de mantener la atención y la expectativa de quién escuchaba sus historias día tras día, evitando así la muerte que acechaba.

¿Continuará  ...? Es posible, existen muchas lecturas que igualmente vale la pena que tengan una reseña por el valor intrínseco que tuvieron sus tramas en alguna situación particular de mi vida. Puedo incluso tomar este ejercicio reflexivo como una especie de pancarta temporal, muy al estilo de las vallas publicitarias que cambian información en cortos periodos de tiempo.

"Un libro, cosa sólida, que está ahí, perfectamente definida, disfrutable sin riesgos, en comparación con la experiencia vivida, siempre huidiza, discontinua, controvertida."
Ítalo Calvino




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