Peligro (I)

Imagen: Cristina García Rodero

Hay gente peligrosa  …no tanto el asesino, no tanto el ladrón, no tanto el hampón de cuello blanco, no tanto el opresor, ese peligro se devela en la urgencia de la circunstancia. Siento que hay también otra clase de gente peligrosa, un tipo de peligro que intuyo, que presiento y es posible que sea una arrogancia mía, una petulancia, pero lo reconozco no como un hecho de videncia porque en ocasiones me lleva tiempo percibirlo, pero sí como una oleada de emociones que confunden y que llevan a la incertidumbre. En la mirada y en los gestos está todo, en el código escrito el sello.  ¿Qué peligro es ese entonces? ¿Cómo se humaniza? Es aquél que brota en tu interior  porque compromete tus sentidos, tus expectativas, tus aspiraciones, tu diaria convivencia, tu integridad emocional. 

Puedo explicar uno a uno como una forma de solventar y aclarar esta aprensión interna que sobrecoge, que intimida, que repliega, pero no será el motivo de este post, lo pospongo, es así,  porque antes quiero desnudar el peligro que nos asalta de forma recurrente en estos tiempos, me refiero a la urgencia del inicio de este escrito, allí donde somos habitantes de un espacio geográfico como tantos otros en el mundo, que está preso de la ignominia y la indolencia colectiva.  Solo quiero reflejar algunas historias de vida que no deben olvidarse, así como tantas otras que llevarían a un pliego infinito de hojas por escribir. Mi sentido respeto a tantos pero tantos seres humanos víctimas de la barbarie diaria que no alcanzo a reflejar en este escrito, a pesar de ello quiero dejar testimonio de algunos de esos casos que se han revelado en este instante de escritura.

Vienen a mi mente en este momento cinco casos de vida, tan reales como la tristeza que les empaña por la circunstancia, por el destino final, por la llegada de la “cosa distinguida”, como le denominó Henry James a eso indescriptible que puede ser el momento de la despedida terrenal. Los protagonistas Rusmar, Gerardo, Jesús, Sara y César. Rusmar, una mujer de 32 años, no tengo mayores señas solo que era hija de Rosa Salazar, jefa civil de la parroquia Urimare (Edo. Vargas), sus coordenadas de ubicación trágica estaban en movimiento al momento de su cita con la distinción,  se trasladaba en la ruta de transporte que cubre Catia La Mar – La Guaira.  Un asalto, esa escena odiosa y atemorizante  que significa estar presente en el atropello súbito a tu dignidad como ser humano por otro ser humano, no resistió el momento y se lanzó del vehículo andante, las consecuencias de la caída no le permitieron continuar con vida, este mismo elemento del asalto se repite en el caso de Gerardo y Jesús.



Gerardo, un chico de 16 años, tricampeón de una disciplina marcial llamada Kempo, estaba a días de  representar al país en una competencia internacional, no contaba con que la fuerza del destino truncara sus aspiraciones, nuevamente la soberbia del otro que arrebata, que quita  algo tan fundamental como es estar vivo, al establecer una transacción odiosa  por un adminículo tecnológico de comunicación, todo un infortunio  en el caso de Gerardo, porque en este cambalache inaudito,  el no contar con el aparato codiciado, el no poseer el elemento de negociación forzada significó su ruina existencial. Juicio y castigo instantáneo, una bala fue su sentencia, otra vida que engrosa estadísticas de muerte.



Jesús era médico, oncólogo y pediatra si de ahondar en su especialidad se necesita y el requerimiento es justo, relevante, porque en un país donde existe tanta precariedad a nivel sanitario, perder a un guardián de la esperanza en tan funestas circunstancias no deja de empequeñecer el alma. Ejercía su labor humanitaria profesional en el J M de los Ríos, un conocido centro de salud para el área pediátrica en Venezuela. El cáncer es angustia, es apuro en el tratamiento, un ser aquejado por esta enfermedad cuando apenas despierta a la vida puede ser un fuerte motivador, así que puedo imaginar la impotencia del galeno al reconocer que  el hospital se había quedado vacío de posibilidades para enfrentar las quimioterapias de los niños. Analizó alternativas y logró respuestas en otro centro asistencial, el Domingo Luciani del Llanito. ¿Qué pasó en el trayecto de tiempo desde que finalizó su ronda médica nocturna  al dejar instalados a sus pequeños pacientes y el destino final que era el hogar? Suspenso  …luego de transcurridos par de meses de su muerte, de un vil asesinato en ese destino final donde quedaron truncados saberes, disposición, amor al prójimo, querencia y empatía ante la realidad del país, uno no le queda más que conformarse con la sórdida remembranza de sus últimos momentos, del dolor ante la imposibilidad de encontrarse nuevamente con sus pequeños. Un joven de 21 años fue el portador de tan macabra acción, la descomposición social nos carcome por dentro como nación.



Caso aparte para Sara y César, su cita con la cosa distinguida fue excepcional, de esos casos que no borran la estupefacción del rostro. ¿Cómo puede estar sin protección una boca de visita del sistema de acueducto de una urbanización en la ciudad de Coro, al occidente de Venezuela? ¿Qué desenlace de eventos pudieron ser tan precisos para que César se desligara de la mano de su madre y terminara en ese abismo fatal? Un abismo nauseabundo que podría ser el reflejo de una terrible pesadilla infinita, tan larga como la imprecisión de la tubería. Sí, una caída indescriptible que aún desde la distancia del tiempo de los acontecimientos, se percibe aterrador. Imaginar la angustia de la madre, mirar el hueco negro, escuchar los lamentos del hijo caído y en un instante sin mediar alternativas, lanzarse en su búsqueda, las madres suelen ser así, impulsivas, van por el todo o la nada. Tragedia enlazada, el amor filial en una expresión sin retorno. ¿No es lógico preguntar por responsables? ¿Hay imputados en este caso?

Vivo una época de  impunidad, de desatención, de total desamparo por parte de un estado ridículo y monstruoso, pero debo reconocer que existen otros responsables, muy peligrosos por cierto, tan nefastos como los delincuentes de toda pinta, porque sigue agazapado en nosotros, en los hombres de bien, en los que pensamos que actuamos correctamente, ese peligro está internamente, esperando por demostrarse o en caso contrario permanecer oculto, …¿cómo lo exorcizamos? 



Comentarios

  1. Las historias que cuentas son escalofriantes. Entiendo tu indignación y me sumo a ella. Terrible, terrible…
    Te abrazo muy fuerte y te mando mucho ánimo para que aguantes con serenidad de espíritu todo lo que estáis padeciendo.

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    1. Hola Isabel.
      Siento mucha aprensión al escribir estas cosas, pero es necesario drenarlas, no es posible seguir dejándolas pasar sin que quede alguna huella que testimonie. Sigo el consejo de un familiar muy cercano que recomienda escribir y mucho, sobre todo esto que padecemos. El mundo no puede estar ajeno a esto que pasa en Venezuela, cuando un gobierno a todas luces irresponsable se vende como un dechado de democracia y libertad.

      También me enfrento a mi propia serenidad que como bien dices debo resguardar y escribir, leer mucho, son medicinas estupendas en mi caso. No voy a convertir este blog en un rosario de tragedias, no, no es la intención, también tengo otros intereses, pero cuando mi sentir ahogue, lo haré.
      Te doy unas gracias enormes por pasar por aquí y leerme, lo valoro muchísimo, igualmente mi agradecimiento va acompañado de un abrazo sentido.
      Espero que algún día podamos coincidir en coordenadas de tiempo y espacio. Sería genial conocer Murcia.

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