Hay que decirlo bien

Realmente es inquietante y a veces sorprendente la manera de expresarse los jóvenes hoy en día. Ya no es campo exclusivo de los varones decir groserías entre amigos, es que las muchachas se fajan igualmente en la tarea y a mi manera de ver las cosas hasta pueden superar con creces a sus pares masculinos.
Nuestro vocabulario es inmensamente rico en vocablos que pueden utilizarse de manera diversa y de acuerdo a nuestras necesidades, pero no, es más fácil si voy a saludar a un pana decirle: ¡Epa mari...¿cómo está la vai....? y si no, le rindo un tributo a los huevos de manera abultada que ni te cuento, todos son unos huev..... y cuando lo escuchas especialmente, en boca de niñas tan jóvenes, da mucha pena.
No pretendo pasar de mojigata, ni de demasiada fina, yo también digo mis groserías, en ocasiones no puedes evitarlo cuando hay una presión emocional o porque simplemente se salió, pero es que en los momentos actuales esta situación no es la excepción sino la regla y esto, como dije al inicio inquieta porque nuestros jóvenes están perdiendo la capacidad de expresarse correctamente cuando la situación lo amerite, simple y llanamente porque no tienen vocabulario, leen muy poco y por consiguiente el ejercicio de redacción de escritos es tarea titánica, sino imposible.
¿Qué decir de la simbología de moda para simplificar los escritos? XD,XD...., :( , : ), son algunos ejemplos de que estás feliz a rabiar, término medio o triste. Confieso que la primera vez que vi estos símbolos en una sala de chat de jóvenes con diabetes, me quedé en la luna, solamente me repetía a mí misma ¿qué será XD?...¿por diabetes? ¿multiplican la diabetes?. Cuando finalmente descubrí por donde venía todo el asunto, no pude menos que reirme y comenzar a aceptar el hecho de que estaba fuera de onda....viejita pues. En fin, todas estas maneras de expresión me parecen interesantes siempre y cuando no se menoscabe el uso de nuestro lenguaje.
Sobre este particular Lanz (2008) explica que desde lejanos tiempos se sabe que la mejor estrategia para lograr un buen manejo del lenguaje es la práctica sistemática de la escritura. Hay que leer mucho y escribir mucho. Aclara sin embargo que hay talentos más altos o más bajos, habilidades y destrezas mejores o peores. En el interín, si se impartiesen unas buenas clases de gramática en la escuela primaria, tener un buen profesor de literatura en bachillerato y la afición una que otra vez por la lectura de periódicos y revistas deberían ser actividades suficientes para que las personas tengan la facultad de expresarse correctamente cuando de escribir se trata y mucho más cuando se trata de expresar ideas de manera oral.
Este mismo autor señala que por alguna misteriosa razón los desastres escriturales son moneda corriente en todos los niveles de la educación, incluso lo extiende al doctorado y posdoctorado.
Más allá ejerce crítica sobre la labor periodística, donde es difícil toparse, a su entender, con textos de calidad en el diario transcurrir del periodismo impreso y no se refiere sólo a que estos textos posean una prosa literariamente impecable sino que lo que antecede es un rodeo para llegar al llegadero, y se formula las siguientes interrogantes: ¿qué es eso de "bajar el nivel"? ¿Qué es eso de que "la gente no entiende"? ¿Quién definió a esa "gente"? ¿Quién definió lo que sí se entiende? Con estas interrogantes el autor lo que pretende es mostrar su desacuerdo en aquello que orienta a los escritores, articulistas, etc, a colocar su estilo de expresión a un nivel tal, que sea básico y "supuestamente entendible" por todos y para todos.
"La complejidad de los procesos, la complejidad del pensamiento y la complejidad del lenguaje forman una unidad. Comprender esa complejidad es el primer desafío de un lector que se respete. Cada quién lo dirá como le dé la gana, pero en ningún caso la simplicidad puede ser admitida como taparrabo pedagógico. Tanto los problemas que se discuten, como el nivel intelectual requerido para intervenir en ellos, forman un mismo asunto."
Más adelante hay interesantes señalamientos del autor sobre lo que él considera debe ser "el respeto al lector" y sentencia que éste (el respeto) comienza por tomarse en serio el oficio de escribir, ya que prefiere "el rigor que no se esconde en las formas", la consistencia que proviene de la creatividad, de la pulsión subversiva que alimenta la crítica. Finalizando esta idea con un señalamiento relacionado a que no debe dársele ninguna concesión al populismo didáctico que anda creyendo que la gente es idiota.
Fuente: Lanz Rigoberto. El arte de decirlo bien. A tres manos. Miradas múltiples para el diálogo. Diario El Nacional. Cuerpo 1. 03-08-08

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