Tener la sangre dulce II

Cuando se tiene la sangre dulce por un desorden orgánico, cómo ya lo mencioné en un post anterior, esta situación puede traer graves consecuencias a tu cuerpo, si no cuentas con el tratamiento y control adecuados.
En el caso de la diabetes tipo I, condición que vivo a través de mi hijo Diego, todos los días, se agrega un riesgo adicional llamado "shocks hipoglucémicos", en términos más o menos sencillos, es una baja abrupta del nivel de glucosa en sangre, hecho que puede llevar a la persona a reaccionar de manera extraña, incluso conducirle a la insconsciencia y a episodios convulsivos que pueden ser confundidos con ataques epilépticos.
La glucosa es la "gasolina" de nuestro cerebro, si le falta, pues éste deja de funcionar adecuadamente y trae consecuencias tan graves que pueden poner en riesgo la salud del paciente. El shock ocurre porque la persona afectada por esta condición se inyecta una cantidad fija de insulina, que en ocasiones por poca ingesta alimenticia, desórdenes estomacales o excesivo ejercicio físico "consumen" a una rata mayor ese nivel de glucosa en sangre. El páncreas regula la producción de insulina en una persona que no tiene diabetes de acuerdo a la situación que se esté enfrentando el organismo, es decir, si el cuerpo está sometido por ejemplo a un fuerte entrenamiento deportivo, este órgano produce menos insulina para de esta manera mantener los niveles de glucosa que le permitan a ese cuerpo seguir sin problemas.
Me ha tocado lidiar con diversos episodios de este tipo con Diego, unos más severos que otros, pero todos independientemente de su categoría crean una angustia terrible. Por naturaleza me considero una persona bastante tranquila, pero no puedo evitar temblar cuando me ha tocado atender a mi hijo bajo una situación de esta naturaleza, dentro de mi control, trato de guardar coherencia en relación a todos los pasos que debo seguir para "revivirlo", por decirlo, de alguna manera. Es desesperante, me doy fuerzas y trato de hablarle fuerte, para lograr que reaccione, mientras le coloco en la boca lo mejor que puedo, la glucosa líquida que se utiliza en estos casos.
Juan, mi esposo, tiene un carácter más explosivo, siento que somos polos opuestos al enfrentar la situación, nos complementamos de cierta forma, pero en ocasiones su desespero extremo me paraliza, lo hemos conversado mucho y estamos tratando de ser más efectivos, en ese sentido, porque la idea es no sentirse traumatizados cada vez que enfrentemos esta posibilidad.
Diego está en la adolescencia y los desequilibrios hormonales inciden en su control glucémico y estamos tratando en casa de que asimile de buena gana un control más periódico de sus niveles de glicemia. Ha sido un factor importante el haberle inculcado la práctica deportiva desde muy pequeñito, no sólo a él sino a todos sus hermanos, incluyéndome a mí como ejemplo, esto último me sirvió no sólo como modelaje para ellos, sino que me ha ayudado a mantener una aceptable condición física. Así que todo no ha sido malo, porque incluso me ha obligado a cambiar nuestros patrones alimenticios, en aras de que Diego internalice lo más apropiado para su bienestar presente y futuro. Hay rebeldía, es lógico, lo prohibido tiene un encanto especial, pero en eso estamos trabajando, en la disciplina que debe asumir con su condición para poder "vivir" con calidad.
No es fácil todo este mundo de la diabetes y mucho menos desde la mirada de un niño que no ha visto otra manera de vivir que no sea aferrada a dos botellas de insulina y a un glucómetro, pero lo considero como una misión de vida, eso es todo. Todos de alguna u otra forma la tenemos, lo que pasa es que en ocasiones nos cuesta reconocerla, pero está allí, a través de nuestro trabajo, algún amigo, algún familiar, alguna causa justificada....
(continuará)

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