El olvido que seremos



En momentos de tanto desencuentro, de tanta incomprensión, de tanta incertidumbre, recordé la inmensidad, el vasto territorio de lo posible cuando existe el refugio de la imaginación, el escenario de lo imposible cuando la desesperanza inunda todos los rincones. El ambiente se siente pesado, enrarecido, el entorno tiene forma de tristeza aunque obstinadamente se aferre a una sonrisa o a un gesto amable.

Las lecturas más inmediatas son tediosas, simples, banales. Desde cada esquina del territorio no hay más que justificaciones y posiciones que pretenden convertirse en el norte de nuestras aspiraciones. El odio no quiere abandonar las plazas conquistadas, sus banderas ondean con fuerza, bocas entonando falsos himnos de paz, cuando tienen las manos preparadas para la guerra.

En estas horas tan aciagas, traje a mi memoria los pasajes de una lectura reflexiva, llena del encanto de lo simple, salpicada de melodías que enaltecen el espíritu del ser humano. La razón me duele tanto o más cuando escucho  a Saúl Hernández decirlo con música y no puedo más que refugiarme en un espacio muy pequeño para reconocer que en un momento determinado, sin darme cuenta, siendo polvo en el viento, no quedará más que un profundo olvido. 

Pasiones inútiles que se ufanan en sus propias verdades, denigrando al otro, conjurando la convivencia. 
Bien lo dijo Borges en su poema Epitafio ...


Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y los que seremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá quien fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.

(J. L. Borges)


Caifanes

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