¿Rayuela? o el Avión ... (I)


“Pero todo era escindible y admitía en seguida (sic) una interpretación
antagónica: a carácter pasivo correspondía una máxima libertad y
disponibilidad, la perezosa ausencia de principios y convicciones lo
volvía más sensible a la condición axial de la vida (lo que se llama
un tipo veleta), capaz de rechazar por haraganería pero a la vez de llenar
el hueco dejado por el rechazo con un contenido libremente escogido por
una conciencia o un instinto más abiertos, más ecuménicos por decirlo así.”
Cap. 90 - Rayuela

Durante la infancia jugué mucho a la Rayuela con mis primos, para nosotros el nombre no era propiamente ese y recuerdo que le denominábamos el Avión ¿razón? Es posible que la figura que dibujábamos en el piso con tiza de colores nos semejaba al pájaro mecánico, en fin, pasábamos el rato y ya, sin demasiadas preocupaciones, porque de eso se trata ser niños.

Leyendo un poco sobre el significado del juego, pues me sorprende un poco encontrarme con una definición que raya en lo filosófico, cuando explica que es un juego infantil que representa el “conocimiento de uno mismo”, es decir, lanzar la piedra en las casillas, sin tocar las rayas divisorias o sin quedar fuera del espacio numerado que corresponde, en una forma trascendente para el inventor de esta distracción, sugiere el nacimiento, el crecimiento, los problemas durante el desarrollo de la vida, la muerte y el destino final …el cielo ¿curioso no? No recuerdo que mis primos y yo tuviéramos esa percepción del juego tal como lo expresa la definición anterior, más sin embargo tener esta información ofrece una connotación especial al nombre de la novela que representó el inicio del boom latinoamericano como lo señalan los entendidos.

¿Por qué Cortázar? ¿Por qué Rayuela?.-



Aparentemente es necesario conocerle, es el hombre que detalla con mucho cuidado las coordenadas geográficas y emocionales de los personajes dentro de la novela, ¡Ah! …dirán algunos …esto no es exclusivo de Cortázar, cada escritor a su manera traza límites, fronteras o algunas periferias que le otorgan sentido a la existencia de sus personajes, es verdad, ahora en una forma muy humilde de apreciar esto, el punto estriba en apreciar cómo el escritor argentino rompe la estructuras narrativas convencionales desafiando al lector con una actitud omnisciente acerca de los hechos narrados e invitando al mismo tiempo a que el ejercicio mismo de lectura de la obra, sea jugar a la Rayuela (o el Avión).

No pretendo compartir en estas líneas un tratado exhaustivo sobre el escritor argentino, y el argumento principal es que no he leído lo suficiente su legado como para emitir opiniones que demuestren suficiencia en el asunto, es por ello, que con este escrito, en cierta forma solo pretendo liberar algo de la experiencia que ha significado sumergirme en la lectura de Rayuela.

Recuerdo que hace unos años atrás me adentré en los “must” de algunos escritores que realizaban reseñas en la prensa o en publicaciones dedicadas a la literatura. En la mayoría de esos listados o recomendaciones aparecía Rayuela como título común y Julio Cortázar como el escritor novedoso, atrevido y hasta cierto punto revolucionario, que ofreció un producto literario totalmente alejado de la novela decimonónica que se acostumbra tener en las manos ¿qué quiere decir esto? simple, y como él ya lo había advertido a sus allegados mientras estaba embarcado en la aventura de su escritura (empleó aproximadamente cuatro años en lograrla),  “estoy escribiendo la antinovela”.

Dicen que para leer a Cortázar es recomendable comenzar con sus  cuentos, por ejemplo, Bestiario puede ser una buena opción desde lo que mencionan los entendidos, según éstos, el lenguaje cortazariano no es de fácil digestión para algunos y un precalentamiento con historias cortas podría ser una alternativa interesante como para irse familiarizando con su estilo. Particularmente no lo hice y no por desobediencia, sino porque decidí que me adentraría de una vez con su obra cumbre. ¿Equivocada? Veremos …

¿Qué es Rayuela?


Estoy reencontrándome con sus páginas, me acerqué por primera vez unos seis años atrás más o menos, me desconcertó un poco el Tablero de Dirección que coloca el autor al inicio y debo confesar que lo pasé por alto. Trato de hacer memoria para precisar el motivo de mi desinterés y creo que puede haber radicado en la sempiterna resistencia al cambio que nos agobia constantemente a los seres humanos. Es probable que en un acto de rebeldía no le presté mucha atención al juego que planteaba el escritor con el tablero y opté por la lectura convencional. Lo interesante es que al llegar al fin en el capítulo señalado por Cortázar, sentí frustración y hasta podría decir que me invadió una especie de desilusión en ese momento, no sé, fui presa de una ligera desorientación, a tal punto que concluí de forma negativa, había invertido un tiempo de lectura que sentí poco productivo dado el desenlace. 

Abandoné no solo a Rayuela sino al escritor y debo confesar que sentía un poco de vergüenza cuando leía las reseñas literarias de algunos críticos literarios, escritores o personajes públicos acerca de la obra repudiada por mí, ya que persistentemente aparecía con los mejores elogios y referencias, no solo en latinoamérica sino en Europa también, dado que Cortázar vivió y falleció en París. Me recriminé una y otra vez mi discapacidad cultural, artística, estética para apreciar una obra de tal magnitud y opté por darme otra oportunidad cuando el tiempo así lo permitiera.

El tiempo llegó a través del Club de Lectura al que pertenezco desde hace unos meses y como casualidad el destino se manifiesta y he aquí que se decide la lectura de Rayuela, precisamente en el mes que cumple cincuenta años de haber sido publicada, este escenario más el que se me presentó par de meses atrás en una Feria del Libro organizada por la Cámara Venezolana del Libro, Cavelibro, en la ciudad capital, me permitieron nuevamente acercarme a esta novela y su autor. 

En esa feria que mencioné recién, tuve la oportunidad de asistir a la ponencia de una psicóloga y especialista en letras argentina, Eva Tabakian, seguidora de la impronta de Cortázar y analista de sus pensamientos. Escucharla en cierta forma fue una revelación, ya que las reflexiones compartidas en ese instante, contribuyeron a que entendiera un poco mejor el universo del escritor, y no es para menos, porque al final de la exposición le preguntaron acerca de lo que Cortázar pudo haberle enseñado a través de una obra como Rayuela y de forma muy decidida contestó, que definitivamente le ayudó a ser menos estructurada en la vida y esa expresión quedó bailando en mi cabeza …

Continúo la lectura, falta aún mucho por descubrir ...

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