Disposición


Imagen: Strenght - Tommy Ingber


Estar dispuesto es observación y atención, que llevadas de la mano por una acción que se encamina a un compromiso con algo o con alguien, trae como frutos un resultado que se anhela de manera muy sentida. Tener disposición es estar prestos al movimiento no solo de traslados físicos sino también a la renovación de esquemas mentales o de paradigmas ya suficientemente consumidos. No es tarea fácil, porque puede tentar la procrastinación como hábito incesante o el descuido flagrante al no prestar la mirada detenida y suficiente ante los detalles que se presentan ante nuestros sentidos, detalles que fungen como señal de alerta que previenen ante desviaciones importantes en el camino trazado.

Finaliza en unos días un nuevo periodo de doce meses, verdad pueril dictada por el calendario de turno, porque en su avance, el tiempo continúa impenitente y en mi sentir particular, va raudo, veloz, despeinando certezas y tambaleando precisiones. No es el mismo espacio de tiempo el que morirá en unos días, ni se comparará en lo absoluto con el que vendrá, aun cuando los segundos, los minutos, las horas, los días, y los meses se llamen igual. Está claro que se repite un ciclo de nombres más no de experiencias y allí está el gran desafío. Como bien lo expresa Linier, el próximo año será en resumidas cuentas el equivalente a 365 oportunidades, todas allí dispuestas a ser tomadas, acariciadas, vividas y hasta amadas. La decisión es nuestra.

Hago toda esta introducción con el fin último de familiarizarme con la idea de que cada vez que llego a un escrito de este tenor en el blog, estoy reafirmando de alguna manera mi existencia, que  transito un camino particular donde mi ser interior se atiborra de vivencias con cada acompañamiento, con cada saludo, con cada palabra leída y escuchada tanto desde el afecto como de la tropelía, con cada manifestación de aprecio y cariño ante encuentros fortuitos o planificados, con cada expresión de mi ser profesional, con cada expresión de mi ser personal.

Dentro de la reafirmación ya mencionada debo reconocer que este 2015 fue generoso en dos aspectos mencionados más arriba, lo personal y lo profesional. En este ciclo de doce meses enfrenté etapas que ameritaron mucha disposición de  carácter y perseverancia, así como momentos que ante la incertidumbre y la duda, al final comprendí que el apoyo y la compañía sólida, nutritiva y desinteresada, son activos que no necesitan exhibir grandes presentes materiales o importantes cifras en una cuenta bancaria. Ya lo dijo  Antoine de Exupery en ese relato maravilloso de su autoría llamado El Principito… “sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos..."

Escribir puede ser algo esencial y aun cuando la palabra escrita no es en principio invisible al ojo a menos que embargue la ceguera, su interpretación interna, lo que ocasiona y mueve hacia el fondo del ser lector, es propio y personal, por lo tanto no tan evidente. Hoy quiero con este escrito hacer honor a todos esos notables artistas de la palabra que me acompañaron durante este periodo de doce meses, porque por esta misma fecha del año anterior me disponía a vivir un periodo de tiempo a plenitud, donde la pérdida de la inocencia ante ciertos asuntos fuera inevitable, donde enfrentar todo el hecho real con sus consecuencias sería el norte, me parece que en ese objetivo avancé y mucho, dí pasos de gigante, enormes y a pesar de los “peros” consabidos y que no me gustan, debo utilizarlo para señalar que todavía resta mucho más ante el camino que es incertidumbre. ¿Qué depara el 2016? Oportunidades sí, muchas oportunidades llenas de desafíos e importantes retos.

Agrego también que continúa el ejercicio de “perder la inocencia”, de no temer ante el fracaso, de no sentir vergüenza ante el desnudo de mis ideas, que no persiguen más que afirmar mi postura y posición en el mundo, de una forma honesta, clara, sin atropellos y con altas dosis de humildad…apuesto por ello, que no lo olvide, que siempre esté presente en cada encuentro o espacio donde deba propiciarse un debate sano y enriquecedor. Esto último se ha olvidado de un modo lastimoso en tiempos tempestuosos, el panorama que se cierne sobre el país político obliga a recuperar el provechoso debate de las ideas.

El 2016 obligará a todos los ciudadanos de bien de este país a encontrarse consigo mismos, a reafirmar y confirmar lo que una mayoría manifestó como voluntad para regir los destinos de uno de los poderes que rige a la nación. No es mi intención en este escrito hablar explícitamente de política, sin embargo es inevitable una tangencial referencia porque lo que viene por delante ameritará sacar lo mejor del temple que nos compone para así avanzar de manera decidida en la construcción de algo que sea mejor, mucho mejor, a lo que hemos estado viviendo en estos últimos años. Sobre este particular bastante por reflexionar, las lecturas de estos últimos meses han servido de luces, pequeñas linternas que han puesto claridad en algunas inquietudes que me asaltan y hasta acongojan. 

Es así que conocerme un poco más es retribuir mayor comprensión al mundo, la lectura es factor primordial en este conocimiento, por lo tanto el más grande ¡viva! a los libros y a los correspondientes autores que estuvieron acompañándome de manera abierta durante este 2015. Por cierto, en un libro que leo en este momento y que abordé con muchas preguntas luego de leída su sinopsis, me inquietaba sobre manera la palabra insistente que nos aborda perseverante en nuestros pensamientos y en los labios … “crisis nacional”, destaco por ahora dos ideas que es posible amplíe en un próximo escrito luego de finalizada la lectura (1):

“…ofrecer un diagnóstico más orgánico sobre nuestro estado de crisis nacional, quisiera también llamar la atención sobre la radical profundidad de nuestro conflicto moral, y sobre la iniquidad que nos conduce como sociedad a una agonía insoportable, interminable.”

“Pero no sobrevivirá la democracia si no se encamina hacia su objetivo esencial: la constitución y el fortalecimiento de un espíritu republicano. Como no sobrevivirá la república sin un nuevo contrato de ciudadanía, en el marco del cual la identidad ciudadana dependa de una libre aceptación de las normativas que regulan el esfuerzo creativo en el espacio y en la historia de todos, en detrimento de un pacto obsoleto de ciudadanía que privilegia aún las figuras aparentes de la emancipación educativa y de la pertenencia patriotera…”

La pregunta sigue rondando…¿estamos dispuestos a asumir de una vez por todas el apelativo de ciudadanos? Ahora más que nunca en Venezuela esta inquietud toma relevancia, no será de un día para otro, no importa, lo importante es tomar conciencia en ello, 112 individuos nos ofrecen otra perspectiva en este objetivo, para el próximo periodo. Espero que comprendan el momento histórico de su elección y que demuestren en consecuencia todo lo que se espera de ellos...firmeza, determinación, diálogo y el olvido necesario a agendas ocultas.

Feliz 2016 a todos los que visitan este espacio o a cualquier lector desprevenido que haya aterrizado en estas páginas. Aprecio infinito…




(1) Pérez Oramas, Luis. La República Baldía. Crónica de una falacia revolucionaria (1995-2014). La Hoja del Norte. Caracas. 2015.
Pág. 15 – pág. 19


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