El año que vivimos en peligro



No sé por qué cuando regresaba a mi casa una tarde de estas, de cualquier día de esta semana que ha dejado tanta angustia, dolor e impotencia, recordé esta película ¿razón? Porque siento y padezco que vivimos en peligro, un peligro constante que acecha y que ha alterado el normal devenir de nuestras vidas de forma paulatina.

Nuevamente ayer en la mañana, cuando salí de mi casa a comprar vegetales y frutas para mi casa, me golpeó nuevamente la sensación de peligro, cuando observé las principales calles de la urbanización donde resido bloqueadas con barricadas de basura y escombros. Las preguntas rebotan en mi cabeza y son constantes ¿por qué este castigo visual? ¿por qué en las noches debo convivir con el olor de basura quemada mientras duermo? ¿por qué al pedir explicación de esta estrategia de protesta para poder entrar a mi casa, fui groseramente cuestionada y conminada a dejar la barricada tal como estaba, luego de que mi vehículo superara tal obstáculo? ¿por qué fui objeto de burla y de ofensas porque no hice lo ordenado? ¿por qué este castigo si yo no soy el problema?

No, no estamos bien y no estamos bien simple y llanamente porque estamos desorientados, porque no estamos lo suficientemente preparados para administrar lo que es necesario enfrentar, un gobierno malandro, irresponsable y altanero que ha socavado los cimientos más elementales de la ética de la convivencia. 

Vuelvo a la película …


La ví como universitaria en la década de los ochenta, ajena al mensaje que allí se describía y que narra de forma muy especial la historia de amor de los protagonistas (Weaver y Gibson), sí, me gustó mucho esa historia de amor y la música fue el marco perfecto para dejar una impronta en mi memoria auditiva y visual. Recuerdo también la magistral actuación de Linda Hunt, quién personificaba a un camarógrafo y fotógrafo del momento, apoyando a corresponsales extranjeros que cubrían el ámbito noticioso de la crisis política que enfrentaba el responsable del gobierno de la época  …Sukarno.

Hoy ví de nuevo la película y hacerlo fue un oasis de tiempo, sí, fue como un alto ante la noticia repetitiva que me rodea del conflicto político que vive mi país por estos días. Una  noticia que no es cubierta de manera democrática y donde el gobierno ha creado una atmósfera innecesaria de crispación e incertidumbre,  al controlar la información que pueden difundir los principales medios audio visuales. 

Esto ha traído como consecuencia que las redes sociales se hayan convertido en el vehículo más expedito para drenar nuestro ímpetu informativo, que lamentablemente en algunos casos ha estado aderezado por visiones sesgadas, intolerantes y hasta irresponsables, que desdicen mucho incluso de nuestra formación tanto en valores ciudadanos como académicos.

Ver en estos momentos la película que es objeto de este post me obligó a captar el mensaje de manera muy diferente a cuando estaba en mis tempranos veinte. Sukarno en el año 1965, enfrentaba un conflicto político muy serio en Indonesia que amenazaba con su estabilidad en el poder. Salvo ciertas distancias geográficas, de tiempo y cultura, la historia me obligó a reconocer los visos de intolerancia y represión que caracterizan a gobiernos que con tintes nacionalistas (Sukarno lideró la independencia de Indonesia de Holanda y se constituyó en su primer presidente), comienzan de forma muy auspiciosa proclamando bienestar y justicia social para el  pueblo, para luego derivar en burdas autocracias donde las necesidades más elementales de salud, educación y vivienda, de ese mismo pueblo que era protagonista del discurso en los tiempos del comienzo del fervor político, progresivamente son colocadas a la deriva mediante la instrumentación de estrategias que solo persiguen mantener el poder a toda costa. Es por ello que esas necesidades demuestran para esa época, a un país en emergencia, totalmente pauperizado e inhumanamente secuestrado por ideologías de carácter antiimperialista que no hacían más que acrecentar estados de intolerancia y exclusión.

El personalismo que define a los gobiernos populistas no fue la excepción en el caso de Sukarno y realmente es emblemática una escena en la película, cuando el personaje encarnado por Hunt (Billy Kwan), atribulado por la muerte innecesaria de un niño en medio de una pobreza extrema, alza su vista a un afiche inmenso del mandatario, uno de los tantos que pueden observarse por las calles de Yakarta y le reprocha con la mirada lo que está sucediendo, luego de haber guardado una fidelidad absoluta a su figura.

Despertar de estos sueños de gloria nacionalista no es sencillo, los gobiernos que lo practican,  a través de un plan sistemático y consecuente, activan toda una estrategia de ideologización, donde el líder de la revolución es el máximo salvador de la patria y hasta el fin de los tiempos se le debe honor y pleitesía. 

He allí el trabajo pendiente aquí en Venezuela por parte de la oposición, luego de 15 años de un mensaje persistente y ventajista para sustentar un modelo político agotado y trasnochado por parte de un gobierno que quisiera llamar de turno, pero que a todas luces tiene las intenciones explícitas de mantenerse hasta el dos mil siempre, entonces, ¿cómo establecer las bases para desmontar la polarización y convencer de los errores de este bolivarianismo caduco a todo ese importante sector de la población que se identifica con las acciones de ese gobierno demagogo e inescrupuloso, que nos ha llevado no solo a la ruina económica sino que también pretende robarnos nuestra dignidad?


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