Los infiltrados...


El ministro Diosdado Cabello, en una entrevista reciente, señalaba al Sr. Luis Miquilena como un "infiltrado" en el proceso revolucionario, durante el tiempo que estuvo ligado al gobierno actual pero por otro lado, no se puede olvidar la relación tan estrecha que llegó a tener con el primer mandatario nacional, de quién se decía era su mentor político . Ahora, para el ministro Cabello las recientes declaraciones de Miquilena le dan base para considerarlo como un "agente provocador", es más se dió el tupé de afirmar que un señor de la edad del Sr. Miquilena (89 años), no debería estar dando declaraciones de ese calibre sino estar en su casa tranquilito, disfrutando de su retiro. Caramba ministro, ya quisiera usted llegar a esa edad con el ímpetu y la lucidez que demuestra este antiguo amigo de la "revolución bonita" que ahora es acusado de "traidor".

Es increíble, pero al oír estas declaraciones no pude menos que realizar un ejercicio mental y recordar tantos, pero tantos personajes de la vida nacional que se identificaron con este proyecto de cambio y que tuvieron que marcar distancia, algunos casi desde el comienzo, otros en el camino, y otros que estarán deshojando la margarita de la conciencia en este momento, tratando de encontrar el camino adecuado de la racionalidad y es así que representantes de medios de comunicación, del sector cultural, militares, personajes emblemáticos de la política tradicional y hasta de la farándula, se sintieron subyugados (y algunos todavía lo están) por una figura militar que saltó a la fama por esos pocos minutos concedidos a los medios de comunicación, luego de verse vencido en el golpe de estado que propinó en el año 1992, lanzando su consigna redentora: "por ahora". La piel de corderito manso le duró poco al nativo de Sabaneta una vez ganadas las elecciones presidenciales del año 1998, el poder finalmente estaba en sus manos y no iba de ninguna manera a someterse a las reglas del juego democrático, juego que precisamente le dió la oportunidad de estar en dónde estaba, no señor, qué va: "la norma soy yo, aquí se hará lo que pase por mi mente para permanecer en el poder hasta que yo quiera", podría haber pensado a sus adentros.

Es por ello que existe una gran frustración en todas aquellas personas de genuina convicción democrática que apostaron (al darle el voto) por un cambio progresista, acompañado de paz y justicia social, representada en la figura de un hombre, que juramento previo frente al famoso y legendario árbol aragüeño, anunció que Venezuela ya no sería la misma. Y mira que si analizamos bien el asunto, lo cumplió, el país de ninguna manera es el mismo del año 1998, ahora está dividido en dos grandes porciones, no hay tolerancia alguna entre estos bandos irreconciliables y el odio más enfermizo es la consigna, incluso propiciado desde las mismas esferas del poder. Todos aquellos que disentimos de este proceso, estamos marginados, excluídos, tratamos de vivir en un país geográficamente enorme pero políticamente estrecho. Eso que se escucha por ahí de que "Venezuela ahora es de todos" es mera retórica, según este proceso debo comulgar de manera irrestricta con estas ideas caducas de una izquierda trasnochada, para poder ser incluida en los proyectos de la nación, de lo contrario soy "sospechosa de conspirar"....soy una infiltrada.

Los acontecimientos de los últimos días, como la intervención de la fiscal en la Asamblea Nacional "pidiendo" se le ponga un límite a la libertad de expresión, el cierre inicial de 34 emisoras de radio por no operar legalmente el espectro radioeléctrico (eso no se lo cree ni Mandrake), el ataque de Lina Ron y sus secuaces a las instalaciones de Globovisión, la "ocupación temporal" por parte del gobierno nacional de dos empresas privadas procesadoras de café, debido a la falta del rubro en las cadenas tradicionales de comercialización y a su alto precio a nivel de la economía informal, no hacen más que avivar ese espíritu de "hacer algo", pero...¿cómo materializarlo? y OJO desde esta página no estoy llamando a subversiones ni conspiraciones, pero ¿estamos desorientados o más bien apabullados por una maquinaria gubernamental que se ha hecho propias aquellas instituciones llamadas a defender a todos los venezolanos?. Se habla de "pasividad", pero estamos hartos de marchas, pitos y matracas...entonces ¿qué hacer? ¿cómo canalizar de manera proactiva toda esa energía de un número importante de ciudadanos que se sienten impotentes, frustrados, ante tanta soberbia gubernamental? No veo luces claras en ese sentido todavía. Entiendo que también hay miedo, mucho miedo, sobre todo de aquellas personas que viven de un puesto en la administración pública y que verían amenazada su estabilidad laboral si se manifiestan en contra de toda esta saña gubernamental, pero entonces me pregunto ¿y la conciencia ciudadana, dónde queda?. ¿Debo resignarme entonces, a que las grandes empresas libertarias quedaron para nuestros héroes independentistas o para todos aquellos políticos que sufrieron exilio, prisión y torturas durante las dictaduras militares que azotaron el país en épocas pretéritas ?

Una de las definiciones que encontré de la palabra "infiltrados" fué: infundir ideas o doctrinas en la mente de alguien, especialmente si se hace con objetivos poco claros, ó introducirse furtivamente en un lugar o en una organización, especialmente con propósitos encubiertos. Entonces, de acuerdo a esto, desde hace una década..."los infiltrados son otros", a pesar de que con las noticias y sucesos de los últimos días, se van clarificando los objetivos de "control y dominación".

...y hablando de libertad de expresión tomo este razonamiento del amigo Vinz: "es muy fácil defender las ideas cuando estamos de acuerdo con ellas, lo difícil es hacerlo cuando son ideas con las que no estamos de acuerdo" a lo mejor suena a inconsistencia (chequear link) pero el párrafo está en el contexto de una de las premisas de lo que sería esa libertad para cada uno de los habitantes de un país, donde debe existir el derecho inalienable de expresar una opinión determinada, sin miedo a la censura y mucho menos al acto punitivo y es ese "derecho" el que hay que defender aún cuando el emisor no esté dentro de nuestro marco de referencia.


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