A pesar de todo...apostando siempre a lo mejor

Es mejor viajar lleno de esperanza, que llegar
Proverbio japonés.-

Unos cuántos meses atrás hablaba sobre la esperanza, ese sentimiento que te motoriza a reflexionar de manera particular que no todo está perdido, simplemente hay circunstancias en la vida que se presentan bajo un manto oscuro, de adversidad, pero de ninguna manera pueden permanecer en todo el recorrido de tu camino, es importante entonces revisar nuestra actitud personal y hasta que punto permitimos que el entorno afecte una de las condiciones básicas para la convivencia de los seres humanos como es la paz individual y colectiva, sé que suena difícil a la luz de todos los problemas que nos invaden desde el exterior, pero realmente es necesario intentar siempre recurrir a alternativas que nos den nuevos bríos para comenzar.

Hay que reconocer y lo he dicho con anterioridad que la felicidad no es la meta, es una vía de búsqueda constante que nos permite disfrutar de momentos, espacios hermosos, sentidos, trascendentes y en la mayoría compartidos con gente que te interesa y te importa. No es eterna y llega de manera más o menos prolongada de acuerdo a situaciones muy específicas, es más en ocasiones ni siquiera sabemos reconocerla cuando está de nuestro lado. La rutina, la cotidianidad, problemas corrientes atentan hacia una apropiada valoración de lo que se posee en un momento determinado, ese activo emocional que supera con creces cualquier preocupación material.

Estar vivos y dispuestos a comernos el mundo cada día, es razón suficiente para no dejar de apostar siempre por lo mejor, por todo aquello que nos dignifique, que nos "ilusione", que reivindique nuestro humanismo. Leía una ponencia del profesor de matemática aplicada, Christopher Seaton de la Universidad de Southhampton, Inglaterra, sobre la "conciencia participativa" y me permito extraer una reflexión donde expone que "la verdadera transformación del mundo exigirá que los ricos, reciban regalos espirituales de los pobres"...y más adelante señala " que la realidad es participativa: está formada por lo que yo le introduzca". Así que ambos señalamientos ameritan grandes dosis de humildad, de deponer actitudes y el rechazo a formas de actuar poco racionales, en aras de ir realmente hacia espacios de tolerancia y entendimiento genuinos.

Revisando papeles en algunas carpetas archivadas me topé con este artículo: El derecho a la esperanza de José Guillermo Andueza, publicado el 29 de abril de 1994. Para esa época comenzaba el segundo mandato de Rafael Caldera y en el gabinete llegó a figurar el nombre de José G. Andueza como ministro del interior. No puedo asegurar que se trate de la misma persona, pero el punto es que las ideas allí planteadas son a prueba del tiempo y si sólo sustituimos algunos escenarios allí descritos por otros más actuales, nos daremos cuenta que el mensaje no puede tener más vigencia...

EL DERECHO A LA ESPERANZA

" El derecho a la esperanza no está consagrado en la Constitución ni en ninguna de las declaraciones universales de derechos humanos. Pese a esta omisión, el derecho a la esperanza está, como ningún otro, íntimamente vinculado a la personalidad humana. ¿Es posible concebir a una persona que viva sin tener esperanzas, sin momentos para soñar un futuro mejor o sin el propósito de buscar un nuevo sentido a la vida que lleva? Todos vivimos con fuerza de la esperanza y, en cierto sentido, vivimos de la esperanza. Ella actúa como un sedante que alivia las más pesadas cargas y estimula la capacidad de lucha. Sin su fuerza y sin sus estímulos el futuro desaparece y se menguan las alegrías. No habrá tampoco más utopías ni sentimientos hermosos de amores inalcanzables. Tampoco habrá esa rebeldía que transforma y cambia la historia.

¿Puede haber mañana sin esperanzas? ¿Puede haber algún proyecto personal sin el acicate esperanzador? Cuando el futuro se cierra y las luces se apagan el mañana se transforma en un pesado fardo, difícil de cargar, y las hojas del calendario caen con temor y con hastío.

No hay que olvidar que la vida es un proyecto que se realiza con éxitos y fracasos. Con cada amanecer, cuando aún el Sol no ha calentado la tierra, el espíritu se llena de alegría y la voluntad se nutre de nuevos ímpetus. En la noche, cuando se regresa al hogar, se hace el balance cotidiano. Este balance puede producir el nacimiento de nuevas esperanzas o provocar en el espíritu perturbaciones y desesperanzas.

El mundo actual, lleno de violencia, de egoísmo y de mentiras, pareciera un mundo para la desesperanza. Cuando un paciente, cualquiera que sea el motivo, no recibe atención hospitalaria o el alumno no recibe la lección del maestro, un sentimiento de desesperanza se apodera de los espíritus. ¿Qué es más importante el derecho a la vida y a la educación o el derecho al pago de legitimas reivindicaciones? En este mundo la piel humana pareciera estar enferma de insensibilidad. Nadie piensa en el prójimo porque lo consume el egoísmo y nadie alarga la mano en señal de solidaridad social. La violencia se apodera de todos. Violenta los derechos de los demás el comerciante que especula, el trabajador que no trabaja, el delincuente que mata o roba y la sociedad que mira con indiferencia el empobrecimiento generalizado, la destrucción de la familia y el debilitamiento de la autoridad. La guerra, con sus garras destructoras, se hace presente en todas partes. En Perú o en Colombia, en Bosnia o Ruanda, ella destruye vidas y esperanzas. El hambre, con su rostro ennegrecido por la avaricia, quiebra vidas, mutila existencias y mata esperanzas. Ahora no son los niños de Biafra o Somalia los que no tienen fuerzas ni para lllorar. Tanbién los niños venezolanos mueren de hambre. ¡Qué dolor, que impotencia y qué rabia produjo esa foto de un niño famélico, sin risa y sin alegría, publicada en la primera página del diario El Nacional!.

Todo esto sucede en medio del mayor egoísmo y las más indignas mentiras. Se dice, sin recato, que la globalización de la economía, que la libertad económica y que el debilitamiento del Estado son los grandes remedios a los grandes males de la Humanidad. Se dice que los indicadores macroeconómicos señalan el crecimiento de las economías y el bienestar general. Y, sin embargo, por doquier el empobrecimiento generalizado, el hambre que desgarra las conciencias sensibles y la violencia de los pobres en el umbral de la muerte. Los que no saben lo que es el hambre, los que destruyeron la riqueza nacional y los que perdieron toda sensibilidad social, aquí, en esta tierra nuestra, pretenden presionar para que no se cambie esa política ultraliberal que está acabando con nuestros niños, con nuestros jóvenes y con nuestros sueños.

Aún en medio del dolor, de la desolación y de la desesperanza, el derecho a la esperanza no debe morir. El hombre y la mujer, con su tenacidad y su solidaridad, no obstante el egoísmo depredador, han superado muchas dificultades, muchas guerras y muchas desventuras. Cuando la última luz de la esperanza está a punto de extinguirse, ese mismo hombre y esa misma mujer se levantan, gritan su protesta, reúnen fuerzas para la lucha y comienzan a recorrer el camino de la justicia, de la solidaridad y del amor al prójimo.

Hoy, más que nunca, hay que luchar por no perder el derecho a la esperanza. Cuando sintamos desfallecer nuestra capacidad de lucha, cuando veamos caer a nuestro lado una víctima del hambre o de la enfermedad, o cuando encontremos en nuestra ruta un caminante con la maleta llena de egoísmo o de miserias humanas, no nos pongamos tristes ni ahoguemos nuestros sueños. Retomemos la esperanza y volvamos a emprender la lucha contra la mentira, la injusticia y el rencor."
José Guillermo Andueza

"Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción".
Samuel Johnson







Comentarios

  1. A mí la vida me gusta tanto, tanto, que firmaría para vivir mil veces....
    La felicidad, como dices, es la andadura...

    Un beso muy grande, SolFeliz!

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  2. Bello tu comentario Lena, ideal para empezar la semana.

    Un beso

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