Rayuela o el Avión ...(II)


“Pienso en esos objetos , esas cajas, esos utensilios que aparecen a veces
en graneros, cocinas o escondrijos, y cuyo uso ya nadie es capaz de explicar.
Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Solo en sueños, en la poesía, en el juego –encender
una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces
a lo que fuimos antes de creer esto que vaya a saber si somos.”
Cap. 105. Pp.588


Lanzar una piedra, empezar por la casilla 1, saltar, mantener el equilibrio en un solo pie, y solo colocar los dos cuando aparecen dos casillas juntas, mantener el ritmo, llegar al cielo, devolverse sin equivocaciones para recoger la piedra que se lanzó al inicio…
Errar durante el procedimiento es perder el turno, ceder la oportunidad a tus compañeros, a los que te acompañan en el juego, a los que observan tu andar y que igualmente desean participar.
La Rayuela de Cortázar es un reto, un caleidoscopio de vivencias, de sueños, de conflictos existenciales. Sigo su lectura y por momentos tengo la sensación que pierdo el turno, cuando el escritor lo cede en el mismo momento que el tablero de dirección señala la casilla que debo alcanzar al finalizar un capítulo, y creo que me extravío por momentos cuando lo prescindible que llama el autor, es importante y necesario: Morelli, el énfasis de las h (la mala ortografía), el lenguaje inferido para describir la comunión sexual de dos almas (capítulo 68), París, el paisaje de vida de los integrantes del Club de la Serpiente, la tecno-ciencia, la poesía …

Del lado de allá … (La Maga y Horacio) …¿Pola?



En este primer libro, la novela se ubica geográficamente en París. La ciudad francesa es retratada en la posición omnisciente del narrador, sorprende el detalle en las descripciones, las referencias de uno u otro autor sea contemporáneo para la época o de todos los tiempos. La música, sea Jazz o Clásica, enmarca los conflictos y circunstancias personales de los personajes, a tal punto que sugiere una huella, un marcador, para un acontecimiento determinado. 

La Maga y Horacio hacen el amor en un hotel barato que sugiere lencería gastada, muebles que crujen al menor movimiento y a pesar de ello la atmósfera emocional sugerida y las metáforas desarrolladas por el autor llevan al lector (al menos a mi) a pensar que existe un hechizo, un sortilegio que envuelve a ambos personajes y que convierte el momento en algo único. Las carencias, Rocamadour, los ejercicios dialécticos del Club de la Serpiente, son superados por el instante mismo que toma lugar la comunión de las almas.


¿Pola? Es el triángulo ¿necesario? Asemeja una válvula de escape, esa tubería de drenaje que desborda un poco al recuerdo de la Maga y que pretende ahogarse en la novedad. Novedad enferma, con una realidad somática muy precaria.

Del lado de acá … (Otro triángulo: Traveler, Talita y Horacio)



Horacio delira sexualmente con una clouchard bajo un puente y súbitamente es deportado a su país de origen. Le esperan en el puerto, sus amigos Traveler y Talita, a partir de allí la novela es una seguidilla de acontecimientos pintorescos que tienen como escenarios una vecindad de Buenos Aires, un Circo y un Manicomio.

Talita se rehúsa a convertirse en un zombie de la Maga y Traveler se incomoda al escuchar que su amigo lo observa en ocasiones como un espejo, un doppelgänger. En el vaivén de las circunstancias se asoman posibilidades, alternativas, ideas figurativas, artificio que es empleado por Cortázar para mantener viva la imagen de la Maga en esta parte de la novela. Horacio lucha, continuamente se confronta en un diálogo sostenido que lo empuja a reminiscencias de lo que pudo haber sido, en ocasiones parece reñir contra ese horizonte, el futuro impreciso que trata de clarificar ante sus ojos y que a la vez  le dice muy poco ¿desencantado? ¿aburrido de vivir? ¿desubicado? Creo que un poco de todo lo mencionado anteriormente se ha conjugado para aislarse dentro de la comunidad que le rodea y hasta de sí mismo, de lo que intenta ser.

Horacio semeja ese lobo estepario de Hesse que trata de convivir internamente con la dualidad del ser huraño en contraposición al ser civilizado, acostumbrado a las rutinas que por obligación y norma impone la sociedad. Es por ello que puede identificarse una fuerza sobrecogedora, que a su vez encuentra limitaciones en una racionalidad que le confunde y que además le impide manifestar abiertamente sus inconformidades. Y me pregunto ¿tiene un origen cierto esta llamada inconformidad?  

“Que a cada sucesiva derrota hay un acercamiento a la mutación final, y
que el hombre no es sino que busca ser, proyecta ser, manoteando entre
palabras y conducta y alegría salpicada de sangre y otras retóricas como ésta”
Cap. 62

Rayuela como lectura se convierte en una sorpresa permanente, en un ir y venir de escenas, en un paseo permanente por las emociones de los personajes y más aún en un paseo geográfico, donde París es el más allá encumbrado, hostil y hasta intolerante ante el gentilicio foráneo, aunque su hervor cultural, su fisonomía arquitectónica, su clima, van ejerciendo carruseles variopintos donde esas emociones  suben, bajan y pueden moverse desde el desasosiego a la exaltación.

¿Aprendizaje? … 


Está claro que cualquier lectura es una experiencia única. Quiero pensar que no existen libros malos, sino incomprendidos, ya que por una u otra razón no encajaron dentro de la circunstancia histórica que rodea al lector. En una entrada previa sobre esta obra, señalaba que el primer contacto fue desalentador y en parte debo reconocer que me sentí sobrecogida por las innumerables referencias que tiene la obra. Cortázar exhibe una erudición tremenda que intimida, no en balde fueron cuatro años preparando esta aventura literaria, aún así de forma particular no deja de sorprender el dominio del recuerdo histórico, la cita literaria, la bitácora de emociones en un encuentro afectivo, el paseo descriptivo a través de plazas y calles de París, el golpe geográfico para Horacio del entorno bonaerense y sus costumbres cuando regresó, estos y otros indicios me podrían llevar a  definirla temerariamente, como una gran rapsodia literaria. 

¿Vale la pena enumerar el aprendizaje? Me parece que la abstracción en este momento desentona, a pesar de ello, es indudable que su apoyo no debe subestimarse y lo haría más o menos así …

1) Si algo aprendí en esta relectura es que me falta muchísimo por conocer (verdad de perogrullo) ¿por qué lo digo? Cortázar desde esa postura omnisciente se desborda en autores, obras, piezas musicales, hasta se otorga el lujo de  escribir en francés, para alguien que conoce muy poco del idioma el ejercicio puesto en marcha estuvo orientado en las contextualizaciones y apelar al traductor en algunas ocasiones.

2) Que escribir es una cosa maravillosa, apreciación que está ratificada en el capítulo 73 cuando puede leerse …Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos.

3) La verdad que atenta contra los absolutismos se revela también en este capítulo 73 y se enuncia así, con una pregunta …¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto?  Y yo podría responderle con otra pregunta … ¿para justificar la acción de pensar? ¿para labrar el camino de la coexistencia? Una coexistencia que cada día se ve comprometida entre las manipulaciones del poder que pretende hacerse de la voluntad de los hombres. El capítulo propone una alternativa a la pregunta inicial y expone  …Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir, escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas …  Sobre esta última afirmación particular del autor, solo me resta preguntar por la música, ¿dónde está? no posee en su forma, en su asociación de símbolos una tura y para vincular esta última, pues me viene a la mente la partitura. El sonido, la melodía, no puede quedar fuera del ámbito de esa invención, aunque peque de algo absolutista en esta afirmación.

4) Que sin querer, así como un dejo, lanzando una piedrita en mi tablero particular, por un momento asocié a Horacio con Cerati, no sé, tonteras, es posible que ese viaje, ese dejarse ir, paf se acabó para cerrar el capítulo 56, me reflejó de alguna manera la dimensión inexplicable donde en estos momentos se encuentra el músico y que pareciera que cada día que culmina va clavando aún más ese paf se acabó, no insistas más.

Nous sommes quelques-uns à cette époque à avoir voulu attenter aux choses, créer en nous des espaces à la vie, des espaces qui n’etaient pas et ne semblaient pas devoir trouver place dan l’espace.
ARTAUD, Le Pèse- nerfs
(Tenemos algo por lo que el tiempo se ha hecho un intento de cosas, crear espacios para espacios de vida que no eran y no parecen encontrar un lugar en el espacio)
Cap. 128

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